Capítulo 4
Después de 16 largas horas de viaje, al fin llegamos a Ensenada, mi bello hogar. Procedimos a bajar del avión para luego ir por nuestros equipajes. Mientras esperaba mi equipaje, masajee mi nuca, pues me sentía un poco tensa, solo de pensar todo lo que me espera. Le daba suaves carias a mi cuello intentando relajarme un poco después del largo viaje. De pronto, sentí las notas aromáticas de perfume masculino que inundo mis fosas nasales y llamo mi atención, raro, muy raro, pues como lo he mencionado, me mantengo lejos de la comunidad masculina. Pero el olor de ese perfume me atrae de una manera inexplicable, son notas entre maderas y cítricos, no lo sé, pero me encanta.
- Kate, ahí viene tu maleta – hablo Julia, quien ya tenía su maleta en manos.
Me acerqué a la banda corrediza para tomar la que se supone que es mi maleta, pero al tomarla siento la mano de alguien más sujetándola. Inmediatamente, la jalé y levanto la mirada para de nuevo encontrarme con esos penetrantes ojos en color miel. Me quedé inmóvil por un momento, contemplé en silencio esa intensa mirada fría, pero misteriosa a la vez que estaba perturbando mi cabeza.
- Disculpa, puedes soltar mi maleta – habló aquel hombre con una voz grave que hizo que la piel se me erizara. Y me tenía aún perdida.
- ¿Me estás prestando atención? – volvió a hablar y desperté de mi hechizo.
- ¿Qué?
- Que esta es mi maleta – aclaro, entonces voltee a ver la maleta y estaba segura de que era la mía.
- Perdona, pero esta es mi maleta. – dije tirando de ella, pero él se resistía a soltarla.
- Creo que estás mal, esta es mi maleta, así que deja de hacerme perder mi tiempo y suéltala de una buena vez. – y con esas palabras, la imagen del perfecto adonis de ensueño, se fue a la mierda.
- Pero que arrogante eres, y ya te he dicho que esta es mi maleta – contra ataque.
Entonces él dio un fuerte tirón, que provoco que la maleta se abriera regando todo su contenido. Todo estaba disperso en el suelo, en especial mi ropa interior. Lo volteé a ver roja de la vergüenza y furiosa por lo que me hizo hacer.
- ¿Ahora, ya puedes comprobar, que esta es mi maleta? – pregunte molesta, inclinándome para recoger mis cosas del suelo, él simplemente se quedó ahí parado, viéndome sin hacer nada.
- Este yo… - intento responder, mientras recogía mis pertenencias.
- Amigo, aquí está tu maleta, la he tomado del otro lado de la banda... – dijo otro hombre que se acercó a nosotros, pero al ver la escena se quedó callado. Lo volteé a ver de mala manera y luego volví a mis cosas.
- Disculpa, ¿estás usted bien, señorita? – pregunto el hombre un poco apenado. El teléfono del arrogante sonó, - ja que conveniente – pensé internamente. Entonces lo que hizo fue sacar su teléfono del bolsillo de su saco y se retiró para responder.
- ¿Estás bien? – volvió a repetir el hombre parado a un costado de mí.
- Oh, claro que sí, solo estoy aquí tirada en el suelo presumiendo mi ropa. – respondí con un toque de sarcasmo. Voltee a ver al chico que me hablo, él me veía con diversión y sí era guapo para que negarlo. Entonces me di cuenta de que había sido grosera con él por culpa del otro arrogante. Solté un suspiro.
- Lo siento, si fui un poco grosera con usted, pero el arrogante de su amigo me hizo regar mis cosas por necio y ni siquiera me ayudo o por lo menos se disculpó. ¿Siempre es así de arrogante? – volteé a ver en su dirección y sé que me estaba viendo de reojo disimuladamente.
- No te preocupes, conozco perfectamente al gruñón de mi amigo y aunque a veces se comporta como un completo idiota, no están mala persona. Me disculpo por lo que ha hecho. – estaba terminado de recoger mis cosas cuando, Julia, se acerca a mí.
- Kate… pero, ¿qué te paso? – pregunto un poco sorprendida al verme en el suelo.
- Nada, tuve un pequeño accidente con la maleta, pero ya estoy por terminar – respondí terminando de cerrar la maleta y cuando estaba por levantarme, el amigo del señor arrogancia me ofreció su mano para ayudarme. Pero me negué a tomarla y lo dejé con la mano tendida.
- Lo siento, pero mi amiga tiene algunos problemas con el contacto físico – comento Julia, apenada por mi acto grosero.
- Entiendo y de nuevo me disculpo por lo sucedido.
