🌙 La brisa nocturna acariciaba los viñedos como si susurrara promesas antiguas. La villa estaba sumida en un silencio casi sagrado, roto solo por el sonido distante de una fuente y el canto esporádico de un grillo. Bajo una pérgola de madera cubierta por glicinas, una mesa para dos había sido dispuesta con exquisita sencillez. Velas encendidas, platos de porcelana italiana, y una botella de vino tinto recién descorchada. Cataleya apareció caminando descalza por el sendero de piedra. Vestía un vestido largo de seda marfil, con la espalda descubierta y finos tirantes que dejaban adivinar el contorno de sus hombros. El cabello lo llevaba suelto, con algunas flores frescas trenzadas al costado. Sus ojos miel brillaban más que cualquier estrella. Matteo ya la esperaba, recostado en el respal

