En mi infancia los días eran largos y felices, en la comarca todo era paz, aun me veo corriendo por los campos junto a los demás niños de mi edad, recuerdo las sonrisas que un día dejaron de florecer en aquellas caras que se marchitaron cuando se engendró el mal en las raíces de nuestra comarca. Los días de alegría y fraternidad entre los pobladores de mi aldea, duraron hasta concluir la infancia de mis tres amigos más cercanos.
En los tiempos de paz los infantes podíamos jugar a las afueras de la comarca sin temer a nada más que a algunas serpientes que rondaban cerca del rio en los días más calurosos del verano y a alguno que otro animal carroñero que se aventuraba a salir de caza en los días sin la protección que les otorgaban las sombras de la noche, fuera de ello no había más de que temer.
Ferrayoli y yo teníamos doce años cuando conocimos por azares del destino a Azua y al pequeño Serrat, aquel día Ferrayoli me convenció de ir a refrescarnos al arroyo, ya al estar ahí dispuestos a arrojarnos a la cristalina agua, escuchamos un fuerte alarido de ayuda proveniente de un conjunto de matorrales y en cuanto se escuchó el segundo grito no esperamos a un tercero, así que salimos en auxilio del creador de aquella solicitud de ayuda, al llegar al lugar en el que se escuchó el grito nos encontramos a un pequeño niño tirado al piso y muy cerca de él se encontraba un muchacho más, tal vez uno o dos años menor que nosotros, el cual se encontraba sosteniendo una batalla contra un chacal, el cual dedujimos que los había atacado y por el aspecto del niño combatiente, se apreciaba que aquella batalla se había prolongado ya bastante tiempo, pues aquel niño se encontraba casi sin fuerzas, pero pese a ello de pie y decidido a proteger al infante que se encontraba indefenso en el piso, en cuestión de un instante nos armamos de palos y un par de piedras con las cuales nos dispusimos a participar en el encuentro, el chacal al sentirse amenazado por un número mayor de enemigos, emprendió huida, adentrándose en la protección del follaje de la fauna que nos rodeaba.
Cuando la bestia salió en retirada, el pequeño combatiente casi de inmediato se dejó caer al piso, tomo una bocanada de aire y la expulso por la boca, al expulsar aquel aire, su rostro regreso a la calma y se desvaneció aquella mirada furtiva con la que observaba a su rival unos segundos antes, ya con su rostro más amigable y con una voz agitada nos dijo;
---Gracias, no se cuanto más hubiera podido resistir.
Después volteo su mirada hacia el pequeño niño que no contaba con más de ocho años y le dijo;
--¿Cómo te encuentras?
El pequeño desconcertado aun por el acontecimiento presenciado solo dijo con una voz muy tímida,
--Bien.
Después de un rato entablamos una plática, en la que nos dijeron sus nombres y como habían sucedido los acontecimientos que percatamos. El más pequeño que contaba con cuatro años menos que nosotros, tenía por nombre Serrat, el cual fue al rio a llenar de agua un cántaro, pero la corriente se lo arrebato y el al intentarlo alcanzar se adentró en las zona densa del bosque, donde se topó de frente con el chacal, Serrat corrió de regreso pero su intento por escapar de su asechador no daba resultados pues el chacal se acercaba más a cada instante, por lo que grito sin parar, hasta que Azua salto a su rescate y armado con un palo hizo frente al depredador, lidiando con el hasta nuestra llegada.
Ese día nos hicimos mejores amigos, nuestras travesía aumentaron y con ello se reforzaron los lasos de amistad que aquel día se habían gestado, haciéndose cada vez más indestructibles entre más avanzaba el tiempo, así crecimos realizando aventuras y locuras, las cuales en los atardeceres nos sentábamos a recordar, en presencia de un joven árbol de Secuoya Gigante, al cual apodamos el quinto cuarto ya que de tantos atardeceres y días soleados que pasamos bajo su sombra ya sentíamos que era uno más de nosotros.
Así paso el tiempo y aquellos años arrastraron al olvido todo recuerdo a su paso al igual que nuestras infancias y los buenos tiempos de la comarca. Pues en las fechas en que Serrat dejaba la infancia y se convertía en un putare, la comarca era acechada sigilosamente por el mal, el cual pretendía devorar toda paz y felicidad que florecía, remplazándola con conflictos y codicia.
