Magnus se quedó petrificado en la amplia y vacía sala de juntas, sintió que algo hizo clic en su sistema y ya no pudo reprimir más su celo, el cual, lo embargó de una forma tan feroz que casi no le permitía respirar.
Él mismo se percató de que el aroma de sus feromonas era más fuerte que en otras ocasiones, así que se echó a correr por el pasillo en dirección al elevador. Vio a varias personas observarlo extrañados y casi rezó para que ningún alfa se diera cuenta del escandaloso y obsceno aroma que despedía su cuerpo.
Cuando el elevador por fin llegó al estacionamiento, se asomó para asegurarse de que estuviera vacío, confió en sus sentidos que no detectaban la presencia de nadie y se apuró para llegar a su automóvil.
Caminó con la mirada fija en su carro cuando una mano fuerte y caliente le tapó la boca obligándolo a detenerse. Quiso gritar y pelear, pero a causa del celo estaba muy debilitado. Con otra mano dura fue tomado por la cintura y empujado contra el carro más próximo. Su cara se pegó contra el frío techo del vehículo.
—Así que eras tú el que despedía ese aroma delicioso por todo el edificio —siseó una voz desconocida sobre su oído.
Magnus se erizó al reconocer que el aroma proveniente del sujeto era de un alfa, uno de baja categoría, pero un alfa finalmente.
Una asquerosa lengua recorrió su cuello y lamió ese punto que había estado palpitando cuando Alexander estuvo cerca.
—Suéltame —gruñó Magnus con asco por ese tipo encima de él y esa erección frotándose contra su trasero por encima de las ropas.
—Tu cuerpo caliente y ese cuello descubierto no opinan lo mismo, estúpido omega —espetó aquel tipo al restregar las caderas contra las suyas— ¿por qué no mejor te portas bien y me dejas follarte de la manera que tu cuerpo está pidiendo a gritos?
Un maullido desesperado surgió de su boca, el cual, fue callado por una mano pesada mientras la otra escarbaba en sus pantalones.
*****
Después de que Alec pudiera controlarse un poco, cerró su oficina por fuera dispuesto a salir directo a su casa. Su hermana y su madre ya se habían marchado y solo quedaban algunas personas en el área, quienes se les veía muy agitados.
El aroma dulce le golpeó la frente alterando de nuevo sus sentidos, al mismo tiempo el lazo en su muñeca se tensó y provocó un sentimiento ardiente de furia recorrerle la piel.
Por instinto se echó a correr por las escaleras de emergencia sin esperar al elevador, daba grandes saltos como si fuera un tigre concentrado en la cacería. De esa forma bajó a toda prisa los quince pisos que lo distanciaban del estacionamiento.
Con un empuje que casi derriba la puerta, salió al gran espacio lleno de automóviles con la respiración desbocada. Estaba tan cegado por el instinto que su propia boca expulsaba un poco de saliva por los bufidos que estaba emitiendo.
Un quejido gutural lo hizo voltear a una escena aterradora que le heló la sangre.
Lo primero que registró fue a un muy desnudo Magnus que estaba amordazado por la que pudo identificar como la corbata que llevaba hace unos minutos. El tipo que lo sujetaba tenía su m*****o erecto de fuera muy cerca del tembloroso cuerpo de Magnus. Solo en ese momento comprendió que el omega estaba a punto de ser tomado por ese asqueroso alfa.
Se sintió como si estuviera en cámara lenta cuando sus músculos se contrajeron para abalanzarse encima del atacante de su destinado. Corrió en su dirección y sus piernas se impulsaron para saltar encima del tipo que ya había rozado con su sucio m*****o la entrada de Magnus. Lo tiró contra el piso, haciendo que Magnus también cayera con un ruido sordo.
Alec se sentía fuera de sí, bufidos furiosos se escapaban de su boca al mismo tiempo que arañaba la cara del tipo y desgarraba su ropa haciendo profundas heridas sobre la piel. El atacante intentaba defenderse, pero no era más que un debilucho al lado de Alec.
— ¡Alexander! —Gritó Magnus tomándolo del brazo— ¡Déjalo! —Alec no podía parar porque sus instintos no se lo permitían, lo único que podía hacer era arañar y golpear la cara de este estúpido que se había atrevido a meterse en su territorio— ¡Alexander lo vas a matar! ¡Estás poniendo en riesgo tu trabajo!
En el fondo de su mente sabía que Magnus tenía razón, si mataba a ese hombre no solo perdería su trabajo, también iría a la cárcel y le provocaría muchos problemas a su familia.
—Alexander, por favor —gimoteó Magnus con una voz extraña sobre su oreja—. Te necesito.
El sonido apacible de ese tono lo adormeció un poco, al mismo tiempo que sus brazos se ablandaron para dejar de golpear al hombre. Sintió que salió del trance en el que estuvo inmerso y volteó a ver a Magnus, lo tomó por los hombros y observó su cuerpo buscando algún signo de maltrato.
— ¿Estás bien? —Preguntó con agitación tocando los brazos del omega.
—Sí —respondió él desviando la vista y lo vio agachar las orejas—, gracias por salvarme.
Ahora con la mente más clara se percató del fuerte aroma que Magnus despedía, era algo que despertaba bajos instintos de querer tomar y poseer. Con mucho trabajo le ayudó a vestirse y de inmediato se tapó la nariz.
—Es mejor que te vayas —indicó con tono demandante—. Yo me encargaré de esto —señaló al alfa que se estaba desangrando en el piso.
Magnus se quedó viéndolo durante un largo rato haciendo que la ansiedad de querer morderlo creciera a cada segundo.
—Bien, pero no lo mates —respondió Magnus desviando la mirada, tardó unos pocos segundos antes de echarse a correr en dirección a su automóvil.
Un poco tiempo después, el motor rugió y el vehículo salió a gran velocidad del sitio.
Cuando el carro desapareció de su vista agachó su mirada al tipo que yacía en el piso, se tranquilizó al ver que todavía respiraba. Se miró las garras ensangrentadas que todavía estaban extendidas. Su reacción para salvar a Magnus fue muy exagerada, se asustó al pensar que en alguna otra ocasión pudiera perder de nuevo los estribos de esa forma. Definitivamente tenía que pedir ayuda y para su fortuna sabía a quién acudir.