Cap. 5 - El señor arrogante.

1453 Words
Capítulo 5 Mientras mi hermana conducía, iba contandome sobre los acontecimientos de estos dos últimos años. Me contó que meses atrás, las cosas entre mi hermano y su esposa comenzaron a cambiar en su relación de una manera muy extraña. De la nada empezaron a tener discusiones por cosas insignificantes y sin sentido, se decían palabras hirientes y estaba alejando el uno del otro cada día más. Mamá y ella nunca habían interferido en sus asuntos de pareja, pero las cosas estaban muy tensas entre ellos, dos que la situación comenzó a afectarles a los niños. Entonces mamá tuvo que intervenir un poco. Primero habló con Andrea para entender cuál era la situación y su punto de vista. La respuesta de mi cuñada fue; que estaban pasando por una mala racha de pareja y que todo se arreglaría pronto entre ellos. Pero aparentemente había algo más, pues mi cuñada había comenzado a salir sola por las noches, muy seguido y regresaba a su casa a altas horas de la madrugada. Además, también desatendía a sus hijos y se estaba alejando de mi hermano, quien la amaba profundamente. Y por si eso no fuera suficiente, mi hermano también comenzó a hacer cosas sin sentido, como jugar en un casino, donde ya se le había hecho costumbre asistir cada tercer día, en los que perdía cantidades exageradas de dinero. Una actitud muy rara en él, por qué Miguel jamás fue ese tipo de personas. Incluso hubo una noche en la cual Andrea fue de madrugada a buscarlo hasta al casino para pagar una deuda, porque no lo dejaban salir. Todo lo que mi pequeña hermana me contó me dejo un poco sorprendida, ¿en qué momento las cosas se salieron de control? ¿Por qué ellos dos, después de ser una hermosa pareja, amorosa y unida, se había convertido en?, no sabría como definirlo. Lo que sí, es un hecho es que todo esto es demasiado extraño, no sé por qué, pero tengo la sensación que hay algo oculto en todo esto, pero luego me daré el tiempo para reflexionar sobre este asunto con más calma. Amara me contó que el día que les avisaron del accidente de mi hermano, mamá se puso muy mal, porque a la pobre le toco ir a la morgue para reconocer los cuerpos. Las autoridades sospechan que no fue un simple accidente, pues la manera en que todo sucedió fue muy extraña, lo que eso me hizo confirmar que hay mucho detrás de todo esto. No sé por qué, pero presiento que debo estar muy atenta a cualquier pista que me lleve a entender que mierda pasó. Perder a mi hermano me tiene muy mal, me duele el alma porque lo voy a extrañar mucho, al igual que a mi salvadora Andrea. Sin darme cuanta llegamos al edificio donde se encontraba la oficina del abogado de mi hermano y mi cuñada. Era un edificio enorme y muy lujoso. Bajamos del auto y decidimos dejar la conversación para más tarde, porque sé que había muchas cosas más por contar, todavía faltaba que me contara a detalle como fue el accidente y por mi parte había muchas preguntas sin respuesta. Caminamos hasta la entrada, nos acercamos a la recepción para preguntar por la oficina del abogado James Ortega, la chica amablemente nos indicó el piso donde debíamos subir. Le agradecimos y antes de subir al ascensor, Julia se despidió de nosotras, pues ella era ajena a nuestros asuntos familiares. Además, ella moría por llegar a su casa para ver a sus padres y a su hermano, porque al igual que yo extrañaba mucho porque tenía mucho tiempo sin verlos. - Bueno, yo me despido aquí chicas, nos vemos más tarde en la ceremonia de su hermano – dijo y asentí. - Está bien, pero en que te vas a tu casa – pregunte - Tranquila, ahorita pido un taxi, ustedes tienen asuntos importantes que atender, por cierto, recuerda mis cosas. – dijo y fruncí el ceño por lo último que dijo - Recuerda que tú traes los regalos de mis padres en tu maleta. – me recordó. - Tienes razón, más tarde te los doy en casa – ella asintió, me dio un beso, luego se despidió de Amara y se fue. Subimos al ascensor, esperado llegar al octavo piso donde se encontraba la oficina del abogado, mientras subíamos el silencio