En aquellos días Serrat estaba apuntó de cumplir la edad para podé ser un putare (imputable), lo cual significaba que a partir de ese momento le reconocía la comarca, su capacidad de comprender sus conductas y las consecuencias que causarían sus actos, así mismo ya tendría que regir su vida y por lo tanto debía realizar una labor u oficio, por ello podía practicar por ciertos periodos varios oficios para encontrar en que era bueno o a que se quería dedicar para obtener un beneficio a la aldea y así mismo.
A un par de días de ser tomado como un putare, saldría con un grupo de excursionistas los cuales tenían la función de realizar expediciones con la finalidad de descubrir lugares o materiales que fuera benéfico para la comarca, los excursionistas o rastreadores eran una de las funciones más atractiva para mi pequeño amigo Serrat, pues le apasionaban las aventuras y tenía hambre de travesías, y en aquella labor siempre tendría una hazaña más que realizar, un lugar que descubrir, cosas nuevas que ver y un largo caminar, tan extenso como la vida misma.
Llego el día esperado por Serrat y al iniciar la mañana ya se encontraba reunido el equipo de expedición de Trenton, que era al grupo al que se uniría Serrat en su primer y tan esperada travesía. Los cuatro cuartos nos encontrábamos reunidos despidiendo a Serrat pues queríamos estar presentes en el gran paso que estaba a punto de realizar el más pequeño de nuestro grupo. En cuanto llegó Trenton, el grupo emprendió la travesía y de los siete que partieron esa mañana sólo Serrat fijo su mirada en la comarca que se iba quedando atrás, y con un gesto del rostro y una seña de su mano supimos que no se despedía, sino más bien era su promesa de que regresaría. Teníamos claro que sería sólo una expedición de inspección ocular que no demoraría más de dos días, ni mucho menos era de alto riesgo, pero aun así, esas cuarenta y ocho horas serían el periodo más largo que habríamos pasado separados. La silueta de Serrat se perdió al adentrarse en su línea de partida. Azua, Ferrayoli y yo nos despedimos y nos dispusimos a realizar nuestras labores.
Por mi parte yo era un iurisconsultus, mis funciones eran investigar y resolver los posibles problemas o mal entendidos que se suscitaran dentro de los aldeanos de la comarca, las cuales he de decir que eran casi nulas, así mismo nos adentrábamos en el estudio de diversas reglas y costumbres que nos regían desde los inicios de la comarca, para así lograr evolucionar esas ideas a fin de que se encontraran vigentes y útiles pese a los cambios que se gestaban, Ferrayoli fungía como recolector de elementos necesarios para llevar acabo mis funciones y las de los demás iurisconsultus, por otra parte Azua se hizo cazador, y pese a tener poco tiempo de desempeñar esa labor él ya era reconocido como uno de los mejores depredadores, pues a todo lo que le posaba la vista lo podía cazar sin importar la situación, yo me pregunto ¿cuál hubiera sido el resultado de la pelea entre Azua y aquel chacal de hace ya muchos años?, ¿acaso Azua hubiera sido derrotado?, por lo que respectaba a la demás gente de la aldea, se dedicaban a diversas funciones como; minería, siembra y cosecha de verduras, recolectores, pescadores, carpinteros, ganadería y todas las funciones necesarias para tener en la aldea un buen funcionamiento, pues nuestra sociedad se basada en el bienestar común, en el que todos eran libres e iguales con una finalidad en común, por lo que las personas se desempeñaban en funciones de su agrado, lo cual ocasionaba que las personas no sufrieran al desempeñar sus labores, y por otro lado la repartición de los productos se distribuía en igualdad, no existía la codicia ni envidia, y aquel que quisiera tener un mejor nivel de vida lo podía tener realizando funciones en sus ratos de ocio, únicamente para su bien, como por ejemplo expandir su casa, elaborar vestimenta más atractiva, incluso algunos sembraban en sus jardines fuera de sus casas fruta que no era de temporada a fin de darle gusto al paladar.
