La mansión de Margot permanecía en un inquietante silencio, solo interrumpido por el suave tictac de un reloj de pared. Margot, sentada con una copa de vino tinto, miraba por los ventanales con expresión severa. Giuseppe, de pie junto al escritorio, sostenía un sobre grueso en la mano. Las fotografías que contenía eran claras, reveladoras. —¿Así que la niñita está disfrutando de la buena vida? —soltó él, deslizando las imágenes sobre la mesa. Margot se inclinó para verlas. Cataleya, sonriente, caminaba por un centro comercial de lujo en Marbella; en otra, estaba junto a Mateo D'Angelo en un restaurante exclusivo frente al mar; y en una más, ambos en una playa privada, abrazados. —¿Dónde fue esto? —preguntó Margot, con un deje de rabia contenida. —Todo eso... —respondió Giuseppe, con to

