Los siguientes días Linda permaneció en un estado como de sopor. Mike nunca en el tiempo que la conocía más, desde que se había casado con ella, la había visto así. Comía porque le daban en la boca, lo mismo con la ropa, la bañaban y vestían. Él estaba, pero ella no lo veía, era invisible para ella. Tenía la mirada perdida y cargada de dolor. Incluso no les hablaba ni a su madre ni a Lenora. — Tienes que tener paciencia — le espetó Nana un día fuera de la habitación —. La pérdida evidentemente la impactó mucho, quédate tranquilo...ya estará mejor...— le dijo su madre mientras lo abrazaba con calidez —. Te traje la sopa de pollo de la abuela, para que te sientas mejor...quizá quiera ella también un poco...— murmuró Nana apesadumbrada. Ella también se había dado cuenta de la pena de la c

