El sol de San Pedro de los Pinos se filtró por las cortinas de encaje de mi habitación con una suavidad que parecía bendecir la mañana. Me desperté antes de que el despertador sonara, con una sensación de ligereza en el pecho que no había sentido en años. No había miedo, no había sombras de Liliana, ni el eco de las mentiras de Miguel. Solo había una certeza: hoy, frente a todo el pueblo que me dio refugio, me convertiría en la esposa de Gaddiel. La Mañana: Un Despertar de Paz Me quedé unos minutos en silencio, escuchando la respiración acompasada de Yessi, que dormía a mi lado. Sus pequeñas manos descansaban sobre la almohada, y por un momento, me permití llorar un poco, pero esta vez eran lágrimas de gratitud. Recordé cuando llegué a este pueblo con una maleta rota y un corazón hecho p