se hizo presente. Tenía los nervios de punta, pues después de toda la información que me dio Amara, no sabía que esperar de todo esto, cuando el ascensor timbro anunciado que habíamos llegado, caminamos hasta la oficina del abogado. Inmediatamente, visualicé a mi madre sentada en una de las sillas, esperado por nosotras, se veía tan mal, cansada, triste y como no si era su único hijo varón. Mi madre al sentir nuestra presencia aproximándose a ella nos volteó a ver e inmediatamente corrí hacia ella para abrazarla y en cuanto lo hice ella se soltó a llorar arrastrándome con ella. Después de unos minutos de consolarnos mutuamente, nos separamos, ella me miro a los ojos limpiando mis lágrimas y yo hice lo mismo con ella. Luego le di un cálido beso en ambas mejillas. - Calma, mamá, ya estoy aquí y no te volveré a dejar sola. – anuncié y ella me sonrió asintiendo. - Gracias hija, vamos que nos esperan. – dijo ya más repuesta. Caminamos hacia la secretaria, la cual nos hizo seguirla a una sala de juntas, donde había una gran mesa de cristal y muchas sillas de oficina a su alrededor. La oficina era de puro cristal y se podía ver la belleza de la ciudad. Un hombre alto y guapo, de al menos unos 36 años, enfundado en un traje azul marino, camisa blanca, corbata amarilla y zapatos bien lustrados, se presentó enfrente de nosotras, saludo a mi madre, a mi hermana y luego se dirigió a mí. - Es un gusto conocer la señorita Katherine, soy el abogado James Ortega. – dijo tendiendo su mano, pero únicamente asentí sin tocarlo. - El gusto es mío abogado – respondí con una pequeña sonrisa. – y le pido una disculpa por la grosería – dije refriéndome al hecho de que lo de dejado con la mano tendida – pero no me gusta el contacto físico. - Entiendo – contesto con una sonrisa agradable – no hay problema, tome asiento, por favor – dijo señalando las sillas. La secretaria del abogado nos ofreció unas botellas de agua o un café, pedimos agua y entonces, la chica fue por mientras bebidas. Tardamos casi unos veinte minutos esperando a que la lectura del testamento comenzara. El tiempo se me hacía eterno, porque ya me estaba desesperando, está por preguntar si aún faltaba mucho para comenzar, pero antes de decir algo el abogado se adelantó. - En un momento comenzamos con la lectura del testamento, solo tenemos que esperar un momento más, pues falta que llegue una persona. – anuncio y yo fruncí el ceño. - Perdón, la indiscreción, pero, ¿Quién más falta?, hasta donde sé nosotros somos la única familia de Andrea, pues sus padres están muertos y ella jamás nos comentó tener más familia. – asegure. Pero antes de que el abogado pudiera contestar, la secretaria entro y anuncio que había llegado la otra persona. El hombre se acercó hasta entrada y quede helada al ver que era el señor arrogante. – Pero, ¿qué carajos hace este tipo aquí? – me pregunté internamente, intentando entender su presencia y que tenía que ver este asunto con él. - Adelante – dijo el abogado. El señor arrogante, paso de largo junto con su amigo, el mismo que lo acompañaba en el aeropuerto, caminaron del otro lado de la mesa para quedar enfrente de nosotras. Su acompañante de inmediato notó mi presencia y me sonrió, pero el tipo ni siquiera nos volteó a ver, por lo menos para saludar, bueno, no hubo ni siquiera un hola o buenas tardes por educación, nada, tenía toda su atención en su tableta. Tomé mi botella de agua para tomar de ella, puesto que sentí la boca seca, además, todavía estaba algo confundida con la presencia de aquel hombre. Mi hermana se acercó a mí y me susurro al oído si sabía quiénes eran, a lo que discretamente conteste que no. El abogado salió un momento y luego regreso con un sobre en sus manos, supongo que en él estaba el testamento de Andrea y de mi hermano. Mientras tanto, la indiferencia y poco interés por parte del señor arrogante me estaban poniendo incómoda, aunque trataba de no prestarle atención. La intriga de saber que hacía allí me estaba matando por dentro.
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