Capítulo 50 Kate. Envueltos en una nube de pasión y lujuria, fuimos recibidos por la noche, el mar, la luna y las estrellas eran los testigos de nuestra feroz entrega. En ese instante solo éramos él y yo los únicos que existíamos en nuestro mundo, nos olvidamos de todo y de todos, René me hizo suya hasta perder la fuerza. No solo era una reconciliación, era una declaración de amor, una entrega en cuerpo y alma para afirmar que yo era solo suya y él era mío. Luego de tan intensa reconciliación, nos quedamos un poco más bajo la luz de la luna, él estaba sentado y yo entre sus piernas, completamente desnudos, mientras contemplábamos el reflejo de las estrellas en las relajantes olas del mar azul. Por un momento no hubo palabras, solo caricias, silencio, paz y tranquilidad, es lo único qu

