23. No somos iguales. No lo dejó que le responda nada y salió corriendo de esa oficina. Vuelve a su escritorio, agitada y con ganas de llorar pero se mordió la boca, resistió y se acomodó su camisa blanca que estaba hecha un desastre. Sus manos le temblaban de una manera inexplicable, no quería todo su mundo sólo se había enamorado y no de su dinero pero sabía que jamás se iba a dar cuenta. Si apenas le prestaba atención y no podía cambiar eso. Ya todo estaba mal y no tenía solución. Los días y las semanas pasaron tan rápido como sus ojeras todos los días por llorar tanto. Casi no comía, intentaba sonreír pero no podía hacerlo como debía y su mirada apagada la delataban en su oficina. Después de lo ocurrido prefirió no verlo, otra mujer le alcanza los papeles en su oficina y ella directa

