Alexander Lightwood, heredero de la corporación de su familia y reciente director de la misma, se encontraba sentado con la respiración acelerada en la cabecera de la amplia mesa de su sala de juntas, donde los demás miembros de su equipo directivo también ocupaban sus asientos con sus orejas levantadas poniendo atención al ponente.
Se sentía frustrado por las extrañas emociones que lo embargaron unos momentos antes, inclusive todavía estaba un poco tenso después de haberle dado la mano a ese hombre y sentir su pulso desbocado. Al parecer, él también se alteró al conocerlo y le costaba mucho trabajo concentrarse en lo que explicaba el señor Bane. Era difícil no mirar fijamente el movimiento ondulante de esa hermosa cola atigrada.
En su corta vida, conoció muchas personas descendientes de distintas razas y daba fe que nunca se topó con alguien como él. Ese pelaje atigrado, ese semblante sensual y salvaje era muy distinto a su pálida y nada atractiva forma.
Su familia era descendiente de los gatos Persa, tenían como mayor característica sus colas negras, largas y esponjosas que hacían juego con sus orejas del mismo color y textura. Y a pesar de tener un gran pelaje, su piel blanca y pálida lo hacía sentir descolorido. No se comparaba para nada con el hermoso bronceado de ese hombre que seguía hablando con mucha confianza frente ante su audiencia.
Sus pensamientos se vieron interrumpidos por su hermana Izzy que pateaba con disimulo su espinilla al mismo tiempo que le extendía un pequeño papel. Alec lo desenvolvió sintiéndose ridículamente infantil, como si estuvieran en la escuela y se estuvieran secreteando algún chisme tonto.
“No finjas que no lo notaste, ya te he hablado de esto, se siente como si un lazo colgara entre ustedes”.
Alec se tragó el resoplido que quería emitir, estaban en una reunión muy importante con un socio en potencia, los tontos cuentos que le relataba su hermana no tenían cabida en ese lugar.
Aun así, no pudo evitar removerse incómodo, solo para lograr una mirada desaprobatoria de su madre. Alec mantuvo la suya al frente para mirar con fingido interés la presentación de aquel hombre que logró descontrolarlo con tan solo su presencia.
“Momentos antes de que Magnus Bane entrara en la sala de juntas, un golpe invisible en su pecho lo dejó callado en el momento en que daba instrucciones a sus subordinados. De inmediato su madre y hermana lo sostuvieron por los hombros, apenas podía ver sus semblantes preocupados a través de su borrosa visión.
Lo peor vino cuando ese hombre cruzó la puerta. Un aroma dulce e intenso casi lo ciega por completo asfixiándolo de una forma embriagadora. Cuando sus miradas se encontraron el pinchazo en su muñeca le sacudió hasta el alma, instalándose en su corazón de una forma tan agresiva que no pudo evitar el quejido que escapó de su garganta. De inmediato volteó a ver a Izzy, efectivamente ella ya le había hablado de ese sentimiento y al parecer lo reconoció de inmediato, pues su sonrisa era tan grande que hasta sus ojos se llenaron de lágrimas”.
Ahora Alec estaba sentado para fingir poner atención a la presentación, aunque la verdadera batalla que estaba librando era intentar contenerse con ese aroma dulce recorriendo la estancia. Para fortuna del ponente, todos en la habitación eran betas, con excepción de su hermana y él, pero no tenía por qué preocuparse por Izzy, ella ya había encontrado a su destinado.
«De todos modos, ¿por qué tendría que preocuparme por ese omega?» Se reprendió a sí mismo apretando más sus puños.
— ¿Señor Lightwood? —La voz suave de Magnus lo regresó a la realidad.
Solo en ese momento fue consciente de todas las miradas confundidas que estaban puestas sobre él. Dio un vistazo rápido a la presentación, la cual, mostraba una cifra exagerada de dinero. Para su fortuna el día anterior leyó un poco de la presentación, así que ya sabía todo lo que había expuesto, esperaba que nada nuevo hubiera sido agregado de último momento.
—Su propuesta es interesante —respondió Alec con ese tono grueso que no podía evitar ni siquiera aclarando su garganta, era algo instintivo, al igual que la mirada intensa que clavó sobre ese hombre—. Estamos de acuerdo con las cifras que expone y efectivamente nosotros contamos con la información que necesita para continuar con su investigación. La única condición que ponemos es que mude uno de sus laboratorios a estas instalaciones para revisar de cerca el desarrollo de su fórmula y archivar el resultado como todas las demás investigaciones que guardamos.
El tono de su voz era tan dominante que todos mantenían las orejas y miradas agachadas hacia el escritorio. Menos Magnus, él se seguía viendo igual de relajado moviendo esa seductora cola de un lado al otro. No podía leer la decisión que tomaría, aunque se sentía agazapado como si fuera atacar si la respuesta fuera negativa.
—Me parece un trato razonable —respondió Magnus rascándose la barbilla sin quitarle los ojos de encima—, usted indíqueme cuando puedo mudar mi equipo a sus instalaciones.
—Hoy mismo empiece con la mudanza —respondió sin pensarlo dos veces.
—Alec… —siseó su madre en un tono amenazador que él mismo cayó con un gruñido gutural sin despegar la mirada de Magnus.
Estaba consciente de que esa forma de actuar era bastante cavernícola, como si fuera un simple gato haciendo una rabieta. Pero no podía evitarlo, estaba tan frustrado que no se sentía de humor como para que lo contradijeran.