Algunas veces de manera espontánea se encontraban bienes muebles e inmuebles sin propietario alguno, los cuales llamábamos vacantes y mostrencos respectivamente, los cuales pareciera que habían sido abandonados, dichos objetos los repartíamos de acuerdo a quien los requería más y las cabañas a menudo se les otorgaban a parejas que iniciaban una vida en común, no era frecuente encontrar ese tipo de vienes pero cuando sucedía era emocionante ver a toda la comarca decidiendo quien requería más las cosas, pues no era una pelea por objetos hallados, si no por el contrario, era más bien una demostración masiva de honradez, sinceridad y compañerismo.
El primer día de la ausencia de nuestro menor amigo paso lento pero sin zozobra, ya al segundo día, termine temprano mis funciones y me senté a contemplar el horizonte esperando la llegada de Serrat y pronto me acompañaron Azua y Ferrayoli, en ese lapso platicamos nuestro día para minimizar las ansias que causaba la espera del regreso de Serrat, pero después del inminente paso del tiempo, cada momento de espera se iba alargando y después se extendieron tanto que ya cabía el miedo, duda y desesperación en cada instante que pasaba, hasta que llegó el atardecer y junto con él, el silencio y todas las sombras que habitan en las noches. Nuestra angustia por nuestro compañero ausente era vasta, por ello se acercó el patriarca y nos comentó que tal vez el grupo de excursionistas se retrasó por enseñarle a detalle a Serrat algunas cosas y que por esa o alguna razón de mínima importancia se retrasaron un día, continuó diciéndonos que esas demoras eran comunes y que nosotros lo sabíamos, que no teníamos por qué alarmarnos, nos lo dijo con un tono tan cálido y lleno de paz, que a consecuencia de eso regreso la calma, la cual provocó que nos fuéramos a dormir para esperar la mañana siguiente y el ya demorado regreso de Serrat.
Al día siguiente, al atardecer cuando la oscuridad empezaba a abrazar nuestro asentamiento el patriarca comenzó a preguntar por los excursionistas pero desde que se marcharon nadie tenía información y sólo se sabía que habían ido en dirección de las montañas azules. Todos teníamos claro que a veces las expediciones se extendían hasta cinco atardeceres por ello la impaciencia y preocupación no lograron atormentar a ningún habitante, pero aun así Ferrayoli, Azua y yo nos reuníamos cada atardecer para contarnos nuestros días y cuestionarnos que estaría haciendo nuestro chaval amigo. Así pasaron cuatro días sin tener noticias del grupo y ya al atardecer del quinto día el patriarca se encontraba ansioso pues aquella expedición se suponía que no rebasaría el límite de las montañas azules las cuales se encontraban a un días de camino por lo que un par de días eran suficientes para que ya hubieran regresado y más aún porque tenían a un practicante en el grupo, por lo que no era conveniente alargar el recorrido.
Al caer la tarde, como era costumbre todos los aldeanos se reunían en grupos a comentar de diversos temas mientras compartíamos la cena, yo como era costumbre me reuní con mis camaradas en el quinto cuarto, ya que como era nuestra costumbre siempre nos reuníamos ahí y formábamos un pentágono dándole espacio a aquel joven árbol de Secuoya Gigante como si fuera uno más de nosotros y como si el también tuviera cosas que contarnos. Ya cuando los demás habitantes de la aldea se disponían a retirarse a sus aposentos para descansar, a lo lejos entre la vasta oscuridad que cubría las montañas que rodeaban el valle, se alcanzaba a observar una pequeña luz, al parecer proveniente de una antorcha, la cual se acercaba de una manera continua pero sin prisa, y debido a ello muchas personas postergaron su descanso para conocer que buenas nuevas narrarían los excursionistas, ya que pese a que no lográbamos divisar bien a aquellos caminantes todos comprendíamos que eran los excursionistas del grupo de Trenton ya que no se encontraba nadie más en diligencias y de la dirección en la que venían no se encontraba ninguna aldea hermana por lo que tampoco podrían ser mensajeros.
