Capítulo 10: La Legión de Hierro y el Altar de la Carne

1990 Words

El estallido de la puerta no fue solo un ruido; fue una onda de choque que desprendió el yeso de las paredes y pulverizó los marcos de las ventanas. Los lobos cibernéticos no entraron, se proyectaron hacia el interior como obuses de carne y metal. Eran aberraciones: el pelaje gris de la Jauría Helios cosido a placas de titanio, con cables de fibra óptica serpenteando entre sus costillas expuestas. Sus ojos rojos, escáneres de calor y movimiento, se fijaron en nosotros con una precisión desalmada. —¡Protege a Lucero! —rugió Cristian, su voz rompiéndose en un aullido mientras su cuerpo se expandía, rompiendo lo que quedaba de su esmoquin. No esperó a que la primera bestia tocara el suelo. Se lanzó al aire, interceptando a un lobo metálico a mitad de su salto. El impacto sonó como un choque

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