12. Hasta Mis Profundidades. —¿Puedes con eso? —me pregunta. Afirmo con la cabeza, no puedo hablar por los nervios. —Sí, sí... que puedo —sale de mi boca, con esfuerzo, al ver que él esperaba oírlo decir. Derepente hace una maniobra para salir de la avenida y se estaciona en un campo abierto. —¿Estás segura? Es que me vuelve loca. Me atrae su fuerza, su salvajismo, sobretodo, que me hace sentir protegida. —Sí. Lo estoy. —Si es así... —su mano morena y dura repta hasta tocarme mí húmeda almeja—. Pero si estás mojada... ¿Es por mi? —Sí. Sí. Sí. Comienza a bajarme el cierre del pantalón, tan lentamente que mi respiración se entrecorta, incluso se me escapa un jadeo. Sus ojos no me dejan de contemplar Sus dedos encuentran ese punto en el que ya mi cuerpo no me pertenece. Saca sus d

