El día de Liam no ha sido nada fácil, y más desde lo que sucedió el día de ayer. Luego de que salió de la casa de su padre quedó completamente destrozado ante las condiciones que su padre le puso para seguir utilizando y disfrutando de todas sus comodidades.
De primera instancia fue a buscar a Mía, ella era su amante, con el simple hecho de tomar su teléfono móvil y llamarla ella iba hasta donde él quisiera, pero esta vez quiso ir él mismo hasta su apartamento.
Bueno el apartamento que él mismo le regaló; al llegar a aquel lugar no se tomó la molestia en anunciarse, simplemente introdujo la llave e ingresó; lo que encuentra dentro no parecía agradable.
—¿Qué mierda sucede aquí Mía?, se suponía que lo que había entre tú y yo era serio —ella se levantó de la cama y cubrió su cuerpo con una sábana.
—No te hagas el inocente, todos sabemos muy bien la clase de hombre que eres, no has tomado ni siquiera una sola mujer en serio, ¿así que por qué debería yo hacerlo contigo? —Lian levantó su mano y frotó su mandíbula, mientras que dibujaba una sonrisa llena de odio.
—Quizá porque todo lo que tienes es gracias a mí, tal vez porque sin mí simplemente serías la misma mujer ingenua que bailaba en un sitio de mala muerte a cambio de unos cuantos billetes. Que si a mí se me antoja en este mismo instante la dejaría en la calle —Mía se acercó a él estiró su mano y lo tomó del brazo.
—Hablemos, lo siento por no ser lo que tú esperabas, pero has recibido muy buenas recompensas a cambio de todo lo que me has dado, acaso ya olvidaste todos los buenos momentos que te he hecho pasar en tu apartamento. —El hombre que estaba con ella en la cama rápidamente se levantó y se vistió.
—Mejor lárgate, no logras imaginar la clase de mujer con la que estabas compartiendo en la cama. —Aquel hombre llevó su mirada directamente a Liam y luego a ella, luego bajó la cabeza y se marchó.
—Liam, yo más que nadie sé muy bien que todo lo que tengo a sido gracias a tí, también estoy muy agradecida por haberme sacado de aquel bar de mala muerte, gracias a tu dinero mi vida cambió.
Pero desde un inicio fui clara cuando te dije que no era mujer de un solo hombre, me encantan las experiencias con cada uno de ellos y no pienso dejarlo en el pasado.
—De eso quería hablar contigo, el loco de mi padre me ha pedido unas cuantas cosas para poder continuar disfrutando de su dinero, y una de ellas es tener una esposa. —De inmediato ella levantó su mano y con su dedo índice le negó enfrente de su rostro.
—Ni lo pienses, preferiría mil veces volver a mi vida pasada y no llegar a tener aquella relación con un hombre, y menos si es alguien como tú —lean dibujó una sonrisa irónica en su rostro mostrando su molestia.
—Por lo visto perdí minero, nunca llegué a imaginar que alguien que había recibido tanto de mí me diera la espalda cuando yo necesitara, así que no te tomes la molestia en decirme que me vas a devolver todo, porque no necesito nada de lo que hay en este lugar.
»Lo que había entre tú y yo, ó bueno lo que supuestamente yo llegué a imaginar se ha acabado, no quiero verte ni una sola vez más en mi vida, simplemente fuiste una mujer interesada que cambió de recibir lujos entregabas tu cuerpo.
—¿Qué más mierdas querías recibir de alguien como yo?, muy bien sabías de dónde provengo, así que no te vengas hacer el sorprendido, lo mejor que puedes hacer es olvidarte de mí.
—Claro que lo haré, ni más faltaba que me iba a quedar suplicando la compañía de una mujer que no vale nada —Liam llevó su mirada de pies a cabeza en el cuerpo de aquella mujer y luego se dio vuelta.
—Olgazan y vividor es lo que eres, quién te crees tú para venir a pordebajear, el hecho de que tu padre tenga tanto dinero y poder no tener ningún derecho en poder decidir sobre las demás personas.
»Solo eres un imbécil, llegará el día en que necesites algo de alguna de las personas que crees que son tus amigos, ese día te darás cuenta que solamente estaban a tu alrededor por el dinero que tú les brindabas.