—Antes de que se retire para traer su equipo —continuó ahora preocupándose por ese tono grueso y dominante de su voz que no podía controlar—, necesito que firmemos un contrato y un aviso de confidencialidad —le costó un poco de trabajo dejar de mirar a Magnus para voltear hacia su hermana—. Izzy prepara el contrato y el avi…
—Aquí están —respondió Izzy al dejar caer una torre de hojas frente a él.
La cuerda invisible que sentía en su mano se relajó mientras miraba extrañado a su hermana quien le regresaba una sonrisa brillante. Algo que le incomodaba de sobremanera, no era posible que se tomara esa situación tan a la ligera.
—Señor Bane —la voz irritada de su madre le erizó el pelaje de la cola. Volteó de manera brusca y amenazadora—, por favor lea el contrato con atención y fírmelo si le convencen las cláusulas.
«Magnus va a firmar el contrato, yo lo sé», gruñó Alec en su mente con molestia. Si eso no sucedía, él mismo se sentía capaz de obligarlo si no quería hacerlo.
Aprovechó la media hora que tardó Magnus leyendo el contrato para levantarse y mirar por los ventanales para así calmar su acelerada mente. Todos los demás asistentes de la reunión ya se habían ido a excepción de su hermana y su madre, quienes se mantenían en su asiento. Podía intuir que su madre estaba ejerciendo presión en Izzy para que se mantuviera en su lugar y en silencio. La conexión que tenía con su hermana era tan fuerte que a veces podían sentir distintas emociones provenir del otro.
—El contrato está bien.
La voz de Magnus lo hizo girar de inmediato.
—Retírense por favor —indicó a Izzy y a su madre.
—Alec esto es irresponsable de tu parte, nosotras también tenemos que estar presentes hasta que un trato se cierra —respondió con altivez su madre levantándose de la silla.
— ¡Dije que se retiren! —Exclamó en un silbido.
De lo contrario a lo que esperó, Izzy, le guiñó un ojo y tomó a su petrificada madre de la mano para juntas salir de la sala. Se sorprendió al ver la relajada silueta de Magnus en su asiento. Normalmente los omegas eran los primeros en sentirse intimidados ante este tipo de reacciones de un alfa.
—Solo falta su firma —dijo él moviendo la cola con mayor amplitud y extiendo las hojas en su dirección.
Alec se acercó a la mesa y firmó los documentos, su cuerpo era muy consciente de la cercanía de Magnus pues su corazón se aceleró cuando colocó la última firma en el contrato.
—Bien, entonces espero que mañana su laboratorio esté instalado en este edificio —dijo Alec con la determinación de dar por terminado el trato y salir de ahí lo más pronto posible.
—Así será —respondió Magnus en voz baja, lo vio levantarse de su asiento y acercarse a él.
Ahora al estar tan cerca vio que el hombre era un poco más chico que él solo por centímetros. Por alguna extraña razón la tensión en su brazo se intensificó hasta causarle un dolor molesto.
— ¿Tú también lo sientes, no es así? —Preguntó ese apuesto hombre de aspecto salvaje y seductor sin bajar la mirada— Este peso en la mano… esa fuerza invisible que ató tu muñeca.
La mano de Magnus se posó sobre la tela que cubría su pecho. Ahora ese lazo se sentía cálido y ligero en su muñeca, además, el peso de ese contacto se sentía correcto, como si la mano de Magnus le perteneciera a su cuerpo.
Alec sabía que debía dejar de mirarlo y alejarse, pero su cuerpo se reusaba a hacerlo. Los ojos hipnóticos de Magnus estaban completamente dilatados, su cola se movía de un lado a otro de una forma tentadora.
—Yo… —Habló Alec antes de enmudecer de nuevo.
Por fin logró quitar la mirada de los ojos de Magnus, solo para mirar con atención el punto que se encontraba debajo de la oreja. Ese punto que se moría por morder, sus propios colmillos dolían por el fuerte deseo de encajarlos sobre esa piel bronceada. Un deseo que solo un alfa tiene por su destinado.
—Alexander, no me puedes decir que no sientes ese magnetismo —jadeó Magnus pegándose a su cuerpo sin agachar la mirada y con sus orejas echadas hacia atrás en un gesto sumiso.
El aroma dulce de las feromonas saliendo de ese hombre era embriagador hasta el punto de casi volverlo loco.
—Yo no puedo dejarme llevar por un tonto deseo —logró decir con la poca fuerza que pudo reunir—, no importa que seas un omega, eres un hombre y mi familia nunca me permitiría relacionarme contigo
Las palabras sabían amargas en su boca, aunque no mentía. Estaba a cargo de una de las empresas más importantes en Nueva York, no podía arruinar la imagen pública que su familia formó con tanto cuidado y dedicación.
—Alexander… —Insistió Magnus.
—Así que por favor señor Bane aléjese de mí y compórtese profesionalmente —exigió dando un paso atrás, su cuerpo de inmediato le dolió por la acción—, mañana lo veré a primera hora para empezar con la investigación.
Dicho esto, Alec, se apresuró a salir hacia su oficina con la mano sobre su boca para masajear sus adoloridos colmillos, el lazo en su mano se apretó volviéndose tan doloroso que tenía ganas de maullar desesperado. Aun así, se contuvo al entrar a su oficina, lo único que pudo hacer fue dejarse caer sobre su silla con la respiración entrecortada.
« ¿Qué demonios me hizo ese omega?» Se preguntó frotando su pecho con fuerza.