Por siempre

939 Words
Pasa el tiempo y yo sigo aquí como siempre, estoy sentada en el mismo lugar donde comenzó mi historia, y ahora quiero dar vuelta atrás y pensar en cada detalle, cada segundo, cada paso que di para poder entender en dónde está el problema. Cierro mis ojos y voy a hace tres años atrás, (no es suficiente), cinco años más, (tengo que retroceder más) sí, comenzó cuando tenía siete años.    Me llamo Gendy y esta es mi historia. (Siete años de edad).    Mis padres vivían en la calle, mi padre biológico fue un señor que le gustaba drogarse, también era de la calle y embarazó a mi madre, mi padrastro al enterarse que mi madre estaba embarazada mató a ese señor ya que la había violado. Pero cuando los amigos de ese muchacho se enteraron de lo que hizo el esposo de mi madre, fueron y mataron a mi madre y a su esposo al que yo ya nacida llamaba padre, yo ya tenía siete años cuando los mataron.  Antes de que mataran a mis padres, ellos se habían enterado y huyeron a Neval, una ciudad donde solo existe la nieve. Ya se podrán imaginar el grado de temperatura que se vivía en aquel lugar; por esa misma razón no recuerdo mi niñez con alegría. Además, en las calles la maldad reinaba y mi familia sufría en gran manera, eso no me trae recuerdos gratos, así fue mi niñez.  Allí mi madre me tuvo, pero después de siete años esa gente llegó a la pequeña cueva donde vivíamos, (ya que era en el bosque) y en frente de mí los mataron, yo estaba dormida y cuando sentí un fuerte sonido me desperté, pero ellos no se dieron cuenta que estaba despierta, ya que seguía tirada en el piso y con muchos trapos encima. Vi como con unos aparatos muy extraños que botaban pequeñas bolas de fuego apuntaban a mis padres y parecía que les hacían mucho daño, ya que salpicaba mucha sangre. Yo me asusté mucho, pero mis padres siempre me decían que si a ellos les pasaba algo no hiciera ruido y como les estaban haciendo daño fingí estar muerta.   —       Gendy, si alguien llega a nuestra cueva y nos hace daño, quiero que corras lo más rápido posible y te escondas en la ciudad —recordé las palabras de mi madre.    La sangre también caía sobre los trapos, así que me ayudaban a esconderme. Después que se fueron salí corriendo, pero antes me puse algunos camisones y unas botas viejas que mis padres me habían encontrado en la basura, aunque la ropa olía a hojas podridas; ya estaba acostumbrada a ese olor.  Corría por el bosque lleno de nieve, podía saborear el frío en mi boca, mi agitada forma de respirar y la nieve golpear mi rostro, además, mi cabello corto se ponía de punta por el viento y mis ojos azules se irritaban, se llenaban de lágrimas al recordar esa horrible escena que había acabado de ver.   Ahora estoy dentro de la ciudad, hay muchas bolas de cristal que vuelan, la tecnología ha avanzado mucho y los edificios quieren salirse de este mundo. El cielo siempre está tornado de un color gris que hace triste a esos edificios cristalinos y oscuros. Solo estoy aquí, sentada en el andén,  sin saber a dónde ir, una que otra lágrima sale libremente de mis pupilas, me abrazo a mí misma, no soporto el frío y mi pequeño cuerpo empieza a tiritar; las personas pasan vestidas con sus mejores abrigos de pieles, puedo observar sus botas de color oscuro y su maquillaje extravagante; me miran como si fuera un estorbo en el lujurioso paisaje, lo único que me gusta ver es el mirador que está enfrente, se puede ver un lago congelado y atrás de él veo las montañas bañadas en la nieve.  Tengo mucha hambre y en todo el día no he comido. ¡Pero esperen! Estoy viendo a un niño como de mi edad y tiene un delicioso pan, si me acerco a él y se lo pido pueden suceder dos cosas. Una, es que sus padres pueden aparecer y me hagan caer al pavimento de la gran carretera que nos separa; puedo notar por su apariencia lo adinerado que es.  Y otra cosa que puede suceder, es que el niño sea muy generoso y me regale su pan, ¡qué más da!, sus padres pueden darle todo el pan que él quiera. Mejor me acerco y me arriesgo, tengo linda cara, pero mal olor; alguno de los dos me dará ayuda. Sin darme cuenta estoy atravesando la carretera y en ese momento un rayo de sol se escapa sobre el cielo gris y golpea mi rostro. —       ¿Me regalas tu pan? —¡eso es! Directo al grano. —       Hueles horrible —expresó el niño con desagrado, en sus manos aferraba el pan. —       ¿Crees que una niña como yo va a oler rico? —pregunto con arrogancia.  Él se sonroja y humedece sus labios. —       Bueno, pero siquiera te puedes bañar —decía con miedo, no sabía qué podía suceder si lo decía. —       Aquí hace mucho frío —contesté rápidamente. —       Pero, por lo menos di por favor y además... —él me miró impresionado al ver que lo veía fijamente. —       No seas malo, tú puedes comerte todo el pan que quieras en tu cocina de oro —le interrumpí con rostro muy triste, el niño no dejaba de repararme, así como yo a él, sus ojos azules, su cabello n***o que brillaba de una forma fascinante; pero sus labios era lo que más me encantaba, eran sumamente hermosos y tiernos a la vez.   Era algo que toda mi vida recordaré, nuestro primer encuentro, el comienzo de una larga y dramática historia.
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