Después de unos instantes cuando la flama de la antorcha se encontraba más cerca, logramos divisar a Serrat y al resto del equipo, por lo que nuestra angustia se apaciguó en cuanto más se acercaban. El equipo llego hasta la fogata centran donde había comida, estando ahí al calor del fuego, bajaron su equipaje y se sentaron rodeando la fogata y se dispusieron a comer como si nunca lo hubieran hecho, pues acabaron con una porción que hubiera saciado a quince personas, y pese a que todos los cuestionaban acerca de la expedición solo Clinfon respondió a sus cuestionamientos diciendo;
--Permítanos comer por favor y en cuanto terminemos platicamos con ustedes.
La respuesta de Clinfon ocasiono que todas las miradas se posaran sobre el patriarca, en busca de la aceptación de dicha respuesta, el cual asistió con un gesto de su rostro, asistiendo la cabeza en un solo vaivén de arriba hacia abajo, por lo que el mar de bocas no tuvo más que tranquilizarse y dejar de interrogar a los ya afamados excursionistas.
Para cuando los recién llegados acabaron de comer, el patriarca ya se encontraba sentado frente a Trenton y el resto de nosotros rodeo con un círculo mayor al pequeño círculo que se formaron los hambrientos alrededor de la fogata central;
--ahora si patriarca que quieren saber de la expedición.
De inmediato se hizo un pandemónium de preguntas pues todos querían saber que nuevas cosas habían encontrado, porque no era común la extensión de una expedición por el doble del tiempo, el patriarca con su vos siempre llena de calma y con un tono suave consiguió que la muchedumbre guardara silencio y ya estando todos con su atención en los excursionistas, el patriarca continúo diciendo;
--Cuéntenos ustedes todo lo vivido.
Trenton fue el único que hablo, narrando que la expedición se postergo porque se desviaron a la presa a fin de mostrarle a Serrat el grandioso trabajo que habían realizado nuestros constructores, y posterior a ello caminaron a las montañas azules rodeando por completo la cordillera y ya al estar de regreso dejaron que Serrat los dirigiera a fin de ver que tan buena ubicación tenia, y que pese a que los alejo un par de días al final logro ubicar la comarca y regresarlos a salvo. Los demás miembros solo asistían con la cabeza, pese a que todos nos percatamos de que se encontraban intranquilos, pues sus miradas se encontraban perdidas y se podía percibir la preocupación, como si intentaran ocultar algo que los carcomía por dentro, por su parte Trenton se encontraba totalmente cubierto de un hedor tan desagradable como el olor que emana un animal muerto expuesto a varios días de calor y pese a que se observaba que se encontraba limpio como alguien recién bañado, el olor que emanaba no era propio de alguien vivo, era como si ya estuviera muerto y aun no lo supiera su cuerpo y por ello siguiera andando, pero pese a ello nadie menciono nada sobre el hedor, él era el único que no compartía la expresión de desconcierto y preocupación, pues su mirada era arrogante como la de un chiquillo malcriado que pese a realizar algo malo ríe burlón del sufrimiento que ocasionó, al final de su narración pidió disculpas y les ordenó a sus colegas que se dispusieran a descansar mientras apretaba del hombro a Serrat con expresión de ánimo, el patriarca no los detuvo y los demás oídos ahí presentes no se transformaron en bocas, pues lo que escucharon los había saciado pese a que esperaban escuchar algún suceso apasionante.
Cuando el tumulto de gente se deshizo y Serrat se reunió con los cinco cuartos a solas, nos contó lo sucedido en aquella expedición; nos contó algo mucho muy distinto a lo antes relatado por Trenton, nos narró; que el primer día paso sin novedad pues llegaron a las montañas azules sin desvíos, pero al amanecer del segundo día, los despertó un palpitar que al parecer provenía de la misma tierra, y a lo lejos a un costado de las montañas azules se alcanzaba a ver en él cielo un extraño halo multicolor rodeando un cumulo de vegetación con un tono mucho más oscuro que el resto de esa zona, por lo que Trenton ordeno recoger el campamento y avanzar en dirección a ese extraño suceso para poder informar al patriarca el acontecimiento presenciándolo con mayor detalle, por lo que se dispusieron a ir en avanzada de aquel lugar, pero al ya estar cerca del sitio el aire se hallaba más frio en cuanto más se adentraban a la zona, por otra parte la vegetación ya era diferente, todas las plantas que se encontraban en aquel lugar se hallaban con vida pero trasmitían una tristeza similar a la que emanan las personas que pierden por un tiempo el propósito de su vida y no esperan más que su fin, por su parte ellos siguieron adentrándose en aquella deprimida vegetación hasta llegar a un punto donde la luz no quería entrar y la poca luz que penetraba lo hacía de una manera muy tímida, por ese motivo el equipo de expedición encendió tres antorchas a fin de poder alumbrar con mayor claridad cualquier extraño avistamiento que pudieran presenciar pero pese a las tres antorchas que encendieron, la luz seguía siendo muy tenue casi nula, y así prosiguieron avanzando entre la sombras que ocultaba todo lo que se apartara de la escasa luz, hasta encontrar un extraño pantano provisto de una sustancia verdosa que a simple vista daba la advertencia de no entrar en ella, por su tonalidad y espesor.