Liam exhaló con fuerza y al salir llevó su mano al bolsillo, sacó la llave y la lanzó al suelo. Más que usado se sentía una imbécil por haber pensado que aquella mujer que él consideraba como su pareja simplemente estaba a su lado por el dinero.
Subió a su auto y condujo velozmente directo a su apartamento, mientras lo hacía no podía dejar de pensar en aquellas palabras arbitrarias según él de su padre.
Al llegar al apartamento, estacionó su auto y se dirigió al ascensor, su enojo e impotencia eran tantos que lo único que deseaba era llegar y dejarse consumir por el alcohol.
El ascensor se detiene y abre las puertas, él daba pasos largos en dirección a su puerta, apretaba sus puños con todas sus fuerzas al igual que su mandíbula completamente tensada.
Una vez dentro su respiración se encontraba completamente agitada, caminaba en círculos en medio de su sala sin saber qué hacer; se dio vuelta y fue directo a la licorera, estira su mano y toma una botella de las más costosas que hay allí.
Con la otra mano retiró la tapa y estando a punto de llevarlo a su boca una vez más llegaron las palabras de su padre a la cabeza, de inmediato volvió a colocar la tapa y dejar la botella en su lugar.
Si deseaba continuar con su vida llena de comodidades y lujos debería ser lo que su padre le ha pedido, porque de lo contrario no quedaba duda alguna en que él sería capaz de dejarlo en la calle.
Retiró su vestimenta, quedando tan solo en ropa interior; dio unos cuantos pasos y tomó asiento en su cómodo sofá, Liam comenzaba a pensar con cabeza fría sobre la situación.
Entendió que su vida libertina se había quedado en el pasado, así que a partir de ahora sería un hombre aburrido, el cual solo tendría únicamente tiempo para hacer dinero con sus negocios, su padre estaba completamente seguro de que él nunca iba a llegar el día siguiente a la oficina, así que lo iba a sorprender.
Ya era demasiado tarde, así que se levantó del sofá y fue ahí directo a la cama, en su rostro dibujó una sonrisa traviesa mientras imaginaba cómo iba a ser el día siguiente. En muy poco tiempo se quedó profundamente dormido.
El sonido de la alarma logra hacer que Liam se despierte mucho más temprano de lo que siempre lo solía hacer, se levantó y fue directo al baño; estiró su mano y abrió la llave de agua caliente, lavó muy bien su cuerpo, en poco tiempo se encontraba con una toalla absorbiendo los residuos de agua que habían quedado sobre su piel.
Al abrir el armario sacó de allí dentro uno de sus más finos trajes, lo único que quería era causar impresión el primer día de trabajo, se viste tranquilamente acomodo su cabello rubio y luego colocó sobre su muñeca uno de sus más finos relojes de su colección.
Salió de su apartamento, de camino pensaba tomar algo de desayuno, no quería llegar tarde para evitar cualquier tipo comentarios provenientes de su padre, así que subió al ascensor y fue directo al sótano, subió a su auto deportivo el cual lo condujo velozmente directo a la empresa de su padre.
Mientras iba de camino no podía dejar de pensar en la cara que iba a poner su padre al verlo allí preparado para iniciar su primer día de labores.
Al llegar aquel enorme edificio, guardó el auto en el sótano y tomó el ascensor yendo directo al último piso donde se encontraba la oficina de su padre, una vez las puertas del ascensor se abrieron, la presencia de Liam lograba llamar la atención de todos a su alrededor.
Usaba unos lentes oscuros, un pequeño portafolio en su mano mientras que en su rostro mostraba una leve sonrisa; caminaba dando pasos cortos mostrando su seguridad y firmeza.
No tuvo respeto al ingresar a la oficina de su padre, simplemente llevó su mano hasta la perilla.
—Hola primito —Liam de inmediato se detuvo, giró su cabeza y fijó la mirada en Mary, quien además de ser su prima era la asistente personal de su padre.
—Que tal Mary, ¿qué se te ofrece acaso no te das cuenta que estás interrumpiendo? —respondió él con altivez.
—Solo quería saludarte, a pesar de que tu padre estaba un noventa y nueve porciento seguro de que tú no ibas a venir, yo sabía que no ibas a ser tan tonto en dejar perder todo, y por lo visto no me he equivocado —en su tono de voz deja ver el desagrado que causa Liam en la empresa.
