Cataleya se despertó al día siguiente con el recuerdo del beso de Matteo y la sensación eléctrica que la había invadido en el yate. La ropa nueva de su armario le daba una confianza inédita. Quería hablar con Matteo, no sobre trabajo o seguridad, sino sobre ellos. Se puso una bata de seda liviana que había comprado el día anterior, y se dirigió al ala privada de Matteo. Al acercarse, escuchó el sonido del agua cayendo. Matteo se estaba duchando. Se detuvo en el umbral, dudando si llamar. Pero la curiosidad, el recuerdo de la dureza de su cuerpo en la litera, y ese nuevo hormigueo que no la dejaba, la impulsaron a dar un paso más. Quería verlo. El sonido del agua cesó. Cataleya se quedó petrificada. Matteo abrió la puerta de cristal de la ducha y salió. No había alcanzado la toalla que c

