Capítulo 2
Kate
Nuevamente, mi asiento es golpeado por la parte trasera, así que me veo obligada a voltear para ver de quien se trata. Dispuesta a reprender a la persona que no puede tener los pies quietos y que solo golpea mi asiento, sin algún motivo, me asomo hacia el asiento de atrás. Me quedé sorprendida al encontrarme con un pequeño travieso, que hace de las suyas mientras su mamá está profundamente dormida. Le sonreí y le pedí de la manera más amable que dejé de golpear mi asiento porque me molesta, pero el pequeño me responde que está muy aburrido. Entonces tomé mi bolso de mano para buscar en ella un mini cubo de Rubik que siempre uso para relajarme cuando estoy algo tensa o estresada. Al encontrarlo, me giro arrodillada en el asiento, le ofrezco el juguete al niño como regalo para que se entretenga un rato mientras llegamos. El niño lo toma muy contento, pues tiene colores llamativos, me da las gracias con una hermosa y tierna sonrisa. Dato curioso me fascinan los niños, sobre todo a mis amados sobrinos.
Me acomodé nuevamente en mi asiento y al sentirme sola, reaccioné y me di cuenta de algo. Observé el asiento de alado y a mi acompañante no está. – Mierda Julia, ¿Dónde estás? – grite en mi interior al no verla por ningún lado. Mi amiga Julia es mi fiel guerrera, mi mayor tesoro, ella ha estado a mi lado desde siempre sin importar nada ni cuan difíciles sean las cosas lejos de nuestras familias. Tanta grande es nuestra amistad que incluso les rogó a sus padres por el permiso para irse a vivir conmigo a París. Los convenció de enviarla a estudiar a allá, solamente para estar a mi lado, siempre y en todo momento mi fiel julia, me acompaña al pie del cañón. Por eso la amo y le estoy muy agradecida, pues ha estado conmigo cada vez que la necesito y viceversa. Minutos más tarde, Julia regresa diciendo un montón de palabrotas entre dientes que no puedo entender muy bien, la volteo a ver con el ceño fruncido intentando entender que es lo que le pasa.
- ¿Pasa algo Julia? – pregunté un poco confundida con su actitud.
- No, no pasa nada importante Kate, no me prestes atención y dejémoslo pasar. – respondió suspirando y esa última palabra encendió mi alarma, confirmando que algo ha pasado.
- Que dejemos pasar, ¿qué cosa? – dije en tono autoritario – ahora mismo me dices que te ha pasado. – exigí. Ella se puso algo tensa e intento evadirme la mirada, dudaba en decirme la verdad, lo sé porque la conozco muy bien. – te estoy esperando Julia del Valle. – ella me volteo a ver, pues sabe bien que cuando la llamo con nombre y apellido va en serio.
- Está bien, está bien, te los diré, pero no te exaltes sí, por favor – advirtió primero, luego soltó un largo suspiro antes de continuar. – lo que paso es que fui al baño mientras dormías y cerca de este hay dos tipos muy guapos, pero son unos completos patanes, en cuanto me vieron pasar por su asiento, comenzaron a decirme cosas vulgares. Los ignoré, pero uno de ellos me tocó el trasero, me molesté mucho y cuando les reclamé solo se hicieron los desentendidos, todos me voltearon a ver y me sentí muy humillada. – confeso.
Abrí los ojos como platos antes sus palabras, sentí que la sangre me hervía del coraje, porque todavía me dice, ¿qué lo dejemos pasar? Me levanté de golpe de mi asiento para ir en dirección al sanitario, que estaba en la otra sección del avión. Julia intentó detenerme, pero no se lo permití y continué caminando por el pasillo evitando chocar con alguien. Julia iba detrás de mí siguiendo mis pasos para evitar que hiciera alguna locura, antes de llegar hasta el punto exacto, me detuve a cierta distancia y observe todo el lugar. Cuando sentí que mi amiga estaba cerca, la volteé a ver.
- Señala quien fue – le ordene a julia, entonces ella con temor me señalo a dos tipos muy bien parecidos que para nada se veían desagradables o pervertidos. Fruncí el ceño.
- Julia, segura que fueron ¿esos dos?, honestamente no se ve que sean unos pervertidos – dije, viendo de reojo en esa dirección.
