Cap. 3 - Mi vida lejos.

1998 Words
Capítulo 3  Nací y crecí en Ensenada Baja California, un lugar muy bello lleno de tradiciones increíbles y hermosos paisajes. Como la mayoría de la gente en este lugar mi familia se dedica a la producción de vinos y derivados de la uva, además de algunos otros productos como fresas, sandias, melón y por último la distribución de los mismos. Después de la muerte de mi padre, mi hermano mayor, Miguel fue quien se hizo cargo de nuestro negocio familiar y todo lo relacionado con el campo y la producción de vino. Mientras que su esposa Andrea, se hace cargo del manejo de la empresa que crearon para la distribución de nuestro vino y el de la mayoría de la región a nivel nacional e internacional. Mi familia es una de las más reconocidas en el mundo del vino. Después de la horrible experiencia que viví, me volví una persona sombría, insegura y temerosa de todo, principalmente de los hombres. Me encerré, no quería salir de casa para no toparme con ninguno y mucho menos con él. Pero, aun así, tenía que fingir ante los demás que era la misma Kate, alegre y llena de vida que solía ser, aunque por dentro me estaba desmoronando. No podía decirle a mi familia lo que había pasado por muchas razones; la primera porque él era una persona muy cercana y querida por ellos. La segunda porque tenía novio, así que tuve que buscar una buena razón para terminar mi relación de 7 años con Patricio, quien era más que mi novio, era mi mejor amigo, nos conocíamos desde que éramos niños, crecimos juntos y nos conocíamos a la perfección. Así que, por el gran amor que le tenía, no pude seguir con él, fingiendo que no pasaba nada. Sobre todo, al saber que planeaba pedirme matrimonio, a pesar de nuestra corta edad, siempre hablamos de estar juntos pasa siempre. Para él y para mí solo existía el sueño de estar juntos y por culpa de otro tuve que abandonar nuestros sueños y anhelos. El día que decidí romper con él, me rogó para que lo reconsiderara y me pidió miles de explicaciones que no supe dar. Simplemente, no fui capaz de decirle que su propio hermano me había cortado las alas y las ganas de vivir al tomarme a la fuerza. Le rompí el corazón y me sentí tan miserable que, ya no podía seguir fingiendo que todo estaba bien en mi vida. Cuando por dentro estaba rota y muriendo lentamente, es por eso que tomé la decisión de irme a estudiar a Paris. Quería morir, pero quería hacerlo lejos. Mi familia se dedica a la vinicultura, así que utilice ese pretexto de que quería estudiar ingeniería en enología y vinicultura allá, solamente para huir e irme lejos de todo. En cuanto se los dije a mis padres, ellos se sorprendieron mucho y se negaron de inmediato, pero gracias al cielo, mi cuñada y mi hermano siempre estuvieron de mi lado. Entonces, ellos me ayudaron a convencerlos de dejarme ir. Andrea y julia eran las únicas personas que conocían mi doloroso secreto. Como la madre de mi cuñada tenía amigos en Francia, me ayudo a conseguir un increíble departamento de lujo. Que luego Andrea se decidió comprar para que yo no tuviera que preocuparme por nada. Además de comprar todo lo necesario para mi estadía allá. Gracias a eso, mis padres se quedaron más tranquilos y me dieron su aprobación para irme. Cuando llegué a Paris la tristeza y el dolor me hicieron caer en una profunda depresión. Fue entonces que mi cuñada fue a visitarme para darme ánimos, ella siempre estuvo ahí para mí, creo que sin ella me habría perdido. Dos meses después mi amiga Julia llego a vivir conmigo y llego en el momento que más la necesitaba, pues me acababa de enterar de que tendría un hijo, resultado de aquella terrible experiencia. En un principio pensé en abortar, pues no quería nada que me lo recordara a él, juzgué que, al tenerlo, lo odiaría por ser el hijo de mi abusador. Pero luego lo reflexioné con calma y me di cuenta de que mi bebé no tenía la culpa de lo que había pasado. Así que asumí la responsabilidad y decidí tenerlo a escondidas de mis padres, porque si les decía la verdad, sé que ellos me obligarían a casarme con mi él y eso no lo podría soportar. El tiempo pasó muy rápido, mi vientre creció y yo cada vez ansiaba la llegada de mi pequeña, porque iba a ser una hermosa niña. El doctor me lo había dicho, y ese día fui muy feliz. Todo iba bien, pero lamentablemente el día que iba a dar a luz, mi parto se complicó mucho y mi bebé no sobrevivió. Sentí que me quitaban un pedazo de mi alma y ese fue otro motivo para caer en el abismo, por el cual estuve a punto de morir en depresión. Me tomo mucho tiempo recuperarme, fue un proceso muy difícil y doloroso, pero logre salir adelante con la ayuda de Andrea y Julia. Pude superar la mayoría de mis traumas y luego de varios años de terapia, cuatro para ser precisos, me convertí en una mujer, más segura de sí misma, con mejor autoestima, más fuerte, más madura y más valiente. Me sentía lista para controlar mi vida nuevamente y esta vez no dejaría que nadie me volviera a hacer daño. Durante mis estudios en la universidad, tuve el placer de conocer a una pareja de vinicultores franceses que me tomaron mucho afecto, ellos eran muy divertidos y amables. Además, eran dueños de un increíble viñedo y un restaurante cinco estrellas. Tomas y Victoria, se convirtieron en mis buenos amigos inseparables, además de Julia, claro. Con ellos aprendí muchas cosas y siempre me dieron su apoyo en todo momento, durante mi formación, adquirí mucha más experiencia de la que tenía, gracias a las enseñanzas de mi padre y hermano. Entonces, cuando me gradué de la universidad, ellos me invitaron a formar parte de su empresa y me