- No sé preocupé, ya está olvidado – dije. El tipo se dio la vuelta y se reunió con su amigo que aún estaba hablando por teléfono, volteé a ver a Julia y esta tenía una cara de tonta, que no podía con ella.
- Y ahora a ti, ¿qué te pasa? – pregunté, levantando una ceja.
- No inventes Kate, viste que hermoso estaba ese hombre. – respondió y no puede evitar reírme.
- Hay amiga, tú no cambias. – Julia es muy enamoradiza, ella es muy hermosa y dulce en todos los sentidos. Pero en cuestiones del amor no ha tenido, pues es muy confiada y se ha encontrado con cada gañán que bueno para qué les cuento.
- Ya deja de babear y vámonos que Amara ya debe estar en la entrada esperando por nosotras. – dije tomando mi maleta.
Estaba por comenzar a caminar para dirigirme a la salida, pero antes de dar el primer paso, alguien me sujetó de la muñeca y mi cuerpo se puso tenso ante el contacto físico. Inmediatamente volteé y de nuevo era él. Me zafé de su agarre con brusquedad y fruncí el ceño.
- Ahora, ¿qué es lo que quiere? – pregunte exasperada.
- Este… – dio carraspeo grueso – creo que se le olvidó esto – dijo tendiendo su mano con unas bragas de encaje n***o en ella, las mire y luego lo vi a los ojos, parpadee un par de veces y luego de reaccionar, me ruborice por la vergüenza. Rápidamente, se las arrebaté, para meterlas en mi bolsa de mano. – Este … yo, lamento la confusión – dijo y luego se dio la vuelta para irse rápidamente sin esperar mi respuesta, dejándome con la boca abierta.
Me quedé ahí para sin saber que mierda había pasado y con las mejillas ardiendo por la bochornosa situación, el señor arrogante tenía mis bragas. – pero, ¿Cómo mierda llegó a sus manos, si él ni siquiera se inclinó a ayudarme?, me pregunté – Dios, qué tipo tan más extraño, me dije a mi misma.
– Kate – grito Julia, entonces sacudí mi cabeza para reaccionar y luego continúe mi camino hasta alcanzarla, ya que ella ya iba muy por delante de mí. Al salir nos encontramos con Amara, mi pequeña hermana de 20 años, a la que tenía mucho tiempo sin ver, solo la veía cada vez que ella y Andy nos iban a visitar en vacaciones o cuando hablamos por videollamada.
- Hermana – grito al verme, corrí hasta ella para abrazarla.
- Hola mi peque – dije y luego, luego la abracé con fuerza e inmediatamente nos soltamos a llorar por lo sucedido. A la pobre le ha tocado cargar con todo a ella sola.
- Te extrañé mucho, Kate, me has hecho mucha falta. – dijo Amara en sollozos – todo esto has sido muy difícil para mí, los niños están tristes, no quieren comer ni salir de su habitación y mamá está devastada.
- Me imagino, pero no te preocupes, ya estoy de vuelta y me quedaré para cuidar de ustedes. Ahora dime, ¿qué fue lo que paso?, porque yo aún no puedo asimilar que Miguel este muerto. – dije limpiando mis lágrimas.
- Hay Kate, es una larga historia y muy extraña para ser honesta. Pero primero debemos ir al despacho del abogado, mamá ya nos está esperado allá para la lectura del testamento. Aun así, en especial, te están esperando a ti. – declaro y eso me dejo un poco sorprendida.
- ¿Qué?, y porque a mí, no se supone que todo lo que le pertenece a Andrea es para sus hijos y en el caso de Miguel, pues para nosotros.
- Hay hermana, te has perdido de muchos todo este tiempo, pero luego te pongo al corriente, ahora vamos que se hace tarde.
- Hola Julia – le dio un fuerte abrazo.
Estábamos por subir a la camioneta de mi hermana, cuando de pronto me sentí observada, por inercia dirigí mi mirada hacia el otro lado del estacionamiento y ahí estaba él. Observándome desde el interior de su auto que tenía la ventanilla abajo. Nuestras miradas volvieron a encontrarse, sentí una extraña sensación de cosquilleo en mi interior, que honestamente no sabría cómo explicar. Desde hace años jamás me había interesado en el sexo masculino, además del pavor que tenía a que se me acercaran que quisieran hacen daño. Nos miramos fijamente por unos segundos hasta que él rompió el contacto visual de nuevo, subió la ventanilla e inmediatamente su auto se puso en marcha.
- Kate, Kate – hablo Julia casi gritando.
- Si – conteste reaccionado y la voltee a ver.
- ¿Estás bien?
- Sí, vamos – dije subiendo al auto.