Serrat nos confesó que él se encontraba asustado al igual que los demás excursionistas por lo que le recomendaron a Trenton que ya salieran de aquel pantano y regresaran a las montañas azules a fin de continuar con la inspección ocular encomendada, Trenton manifestó que solo tomaría un poco de aquella sustancia para que al llegar a la comarca el patriarca pudiera estudiarla, pero al momento de introducir el recipiente en aquella pantanosa sustancia, comento Serrat que el alcanzo a ver como una lodosa mano jalo a Trenton haciendo que perdiera el equilibrio y callera dentro de la laguna de fango, inmediatamente después de caer en aquel espeso fango se perdió de vista por completo por lo que el resto de excursionistas sin basilar sacaron una soga en la que se dispusieron a atar por un extremo a Crin el cual era el elemento más experimentado en rescate dentro del grupo de expedición, esperando a que él se introdujera en la laguna de fango a fin de poder auxiliar a Trenton, tardaron un par de minutos en asegurar a Crin y cuando ya se encontraba asegurado, el miedo ocasiono que se retractara de su intención de auxiliar a su camarada caído, argumentando que aquel fango le era desconocido y que si Trenton no pudo salir, él no se sentía con la capacidad de poder ayudarlo y que ya habían pasado bastante tiempo sin saber de él, por lo que no había motivo para arriesgar a un elemento más del grupo, los demás elementos guardaron silencio sin oponerse a la decisión tomado por Crin, pues el miedo era algo que no describía a Crin, ya que no era común que él no se atreviera a ayudar a alguien, por otra parte los demás miembros ya contaminados con el miedos que se apodero de su compañero también les impedían ser ellos los que auxiliaran a Trenton, pero más sin en cambio Serrat se ofreció a auxiliar a Trenton pidiéndole al grupo que lo aseguraran a fin de poder salir del fango en caso de que este le impidiera moverse, cuando lo terminaron de asegurar ya habían pasado por lo menos siete minutos sin que se tuviera avistamiento de Trenton y ya cuando Serrat estaba a punto de lanzarse al fango, Trenton salió a flote como si estuviera nadando en un simple lago de agua, su cuerpo se encontraba totalmente cubierto de aquel fango pero aun así sus movimientos no eran desesperados, era como si no tuviera la prisa por salir de aquel pantanoso lugar, incluso se volvió a sumergir por completo y cuando salió ya se encontraba casi en la orilla, por lo que Serrat le extendió la mano a fin de ayudarlo a salir, pero el con un tono burleton dijo.
--No te preocupes chiquillo, yo puedo hacerlo.
En cuanto salió por completo del lodo, se posó frente al grupo y se retiró con una mano un poco del gran cumulo de fango que rodeaba su rostro, ipso facto dijo:
--hoy acamparemos aquí así que es tiempo de armar el campamento, el grupo de inmediato se opuso a la decisión tomada por Trenton, pero sin importar las objeciones mantuvo su decisión exclamando;
--Yo lo hago por seguridad del grupo pues les aseguro que la noche llegara antes de que podamos salir de esta zona por lo que sería peligroso, pues no conocemos los cambios que a sufrido la zona y nos podríamos perder, así que es mejor y mucho más seguro poner el campamento aquí y organizar una guardia así que no discutan y empecemos.
