El ritmo de la música electrónica inundaba cada rincón del antro exclusivo de la costa. Luces neón, humo artificial y cuerpos vibrando al compás de los beats envolvían el ambiente de una energía casi hipnótica. En medio de la pista, Adam y Martina se dejaban llevar por el momento. Él, con una camisa negra entreabierta y un trago en la mano, la sujetaba por la cintura mientras sus cuerpos se fundían en una danza eléctrica. Martina, vestida con un vestido que brillaba bajo las luces y una sonrisa despreocupada, giraba sobre sí misma, riendo, libre como nunca. —¿Estás segura de que no quieres ir a un lugar más tranquilo? —le susurró Adam al oído, acercándose por detrás, dejando que su aliento le rozara la piel. —¿Y perdernos esto? —respondió Martina, alzando su copa y dándole un sorbo con p