- No, esos no son, es el de la chaqueta roja y el otro tipo de la izquierda – observé nuevamente y no eran los chicos que había visto. – Kate, por favor no hagas un escándalo, no paso nada grave, déjalo así. – volvió a suplicar. La volteé a ver en forma de represión por decir que no fue nada grave, ¿acaso esta mujer está loca, como para decir eso?, me dije a mi misma, pero como no quería discutir con ella.
- Ve a tu asiento, yo me encargo. – dije, ella solo me vio a los ojos y asintió, pues sabe perfectamente que cuando algo se me clava en la cabeza no hay poder humano que me haga desistir.
Continúe caminado por el pasillo hasta llegar cerca del lugar donde se encontraban los tipos que molestaron a mi amiga. Estos, al verme, no dudaron en examinarme de pies a cabeza, bueno, prácticamente me desnudaron con la mirada, es algo realmente desagradable. No es por presumir, pero heredé los buenos atributos de mi madre, tengo un cuerpo definido, aunque no soy una top model, me defiendo. Y si a eso le agregamos que después de recuperar mi autoestima, me dedique a ejercitarme, practique defensa personal y otras disciplinas físicas. Por lo tanto, es natural llamar su atención, aunque sea completamente desagradable para mí, creo que el morbo masculino es lo que más odio de ellos.
Pero, bueno, regresemos al punto, mientras caminaba bajo la mirada de aquellos dos cerdos, que me desnudaron sin vergüenza alguna. Pasé de largo y uno de ellos sin poderlo evitar, soltó un silbido como piropo al momento de pasar a su lado, hice caso omiso y seguí mi camino.
Me adentré en el baño y minutos después salí para volver a mi asiento. Pase nuevamente cerca de los tipos, pero esta vez el que estaba sentado del lado del pasillo, soltó nuevamente un silbido e intento tocar mi parte trasera. Justo antes de siquiera lograr su cometido, logré darme la vuelta y tomar su mano en el aire. Lo tomé con fuerza y le retorcí la mano, se quejó de dolor y mientras me moraba sorprendido, le regresé el silbido y lo miré de manera intimidante. Mientras aprestaba su mano con toda mi fuerza, haciendo una maniobra que me enseño Anthony, mi instructor en defensa personal. El tipo se quedó en shock, lo vi ponerse rojo de la vergüenza y el coraje sin saber que hacer, obviamente intentar golpearme sería su fin.
- Pero, ¿qué mierda te pasa?, suéltame – grito el tipo después de reaccionar, llamo la atención de las personas a nuestro alrededor y sonreí victoriosa.
- La pregunta es, ¿quién te crees tú, para intentar poner tus sucias manos en mí sin mi permiso? – respondí furiosa.
- Suéltame – grito nuevamente, entonces una de las sobre cargo se acercó a nosotros.
- ¿Está todo bien? – pregunto la chica.
- Disculpa el alboroto, solo le estoy enseñando al caballero que no se debe manosear a una mujer sin su permiso. – declare en voz alta, entonces todos a nuestro alrededor voltearon a ver al idiota y comenzaron a murmurar con desagrado.
- Está bien, está bien – declaro rendido – me disculpo por mi atrevimiento – dijo al verse expuesto – puedes soltarme ya. – lo miré haciendo un ademán para que dijera la palabra mágica – Por favor – dijo poniendo los ojos en blanco.
- Claro – lo solté. – espero que después de esto aprendas a respetar a las mujeres – le dije antes de darme la vuelta.
- Perra – soltó y me volví a girar hacia él y le di una sonora bofetada.
- Perra tu abuela idiota y pide jamás volverte atravesar en mi camino, porque de ser así no me voy a contener de darte una paliza. – dije furiosa.
