Estaba calzaba los zapatos y ajustaba mis bermudas. No poseía una figura exuberante, mis curvas se distribuían armoniosamente por todo mi cuerpo debido a mi estatura. No me di cuenta de que el señor Jackson había entrado en mi habitación hasta que él comenzó a hablar. —Al fin a solas. Observé cómo se aproximaba hacia mí con una expresión que denotaba una mente inquieta, reflejando una tormenta de pensamientos al igual que los míos. A medida que avanzaba sin darme cuenta, yo retrocedía hasta impactar contra la pared, percibiendo cómo él colocaba ambas manos en la pared a cada lado de mi cabeza, acorralándome entre él y la pared. —¿En qué puedo asistirle, señor Jackson? —Claro, hay algo muy importante que necesito discutir contigo de manera urgente.—susurraba de manera suave. El aire