—Te felicito por haber estado en contra de mi padre, así que no siendo más con permiso —ella llamó su atención carraspeando su garganta.
—siento mucho molestarte una vez más, pero tú padre se encuentra en una reunión muy importante, así que si deseas encontrarlo él se encuentra en la sala de juntas. —Dibujó una leve sonrisa y con sus dedos señaló hacia aquella puerta de cristal.
Liam apretó sus labios, asintió con su cabeza y se dirigió hacia la sala de juntas; antes de ingresar retiró sus lentes y acomodó su traje. De la misma manera estiró la mano y giró la perilla, al abrir la puerta todos allí dentro quedaron en completo silencio ante su presencia.
—Buen día, lamento si soy impertinente —su padre se levanta de la silla observando fijamente a sus ojos—. Me encuentro aquí, ¿así que dígame qué debo hacer?
—Bienvenido hijo —dice su padre mientras con su dedo le señalaba que tomara asiento muy cerca a él.
Liam ajustó la puerta y tomó asiento donde su padre le había indicado, los presentes allí dentro superaron los veinte, entre abogados, contador, socios y demás personal a su servicio, quienes no le podían quitar su mirada penetrante de él.
—Escúchame con atención Liam, necesito que vayas hasta Chicago, allí uno de mis socios se pondrá en contacto contigo y te dará un maletín repleto de dinero.
»No quiero que hagas preguntas de ello, ni mucho menos que vayas a husmear el maletín, si estás dispuesto a trabajar para mí deberás hacer todo lo que yo te pida —habló su padre muy cerca al oído, ante aquella petición Liam quedó completamente sorprendido.
»No irás en un vuelo comercial, para ello irás en un avión privado, simplemente irás al aeropuerto recogerás la maleta y regresarás lo más antes posible, no es un gran trabajo solo espero que lo hagas bien.
—Creí que mi trabajo iba a estar sentado en una silla frente a un computador día tras día —su padre negó de inmediato.
—En este tipo de trabajos se debe hacer de todo, si deseas que tus cosas salgan bien deberás hacerlas tú mismo, así aprenderás a tomar el control de lo que vas a estar a cargo —su padre continúa hablando con él en voz baja muy cerca a su oído.
»Entonces supongo que si estás en este lugar es porque has aceptado continuar disfrutando de mi dinero —lian inclinó un poco su cabeza tensó la mandíbula mostrando su desagrado.
—Está bien papá, si eso es lo que deseas entonces eso haré —se levantó de la silla, Noah estira su mano y lo tomó del brazo.
—Toma este teléfono móvil, en él están grabados los contactos que necesites, además a ese mismo se pondrán en contacto contigo una vez me informes que estás en Chicago —Liam estira su mano y recibe el teléfono.
»Confio en ti hijo, espero verte pronto —Liam no era muy afectuoso con su padre, así que simplemente se dio vuelta y salió de la sala de juntas.
Al llegar al primer piso tomó un taxi y fue directo al aeropuerto, yendo de camino llevó su mano al bolsillo y observó el teléfono que le había dado su padre, en aquel habían cientos de contactos, así que no tenía ni la más mínima idea a quién llamar, se suponía que tan solo debía llegar al aeropuerto y el resto vendría por sí mismo.
Unos cuántos minutos más tarde, Liam bajó del taxi e ingresó al aeropuerto, al llegar allí se acercó una ventanilla y pidió indicaciones, obviamente recalcando que era el hijo de Noah Anderson.
Allí le indicaron por dónde debería ir para llegar directo a su avión privado, todo iba de maravilla hasta el momento en que no tenía piloto destinado. La paciencia de Liam se agotó muy fácilmente, en pocos minutos armó tremendo escándalo.
El gerente tuvo que ir personalmente a hablar con él para hacerlo entrar en razón, además de pedirle un poco de paciencia tuvo que escudarse, Liam se mostraba bastante enojado e indispuesto, por ello el gerente no tuvo de otra que ingresara al avión y pedirle que tomara asiento mientras que él iba a buscar un piloto.
El tiempo transcurría rápidamente y Liam se sentía un estúpido estando en el interior de aquel avión, sentía que estaba perdiendo el tiempo, supresión era bastante la cual no venía de su padre, era a sí mismo para tratar de demostrarle al hombre que lo humilló que él tenía gran potencial.