Esa mañana del viernes se presentaba prometedora... al menos para mí. En un día logré organizar todas las actividades que realizaríamos este fin de semana y al conocer a esos caballeros, sabía que se sentirían incómodos, lo que me proporcionaría diversión. Al ser una amiga atenta, le escribí a Steven recomendándole que no optara por vestimenta que le resultara incómoda para ensuciarse, ya que, conociéndolo, sería quien menos se vería afectado por la situación. Todos los hombres fueron enviados a un motel en las afueras de Pennsylvania con el propósito de engañarlos, ya que el lugar al que realmente quería llevarlos requería que llegaran por sus propios medios. Caminaba hacia la habitación que había arrendado en el motel, llevando mi café, mientras escuchaba a los hombres conversar desde

