La Reunión de Negocios

1067 Words
Andrew salió del amplio baño que tenía en su recámara y se dirigió al hermoso y gigantesco vestier donde tenía todo tipo de ropa, diversos estilos, modelos, marcas y colores. Como para satisfacer los más mínimos deseos de un hombre que podía comprar prácticamente todo lo que quisiera, aunque él en realidad no era muy exigente ni tampoco era un hombre superficial y amante de las marcas. Por supuesto que si tenia gran cantidad de cosas de marcas muy reconocidas, pero no las compraba por la marca en sí, sino porque se ajustaban a sus gustos y estilos. Había un anaquel con al menos unos cincuenta pares de zapatos, que iban desde los de vestir hasta los deportivos.Con las cosas que había allí prácticamente no tenía que repetir ninguna ropa en muchísimo tiempo, meses, para ser exactos. Buscó en un colgadero donde había una gran cantidad de trajes elegantes y otros deportivos. Seleccionó un traje de corte inglés muy hermoso de color azul marino junto con una camisa blanca y los accesorios necesarios para combinarse. Hoy tenia una reunion bastante importante donde se discutirán los proyectos y presupuestos, alli se estaba jugando un contrato millonario mediante una licitación donde participaban las empresas mas importantes del país y él quería ganarlo. Mientras se vestía y se arreglaba para salir, su mente comenzó de nuevo a recordar un poco del pasado. Recordó aquel día terrible en que sus padres no habían llegado, a pesar de que a esa hora de la noche ellos nunca estaban fuera y si lo iban a estar por asistir a algún evento, reunión o fiesta entonces la señora Davies seria sustituida por la vivaracha Rachel, su baby-sitter de las noches… pero no era así, la señora Davies ya había ido a la ventana a asomarse innumerables veces y ya estaba bastante impaciente, porque lo había regañado cuando le había pedido un poco de leche y galletas, y la señora Davies jamás lo regañaba, sino, por el contrario, siempre le hablaba con mucha bondad. A esar de que apenas estaba por cumnplir los seis años, Andrew se recordaba de todos esos detalles, quizás porque al final fue un evento traumático que iba a cambiar su vida de manera radical; su mundo hasta ahora era despertar cada mañana con la suave voz de su madre resonando en la casa porque ella siempre estaba cantando, le gustaba cantar mucho, y para el pequeño Andrew escucharla era el símbolo de que su madre estaba allí, en casa. Luego él la llamaba y ella aparecía sonriendo en su habitación, lo cargaba y lo cubría de besos, luego le cambiaba la ropa después de asearlo y de enseñarle a cepillar sus dientes y a peinarse. Luego le servía un rico plato de cereal que él se comía con alborozo porque le encantaban los cereales que su madre le daba. El resto del día lo pasaba jugando con sus juguetes en la sala, o en el pequeño patio que había detrás de la casa. Así hasta la hora del almuerzo, para que el resto de la tarde lo pasara casi igual que la mañana, ya en la tarde cuando empezaba a oscurecer llegaba su papá, él escuchaba el ruido de su coche y salía corriendo a esperarlo en la entrada de la casa. Invariablemente su padre lo cargaba para luego darle algún dulce con un gran beso en sus mejillas, entraban en la casa y se entretenían jugando ambos o viendo la tele hasta que se iba a dormir, entonces su padre lo arropaba y le daba un beso de buenas en la frente. Entonces su madre se sentaba al lado de su cama y con un libro en la mano le leía relatos hasta que se quedaba profundamente dormido hasta el día siguiente. Esa era la rutina de Andrew Lawrence hasta ese fatídico día en el cual su mundo se volteó al revés. La angustia de la señora Davies estaba al tope cuando llegó el coche de la policía, la patrulla venía con las luces encendidas, lo que llamó poderosamente la atención del niño, este se asomo por la ventana para poder ver mejor el auto patrulla y pudo ver que el oficial hablaba con la señora Davies, luego de contarle la señora Davies se puso a llorar y saco su pañuelo de flores que siempre tenia a la mano. El otro recuerdo que tenia Andrew de todo ese día es que la señora Davies se acercó a él llorando con su pañuelo en la cara y lo abrazó muy fuerte, aunque él solo quería asomarse a la ventana para ver de nuevo la patrulla mientras ésta partía en la noche con sus llamativas luces brillando en el techo. Esa noche no hubo abrazos ni besos de sus padres, tampoco la lectura de un cuento o un relato, simplemente la señora Davies lo habia acostado luego de ponerle su pijama, lo habia arropado y se quedo con el haciendole cariño en su cabeza hasta que se quedó dormido. A partir de eso Andrew solo tenía vagos recuerdos, su tía Emma lo había venido a buscar y se lo llevó a su casa unos días. A él le gustó mucho porque acostumbraba a visitarla con sus padres y se divertía mucho jugando con sus primos. Luego para el funeral lo vistieron con su trajecito de domingo, no entendía lo que pasaba en la iglesia del pueblo, todo el mundo lo saludaba y lo abrazaba, algunos de ellos con lágrimas en los ojos, pero Andrew no entendía, cuando vio los dos ataúdes en el centro de la modesta capilla luterana, tampoco supo de que se trataba y nunca lo dejaron acercarse a ellos, luego de terminado el servicio su abuela Mary Durham había venido a buscarlo. A él le gustaba mucho estar con su abuela, recordaba que su padre lo había llevado varias veces a visitarla. Disfrutaba mucho de corretear por toda la granja, ver los animales, jugar con los dos perros de la abuela y comer cuanto cosa se le antojara, pero en especial, lo que mas le gustaba era comer los ricos pasteles que preparaba la abuela, en especial el pie de manzana. Andrew regresó al presente al sonar su teléfono celular, era Ronald Ashton, un ingeniero petrolero que trabajaba con él en la empresa cuando había comenzado a prestar servicios a otras empresas, y ahora era su mejor amigo.
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