Molesta me di la vuelta, pero al momento de girar me encontré con unos penetrantes, pero hermosos ojos color miel, que me observaban con curiosidad. El hombre estaba parado cerca de la entrada del baño y me observaba completamente en silencio, su mirada me estremeció, era algo completamente extraño y nuevo para mí. Pues desde hace tiempo ningún hombre me había causado tales sensaciones en mi interior. El hombre era hermoso, debo aceptarlo, tenía un aspecto pulcro y muy distinguido, se podría determinar por el elegante traje azul marino que portaba con distinción. Físicamente, era alto, delgado, de espalda ancha, cuerpo atlético, - tal vez algunos músculos debajo de ese ajustado traje, pensé. Su piel era blanca, pero no lechosa, cabello castaño y perfectamente arreglado, labios delgados y nariz perfilada, un poco ancha, barbilla partida y tenía barba corta, perfectamente delineada, que lo hacía lucir muy atractivo.
En definitiva, un hombre muy, pero muy atractivo. Lo extraño es que después de tantos años intentando alejarme de la comunidad masculina por completo. Un hombre como este llame tanto mi atención, a tal grado de hacerme, sentí cosas que creí que jamás volvería a sentir… Aunque, por desgracia, este adonis de ensueño, tiene un defecto que siempre he odiado en los hombres, egocentrismo y arrogancia. La conexión visual duro algunos segundos y luego él fue quien rompió el contacto visual, se dio la vuelta y siguió su camino. Yo reaccioné, me bajé de esa nube llena de belleza y también seguí mi camino. Al llegar a mi asiento, Julia negaba con la cabeza, después de mi espectáculo.
- ¿Qué? – dije intentado no romper a carcajadas por la cara que tenía.
- ¿En serio?, no podías dejarlo pasar, ¿verdad? – pregunto riendo y me solté en risas. Después de desahogar nuestra diversión.
- Julia, que pasa contigo, ¿qué no acabas de ver que el muy cerdo intento tocarme, a mí también?, y que además el muy idiota me dijo ¿perra?, así que dime, como crees que iba a dejar las cosas así.
- ¿Qué?, no, solo escuche tus gritos… maldito cerdo – dijo molesta.
Estaba por decir algo más cuando una sobre cargo se acercó a nosotras y nos sirvió un almuerzo de lujo, de esos que sirven en primera clase. Nosotras viajamos en turista, no por no tener dinero, sino porque se me hace un gasto inútil y excesivo pagar por ir en un mejor asiento. No soy una persona que se deje llevar por el dinero y los lujos. Miré a la chica con el ceño fruncido sin entender y ella me sonrío.
- Mis compañeras y yo fuimos víctimas de los manoseos e insinuaciones promiscuas de aquel hombre tan desagradable, al que usted le acaba de dar una lección. – explico rápidamente – así que este es un pequeño presente como agradecimiento por ponerlo en su lugar, ya que nosotros por nuestro trabajo no podemos hacerlo. – dijo y sonreí.
- No hay nada que agradecer, lo hice porque ningún hombre tiene derecho a tocarnos sin nuestro consentimiento.
- Aun así, muchas gracias, alguien tenía que ponerlo en su sitio, es un cerdo. – respondió – esperamos que disfruten de su almuerzo.
- Pues en ese caso, mil gracias.
- Vaya, hasta admiradoras tienes – se burló julia.
- Cállate y a ver dime, ¿cuándo piensas aprender a defenderte he?, Julia no siempre puedes ser buena y dejar pasar cosas de este tipo, que claramente están mal. Como puedes permitir que te falten al respeto y no decir nada.
- Bueno, es que tú eres más valiente y fuerte que yo, más bien eres una bravucona. – dijo divertida – pero sabes bien que a mí no me gusta meterme en problemas y no me van las peleas. – respondió, puse los ojos en blanco y negué con la cabeza.
- Sabes muy bien lo mucho que trabaje para salir del hueco oscuro donde me encontraba y no soy ninguna bravucona, es simplemente que no volver a dejar que nadie me toque sin mi permiso. – dije al recordar por todo lo que tuve que pasar.
- Lo sé y por eso te admiro y estoy orgullosa de ti, lograste convertirte en una mujer fuerte y valiente. – tomé su mano y le sonreí, porque ella ha estado en todo ese proceso.
- Gracias, Julia, por no abandonarme, eres mi mejor amiga, te quiero mucho – ella me miro y me abrazo.
- Por siempre, te quiero – respondió.
- Y yo a ti… y ya dejemos ese tema atrás, porque sabes bien que no me gusta hablar del pasado – dije, cambiando de tema – mejor vamos a comer este rico almuerzo.