Fleur Lambert
Emociones que iluminan la mirada, el alma y hasta el cuerpo. Tristezas que transforman la mente y ni hablar de la felicidad que nos envuelve; estrellas fugaces que rodean el cielo nocturno, e iluminan nuestro andar pasajero.
Las circunstancias de la vida hacen que nuestros pensamientos y emociones cambien dándole millones de vueltas en tu cabeza tratando de encontrar la respuesta de lo que rondaba en ella. Todo es diferente cuando dejamos el camino desviado hacia uno donde tú libertad va primero, cuando comienzas a ver el mundo de una forma diferente, como si toda tu vida hubieses tenido una enorme ceguera que no te dejaba ver más allá de lo que tus narices te mostraban, pero de repente comienzas a ver luz después de tanto tiempo sintiéndote desolado y sin remedio para sobrevivir.
¿Algún día aprenderé a volar? Mis propias alas se están formando poco a poco dejando extenderlas y brillar en el mundo de la libertad como bailarines expertos en la danza del rumbo de la vida. ¿Qué camino tomar? El que nos haga feliz y nos llene de felicidad, dejándonos ser nosotros mismos sin importar nada más, que nadie interfiera sobre tus propias decisiones y puedas vivir a todo lo que da tu corazón.
Se que a mí madre el haberme venido acá le hace feliz, sé qué así estaría ella; la conocía tanto que podía saber lo que pensaba incluso cuando no lo decía, debe tener la sonrisa más grande que haya visto en su rostro antes con solo verme disfrutar y compartir con esas personas que ella también consideraba su familia, sin duda la emoción no le cabría en tan bello rostro.
Siento ese calor en el pecho por aquel brillo, calor, amor, pasión y todo lo que un romance nos puede hacer sentir; todo esto gracias a que por fin decidí hacer lo en aquellos tiempos no hice. Dediqué a estar sola en toda mi juventud, estuve para mi madre siempre andando como gemelas: unidas. Que olvidé por completo lo que era el exterior. Creía que el mundo era como aquellos cuentos donde nada era peligroso, esos que nos contaban de niña, ahora nuestros cuentos tienen villanos que obstruyen la felicidad de otros, y ni hablar de todo lo que tienes que vivir cuando tus alas comienzan a aletear con ganas de conocer y explorar lo que no conoces. Terminas quebrado aun cuando conoces ¿Qué puedo esperar cuando desconozco? Sin duda podría destruir mi espíritu, pero ¿Cómo lo mantengo firme? La verdad, aunque trates de averiguarlo antes no podrás encontrar la respuesta hasta que eso suceda.
Nada como dejar que el tiempo se lleve esos momentos que no podrás recuperar pero que serán recordados con tanto amor que te olvidarás de lo que no hiciste cuando pudiste.
—Cariño — hice que Sebastián me mirara.
—Te escucho — contestó soltando un libro que estaba leyendo.
—¿Crees posible que nos vayamos juntos a Francia tiempo antes de tus clases?
—Qué más quisiera, pero eso me haría pedirles dinero a mis papás y eso no es de mi agrado.
—Comprendo — me quedé unos minutos en silencio hasta que recordé mis ahorros y los que mi madre me dejó, es decir que yo sí tenía — ¿Y si yo te lo doy? —pregunté con nervios, lo que significaba morderme la piel de los labios.
—¿Qué cosa me darías? — Respondió cerrando su libro otra vez.
—El dinero de los tickets, yo tengo para regalarte los pasajes.
—Lo siento nena, pero yo no puedo aceptarte eso.
—¿Por qué no? Eres mi novio, no un desconocido.
—Lo sé, pero no sería justo pronto entraras a tus clases y ese dinero créeme que lo necesitarás bastante.
—Yo sé que lo necesitaré, pero puedo conseguir un trabajo al llegar a Montpellier.
—Si te hace sentir mejor lo pensaré, pero si acepto te devolveré el dinero completo y si quieres con intereses.
Él siguió concentrado en su libro de evolución mental o como dominar la mente, ya no recuerdo bien que era. Tome mi celular y le tome una foto, no puedo evitar retractar a mi chico con un libro en su mano, se ve muy sexi y demasiado intelectual.
A veces pienso sobre cómo serían esos días en los que quisiera abrazar o besar a mi chico y no pueda; por estar lejos de él, de seguro lloraría en algunas ocasiones y en otras me sentiría frustrada del no poder estar cerca, otras me sentiré como la mierda por no ser capaz de quedarme en su país en vez de regresar al mío, pero cómo quedarme en un país donde los estudios son lo primordial pero el trabajo es lo más escaso y yo no estoy para que sus padres me atiendan. Mi madre no está y debo valerme por mí misma y no molestar a nadie.
