Luego del encuentro con Hal y con el corazón destrozado,y completamente llena de odio e ira... Linda hizo una segunda visita. Una que venía postergando.
Condujo al galope con el viento, al pobre Trueno que ya no podía más de cansancio... hasta llegar al sitio donde quería.
Afortunadamente cuando se bajó del caballo, un mozo de cuadra se ocupó del potro n***o dándole de beber y comer.
Ya que ella, tan enceguecida por el odio como estaba, no podía ver otra cosa que su objetivo en mente. Mucho menos pensar en cubrir las necesidades básicas de su caballo.
Con la amargura desfigurado sus facciones, buscó en el polvoriento casco del rancho hasta encontrar lo que buscaba. Lo divisó casi de inmediato.
Con paso decidido se acercó y tomó con fuerza del brazo al hombre que le sacaba una cabeza masomenos de alto, y era el doble de su tamaño.
Pero en ese momento no le importaba nada ya.
Ni el que dirán, ni brindar un espectáculo al resto de los peones. Ni mucho menos el hombre que tenía ahí frente a ella, sudoroso, con la camisa a cuadros que había visto mejores días abierta mostrando su sexy pecho musculoso y su mirada por demás burlona y sensual cuando la observó de pies a cabeza sin perder ningún detalle.
— TÚ BASTARDO HIJO DE PUTA, ¿CÓMO TE ATREVES??? — Le dijo Linda indignada a Michael Falcone Junior, mejor conocido como Mike Falcone.
— Jeje...veo que ya te enteraste del acuerdo al que llegamos con tu padre...— le respondió con obvio sarcasmo y acercó su rostro al de ella.
— PERO TÚ...¿ CÓMO PUDISTE??? ¡SI NI SIQUIERA ME AMAS!!! — Gritó ella furibunda y golpeó el suelo con su bota.
Mike miró a la rubia que siempre había querido poseer, que había sido su amor imposible desde pequeño...tan lejos y tan cerca a la vez. Inalcanzable hasta ese maldito golpe de suerte que lo había cambiado todo. Cuando encontraron petróleo en su tierra convirtiéndose de la noche a la mañana en billonarios...
Ella lo desdeñaba, se creía más que él.
Mike, tal vez, ilusamente...esperaba que con el tiempo aprendiera a amarlo. Que se diera cuenta de que él, y no el flojo de Hal o el mimado de Trevor, era el indicado para ella.
Y a quien quería engañar, también lo calentaba como el infierno...quería hacerle diez hijos y un par más de repuesto...
— Jaja...¿y qué tiene que ver el amor con esto, LINDA HARRISON??? — le respondió adrede con absoluta ironía.
Ella lo miró sin entender...y Mike se dió cuenta de que su niña caprichosa aún tenía mucho por aprender.
— TE DIJE QUE ME LAS PAGARÍAS...— le respondió él acercando mucho su boca a la suya.
— ¿ DE ESTO SE TRATA TODO? ¿DE TU MALDITA VENGANZA? — espetó ella en su cara —. TÚ...TÚ...ERES NADIE, ME OYES, NADIEEEEE...NUNCA SERÁS MAS QUE BOSTA DE VACA EN MIS BOTAS DE CAMPO — Le dijo fuera de sí. Su rostro colorado, sus ojos echando llamas.
En ese momento, y con sus empleados como testigos, Mike se dijo a sí mismo que era suficiente ya del maltrato de Linda.
— Ven — murmuró con un gruñido y la arrastró, pero ella pataleaba, así que se la cargó en el hombro como un costal de papas.
La llevó a la vieja caballeriza, se aseguró de que no hubiera nadie, la soltó y cerró la puerta con la tranca.
Quedaron encerrados.
— ¿PORQUÉ ME HAS TRAÍDO AQUÍ, QUE ME HARÁS? — Dijo ella aspirando con temor y mirándolo con los ojos bien abiertos.
— HARÉ LO QUE ALGUIEN TENDRÍA QUE HABER HECHO CONTIGO HACE MUCHO TIEMPO...— respondió él, que la aferró y arrastró, se sentó en un fardo y la puso boca abajo en sus rodillas mientras ella gritaba insultando y pateando, poniendo nerviosos a los caballos.
Una vez en posición, y con el culo de Linda bajo su vista, Mike se tuvo que recordar el motivo que lo había llevado a esa situación antes de descargar la primer nalgada.
Le dio diez y sabía que iba a dejarle marca. Debería haberle dado al menos una por cada vez que la perfecta señorita Harrison le había faltado el respeto a él o a alguien de su familia. Pero quiso ser generoso, sino hubieran sido muchas más.
Cuando terminó ella ya no luchaba...pero tampoco lloraba, ni gritaba... no decía nada.
Cuando Linda se percató de que los golpes se habían detenido como pudo se levantó, el culo le dolía. Maldito bruto. Y para peor, ese infeliz parecía que iba a convertirse en su marido. O sea, tranquilamente podría tener de eso todo los días...maldito él y su padre por haberla metido en ese escollo.
Con el rostro arrebatado y conteniendo las lágrimas lo enfrentó.
—¿ Así será nuestra relación, a base de golpes...?— dijo casi escupiendo con asco —. No sé de qué me sorprendo...no se puede esperar otra cosa de un maldito bruto como tú...— completó ella desdeñosa.
Mike se levantó y se acercó peligrosamente hasta tenerla acorralada contra la madera.
— No Linda... no está en mis planes sacarte tu mala educación a golpes...— dijo él en tono ronco y bajó su cabeza para besar sus labios con fiereza.
Tomó sus manos por sobre su cabeza mientras con otra de ellas levantaba su culo para ponerla a la altura de su dureza mientras violaba su boca sin miramientos.
Quiso tomarla ahí mismo y debió contenerse. Aún no era el momento.
Cuando terminó de besarla, ambos estaban agitados. Ella tenía los ojos brillosos y los labios hinchados...y lo miraba con un odio renovado.
Linda escupió su rostro.
Mike la soltó y se pasó la manga de la camisa, para limpiarse.
— TÚ, BRUTO BASTARDO NUNCA, ¿ME OYES? NUNCA SERÁS MI DUEÑO...NO IMPORTA LO QUE ME HAGAS A MI O A MI CUERPO...PARA MI NUNCA SERÁS MÁS QUE MIERDA EN MIS ZAPATOS, MÁS QUE UN INFAME PEÓN DE CAMPO...
Para su enorme fastidio Mike se largó a reír.
— Veremos — dijo él despreocupado.
— ERES NADA, NUNCA SERAS NADIEEE — Gritó ella en su cara.
— Pues seré tu marido "querida", y tarde o temprano deberás asimilarlo...