29. El Millonario. Y pasaron tres años locos... Estoy a un costado de la autopista que va las afueras de New York. Un idiota frena. —Ayuda... Ayu... —balbuceo, tendida en medio del frío concreto. El idiota baja del flamante y costoso deportivo rojo, y viene a auxiliarme. —¿Estás bien? ¿Necesitas ayuda? Es un idiota que usa lentes. El pelo lo tiene corto y bien peinado. Ha caído en mi trampa. —Ughhhh —gimoteo, simulando dolor—. Creo que es mi pierna, he caído mal, y... —Es probable que necesites ayuda médica —me dice mirando mi sensual pierna, casualmente desnuda. Llevo un delicado vestido corto, oscuro, y unos tacones altos para justificar la caída, claro. Ahora que lo veo mejor, el idiota es elegante y sumamente atractivo, pero lo mejor de todo es que parece que acaba de sali