Sé que a ellos les encantaría la idea, pero mi madre me crio de tal forma para no molestar ni a los más cercanos a nosotras porque en algún momento puede que se fastidien de la presencia, por eso solo vine por el verano. Además, no quiero abandonar la casa donde viví toda mi vida, dónde tengo tantos recuerdos con mi madre y una casa en la que ella dejó cada sudor de su frente para tenerla, ese techo es todo para mí y lo único que me queda de ella no puedo abandonarla, así como si no valiera nada, no puedo hacerlo.
—¿Tu casa es grande? — Sebastián pregunta de repente.
—Depende de que sea grande para ti.
—Es más pequeña que está supongo porque ustedes eran dos ¿No? — él preguntó sin que sonara de forma antipática.
—Pues sí, tiene solo tres habitaciones, la sala es pequeña al igual que la cocina, y tenemos un pequeño lavadero con espacio para tender la ropa.
—Pues es suficiente por lo que escucho.
—Si, no me quejo.
—Me gustaría conocer ese lugar donde creciste y estuviste siempre, conocer esa parte de ti, tu niñez y todo lo que te rodea en Francia.
—Siempre serás bienvenido, y toda tu familia también lo seguirá siendo.
—De seguro que sí. Te imaginas hacer el amor bajo el cielo nocturno de Francia; hablándome en tu idioma natal que por cierto es tan sexi mientras te envuelvo en mis caricias. Solo imaginar todo lo que podríamos hacer me excita tanto que tal vez el tiempo no alcance para admirar todo tu cuerpo.
—Estás bien chiflado.
—Por ti, claro que sí de eso no tengo duda nena y pensé que lo sabías.
—Claro que lo sé, ¿quién crees que soy? Obviamente voy a saber si mi novio está loco o no por mí. Si no fuera así no estaría hablando de que te vayas conmigo.
—Sabía que lo sabrías, por eso eres mi chica.
—Si moi, qui suis ta petite amie, je ne sais pas ce que tu aimes, je ne mériterais pas le titre de ta copine.
—Sé que estoy estudiando, pero tienes que traducir esto, porque me perdí. —Me reí, era muy mala. Porqué yo más que nadie sabía que no me entendería, pero no pude evitar hablar mi idioma, amo el francés.
—Dije… Sí yo que soy tu novia no sabe lo que te gusta no merecería el título de ser tu chica.
—Me encanta cuando dices cosas así, pero aun así sigues y seguirás siendo mi chica así que no te preocupes por tonterías como esas — su respuesta lo es todo para mí en estos momentos.
—Por eso me gustas tanto, siempre comprendes y sabes que responder, tu me entiendes perfectamente.
—Me encanta todo el tiempo que podemos pasar juntos, esto lo es todo para mí.
Lo mire fijamente con añoranza, sentía como mis ojos ardían por las ganas de querer llorar, en esos instantes él deja el libro en su mesa de estudios y se acerca a mí, me abraza. Un abrazo que me reconforta y hace que las lágrimas por fin salgan sin necesidad de tener que ocultarlas porque con él puedo ser yo misma.
—No llores princesa, lograremos sobrepasar todo y al final le diremos a todos que, si pudimos, porque nuestro amor era más fuerte que el viento arrasador que quiso derrumbarnos y que simplemente no pudo.
—Yo lo sé amor, pero me pone muy triste saber que ya no estarás para darme un beso o un abrazo, al dormir o al despertar.
—Pero me llevas en tu corazón, en tu mente, y yo te llevaré a ti siempre en mi mente y en mi corazón, no habrá minutos o segundos que no estemos juntos. Que la distancia nos separe no significa que no podamos seguir siendo la misma pareja que se ama.
—¿Por qué eras tan positivo? — pregunté tratando de secar las lágrimas de mis mejillas y tratando de arreglar mi posición en esos momentos.
—¿Y tú porque tienes que ser tan negativa?
—La realidad siempre golpea con fuerza a las ilusiones.
—Entonces eran ilusiones débiles, les faltó fuerza y poder.
—¿Crees que podremos? — pregunté con sinceridad y miedo a la vez.
—Claro que podremos eres Fleur la chica poderosa, valiente y hermosa que conquistó a Sebastián con su porte de chica que no se deja de nadie, esto podrá con todo.
—No quiero perderte, me da miedo.
—No me perderás, los kilómetros son al final números, y los números no son nada cuando hay amor así que no te preocupes por eso princesa.