Ya al caer la noche del segundo día nos dispusimos a dormir pues Trenton se ofreció a realizar la primera guardia, y casi al amanecer cuando la oscuridad es más densa, nos narró Serrat que salió de su casa de campar pues le pareció extraño que no lo despertaran para realizar su guardia y entre la penumbra de la oscuridad observo a Trenton nadando en el pantano, Trenton se percató que era observado por lo que salió rápidamente del fango y le dijo a Serrat
--¿Qué haces despierto?,
Serrat le respondió con una pregunta;
No ¿qué haces tú en el pantano de nuevo?
El con un tartamudeo notable dijo --he he he este, es que, lo que pasa es que se me cayó una bota, y tuve que ir por ella, después le dijo que no comentara nada al grupo para evitar mal entendidos, y que él era nuevo así que no sabía su código moral pero la confianza en las personas del grupo era algo esencial, así que quería que le demostrara que podía confiar en él y no dijera nada.
Por ello Serrat se metió de nuevo al campamento y se acostó esperando a que los demás elementos despertaran a fin de poder salir como si lo antes ocurrido fuera un sueño solamente. Ya al escuchar los ruidos que se generan al recoger un campamento, salió y saludo a todos como comúnmente lo hacía, Trenton ya se encontraba sin ningún residuo de fango, al terminar de recoger el campamento partieron pero por más que caminaron en dirección de la cumbre de las montañas azules no lograban salir de aquella zona, caminaron toda la mañana sin logar salir de aquella vegetación extraña, el cansancio los hizo parar a descansar, en ese momento aprovecharon para comer la última reserva de alimento que quedaba, pues como la expedición no planeaba postergarse más de dos días por ello solo llevaron lo indispensable y eso fue dificultado aún más al percatarse que no habían encontrado en todo el camino ningún tipo de animal o árbol frutal, por lo que optaron por no descansar más y proseguir con su camino para poder salir de aquella zona, al cabo de varias horas el cielo se tornó rojo como muchos atardeceres anunciando la derrota del día a manos de la llegada noche, por lo que acamparon de nuevo en aquella zona, esta vez no hubo incidente ni guardia que velara el sueño de los demás, ya que el cansancio los agoto por completo, al despertar Serrat se percató que era el primero en despertar y que el sol ya casi se encontraba en el punto más alto por lo que ya casi era medio día, pero a causa de que la luz no entraba en esa vegetación, no los logro despertar el calor del sol, así que despertó a los demás miembros para proseguir con el camino, aquel día corrieron con la misma suerte del día anterior pues pese a que caminaron en línea recta y hacia la misma dirección teniendo como punto de referencia la cumbre de la montañas azules llego al atardecer sin que lograran salir de aquella extraña vegetación por lo que se dispusieron a proseguir la caminata pese a la oscuridad de la noche, y después de caminar un par de horas entre la oscuridad lograron salir de aquella vegetación, pero en cuanto se alejaron un poco, un hedor penetrante empezó a emanar de Trenton, era como si tuviera entre sus ropas el c*****r de un animal putrefacto, pero pese a la desagradable fetidez no lo cuestionaron y se dispusieron a alejarse un poco más de la extraña zona y al ya sentirse seguros encendieron una fogata y se dispusieron a dormir.
Al despertar del día siguiente el hambre ya atabaca a todos los miembros del equipo por lo que sin demorar más se dispusieron a cazar a lo primero que se encontraran, lo que para suerte de ellos y mala suerte del animal, fue un joven conejo el cual sin experiencia en escape lograron cazar fácilmente, después de prepararlo y comerlo prosiguieron su andar en dirección de la ya añorada aldea, y no se detuvieron hasta llegar a ella.
Al terminar lo narrado ya solo quedábamos nosotros en la zona de reunión, así que decidimos ir a descansar pues para Serrat ya había sido suficiente largo el día como para seguirlo cuestionando, así que nos dirigimos a nuestros aposentos desviándose uno a uno hasta solo quedar Ferrayoli y yo en el camino hacia nuestras casas, ya que éramos los que vivíamos más retirados y en la misma dirección. Al llegar a la morada de Ferrayoli nos despedimos con un choque de manos y yo seguí pues mi camino era más largo que el suyo.