ofrecieron trabajo como catadora de vinos. Acepte gustosa y desde entonces, he estado ahí por tres años. Mi vida en Francia fue como un resurgimiento de misma, volví a nacer de las cenizas como el fénix. Pase de ser una mujer destrozada y sin ganas de vivir, a ser una mujer, con voluntad, libre, fuerte, independiente y valiente. Logre superar el dolor que me consumía por dentro, sane mis heridas, aunque las cicatrices siguen ahí, pues nunca se borraran de mi corazón, ni de mis recuerdos. Logre vencer la mayor parte de mis miedos dejándolos atrás, o al menos eso, intento hacer cada día de mi vida. Aunque, honestamente, aún hay cosas que jamás voy a olvidar y me acompañaran toda la vida, puesto que me quedaron algunas secuelas a consecuencia de mi mala experiencia con los hombres. La psicóloga que me atendía en el proceso de mi recuperación, me diagnostico androfobia. Ósea que le tengo fobia a cualquier contacto con el género masculino. Además de sufrir de algunas crisis de ansiedad que presento cuando me siento estresada o presionada. Me ha costado mucho, pero poco a poco he ido avanzando con mi fobia. Mi gran avance fue aceptar la amistad de los tres únicos chicos a los que he dejado acercarse a mí y eso después de mucho tiempo de tratarlos y tomarles confianza. Ellos son Harry y Elton porque son gay, además de Anthony, mi entrenador en defensa personal. Lo que quiere decir que no he tenido novio, aunque, solo salí en algunas citas por cortesía con Anthony, pero por desgracia entre nosotros no hubo mucha química y solo quedamos como amigos. Por su parte, mi amiga Julia estudio diseño gráfico y marketing publicitario. Y en cuanto termino su carrera universitaria, inmediatamente fue contratada en una de las mejores empresas multinacionales de ventas por su gran talento. Después de dos años de trabajo, gracias a su excelente trabajo, obtuvo su puesto como directora de marca. Julia es una mujer muy astuta y capaz de obtener éxito en todo lo que se propone, es muy trabajadora, dedicada y fiel a su profesión. Ella y yo hemos sido mejores amigas desde la infancia y hasta el día de hoy somos inseparables. Prácticamente, todo en nuestras vidas era perfecto, éramos libres y felices en nuestro mundo, hasta que recibí la terrible noticia de la muerte de mi hermano. Un llamado de auxilio por parte de mi madre y mi hermana menor me hicieron abandonar mi zona de confort y volver a casa. Mi hermano y su esposa había muerto en un terrible y trágico accidente, esa noticia me dejó shock, grité y lloré hasta más no poder. El dolor en mi corazón era profundo, puesto que, para mí, él era más que mi hermano, era mi segundo padre, mi héroe y mi modelo a seguir. La persona que sostuvo mi mano y nunca me dejo caer. Miguel era ocho años mayor que yo, era hombre inteligente, fuerte, cariñoso, hogareños y valiente, muy valiente, no le tenía miedo a nada excepto a perder a su familia. Siempre fue entregado a su familia y dedicado a su trabajo, el cual le apasionaba como a nadie. Él me enseño mucho durante mi niñez, principalmente, el amor a nuestra tierra y al vino. La pasión que mi hermano sentía hacia el vino era admirable y que, además, lo heredo de mi padre. Desde que murió mi padre, Miguel se hizo cargo de nosotras. Nos protegió y velo por nuestro bienestar, solía decir que mi madre, mi hermana y yo éramos sus más grandes amores. Cuando conoció a Andrea Casas, se enamoró de ella a primera vista. Se volvió loco de amor y como no, si ella era una mujer que además de bella era muy dulce, amable, inteligente y determinada. Ellos se conocieron por casualidad, mientras mi hermano estaba de viaje de negocios en Italia y ella llevaba algunos años viviendo por allá sola. Andrea también se enamoró profundamente de mi hermano y sin pensarlo abandono su vida en Italia para seguirlo. Lo más caótico es que después de todo, resulto que Andy también era de Ensenada y su familia vivía cerca en la ciudad, mientras que nosotros vivíamos en el campo. Miguel y Andrea se casaron después de 5 meses de relación, su relación era envidiable, porque no únicamente se llevaban bien como pareja, sino que también como socios. Puesto que luego de su unión matrimonial, los dos juntos llevaron el negocio familiar a un nivel más alto, creando una empresa de importación de vinos. Donde no nada más se promocionaba nuestro vino, sino también el de muchos de nuestros vinicultores vecinos de la región y del país. Mi cuñada había estudiado negocio internacional y era muy buena en su área de trabajo, mientras que mi hermano era ingeniero agrónomo y enólogo. Juntos convirtieron nuestra villa vinicultora en un gran negocio, como mi padre siempre lo había soñado. Mi familia tenía mucho dinero gracias al negocio de vinos y además algunas actividades ganaderas, formábamos parte de una comunidad de hacendados con influencia social. Mi padre fue político y gracias a su labor mientras lo fue, se ganó el respeto y reconocimiento de mucha gente. Pero si mi familia era adinerada e influyente, la familia de Andrea lo era aún más, pues su padrastro era un hombre de negocios muy importante. Cuando murió le heredo una numerosa fortuna, más una gran lista de propiedades dentro y fuera del país. El señor Octavio amaba a Andrea como si fuera su propia hija, pues nunca tuvo hijos de sangre, o al menos eso fue lo que nos contó Andrea. A los tres años de su muerte, la madre de Andrea también falleció, así que nosotros nos convertimos en su única familia o al menos eso creíamos, porque nunca nos habló de algún otro familiar y nosotros tampoco preguntamos.
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