Me acerqué a él y besé sus labios con suavidad, los míos se encontraban húmedos por aquellas lágrimas que solté por el temor de perder a alguien como él. Sebastián es importante para mí, ha sabido ser un buen hombre y ejemplo para los demás, no creí que aún existían hombres que les gustará hacer felices a las mujeres. El hecho de estar siempre al pendiente de mí, de lo que quiero y pienso además que no le incomoda para nada escucharme. Sebastián es todo sin siquiera haber querido al inicio serlo así como yo tampoco creo que lo encontraría y que se volvería en mi locura de verano y tal vez la primera e invierno o hasta el otoño, él puede ser todas mis estaciones y nunca me quejaría de su primer pensamiento porque al final él estará junto a mí.
—No te preocupes, nosotros estaremos juntos y esto será mucho más que un amor de hecho en vacaciones.
Sus palabras al acabar el beso fue todo para que me volviera aún más fuerte y seguir caminando con poder porque no puedo derrumbarme cuando nada de lo que hay se ha marchitado o destrozado, al contrario, sigue en pie y así debo estar yo.
—Te amo tanto Sebastián.
—Y yo te amo a ti Fleur.
—Quiero que siempre estemos unidos.
—Seremos más unidos que cualquier cosa en este mundo, no habrá nada ni nadie que nos haga olvidar lo que sentimos y lo que tenemos.
—Lucharé a tu lado cada batalla hasta el final para así ganar la guerra — contesté mientras él y yo nos mirábamos fijamente, no desviamos nuestras miradas solo era él y yo en este lugar y tal vez en todo el mundo. Era como si el reloj del mundo se hubiese paralizado porque solo se podía sentir la atracción de nuestros ojos viéndose fijamente sin pestañear un poco.
Sebastián extendió sus brazos y me rodeó en ellos con fuerza, ese abrazo se sentía cálido. Él es cálido, nunca podré sentir frío mientras esté a su lado, es como aquel rayo de sol que hace contrastar tu piel y brillar aún más, pero juntos.
—Creo que es hora de que vayamos a cenar algo.
—Si, el llorar me hizo dar hambre.
—Eso es algo bueno, a decir verdad — él mencionó con una sonrisa.
—Yo también creo que es bueno.
Caminamos a la sala donde encontramos a Laura besándose con Gabriel “su novio” que me está haciendo perder la paciencia con todas esas idioteces que me ha dicho Laura sobre él y lo peor es que aún no sé cómo puede aceptarlo a su lado. Ese chico es un completo idiota que no querría en mi vida jamás, ni muerta permitiría eso, aunque fuera el único hombre de la tierra.
—Vayamos directo a la cocina — menciona Sebastián al notar las dos presencias en casa.
—Qué hay de cenar — pregunté evadiendo lo que vimos afuera.
—Creo que ensalada, pollo y arroz al parecer.
—Ok, comamos eso entonces porque no aguanto que preparemos algo ahora y demora más tiempo que es peor. Mejor calienta eso.
—Está bien Fleur, tranquilízate que me tienes aquí.
—Eso es muy cierto. Pero tengo hambre y mucha.
Sin más servimos la comida y nos fuimos a comer al jardín para no molestar, aunque salió mucho mejor que si lo hubiésemos planeado, la luna estaba hermosísima con una luz radiante y aquella fresca brisa que rodeaba nuestra piel erizando nuestros cuerpos y dejando atrás todo lo que en su momento nos molestaba.
Esto sí era ser feliz después de haber perdido a mi madre y haberme encerrado en casa por tonterías. Las vidas prosiguen y no podemos permitir quedarnos estancados, la muerte también es vida, en vez de encerrarte deberías disfrutar cada día como si fuera el último y así mismo sonreírle a la vida y enseñarle que no te derrotó, qué fue todo lo contrario te revivió.
—Es hermoso estar aquí presente junto a personas que nunca creí que llegaría a mi vida pero que ha sido la mayor y mejor dosis de felicidad — Sebastián toma un poco de su jugo y lo lleva a su boca después de sonreír un poco.
—Lo mismo me sucede, hace mucho creí que mi vida sería solitaria y viviría en el luto por siempre, pero pude ver más allá, claro que no olvidó a mi madre jamás, al contrario, desearía que estuviera aquí y me viera así de feliz.
—Créeme, lo está haciendo. Y te aseguro que está muy orgullosa de ti.
—Más que orgullosa estaría tan feliz que la sonrisa que ella podría tener ahora; me la imagino tan radiante, que incluso me invita a sonreír.
Hicimos una pausa entre un pequeño beso, uno que me hizo tan feliz y me hizo sentir como si anduviera entre nubes esponjosas que me quitan todo lo malo que creía yo tener. Siento amor y lo más bello que he podido llegar a sentir, cada hora, minuto, y segundo; él me hace sentir muy feliz y amada.
Esto sí es vivir a toda velocidad al otro lado del mundo.