Andrew tomó el celular que sonaba con una suave melodía sobre su cama y atendió la llamada.
—Hola viejo lobo —ese era el saludo acostumbrado de su amigo Ron cada vez que lo llamaba— ¿Estás preparándote para la reunión?
—Así es Ronald —le dijo con un poco de fastidio.
—¡Uyyy! ¿Qué te pasa hoy, viejo? Nunca me llamas por mi nombre completo a menos que estés molesto o que te pase algo…—había algo de preocupación en su voz— A ver, cuéntale al viejo Ron lo que te está pasando.
— No me pasa nada, viejo —siempre se trataban por el apelativo de "viejo" como sinónimo de la gran amistad que se tenían— Sólo que he estado recordando algunas cosas de mi niñez y juventud.
Hubo un breve espacio de silencio antes de que Ronald contestara, sin embargo a Andrew le pareció mucho más tiempo.
—Wow! —soltó finalmente antes de continuar— Viejo, sabes muy bien que esas cosas no son buenas para ti, ya lo hemos hablado cientos de veces. Hasta un psicólogo te diría lo mismo, sólo que él te cobraría, y muy caro jajajajajaja!
—Muy gracioso, Ron —dijo al mismo tiempo que estaba soltando una carcajada, el “enojo” entre ellos era cuestión de segundos— Sabes que no necesito ningún loquero.
—Pues creo que deberías ver a uno —le dijo en tono que sonaba a broma, pero también en serio— Creo que esas cosas te perturban más de lo que tú quieres reconocer, viejo
—Ok, Ron. Ya dejemos eso, ¿sí? —sonaba fastidiado, no le gustaba reconocer sus cosas más íntimas ni siquiera con su único y gran amigo.
—Está bien, viejo —Ronald Ashton pensó que su amigo no quería conversar de esas cosas en éste momento y que lo mejor sería que no siguiera con lo que le estaba diciendo. Andrew Lawrence solía ser muy callado y ensimismado. Ahora era un poco más abierto, pero su carácter era duro y severo, en especial cuando se enojaba.
—En vez de estar jugando al psicólogo porque mejor no me dices de que se trata ésta dichosa reunión si ya enviamos todos los requisitos que nos pidieron para la licitación.
—Ya te dije que donde se va a realizar el proyecfto es una enorme granja de una familia con mucho abolengo y dinero.
—Sí, eso ya lo dijiste. Lo que no entiendo es para qué tenemos que reunirnos con ellos.
—Bueno, lo que no me dejaste terminar de contarte el otro día cuando lo conversábamos es precisamente lo que me preguntas ahora, viejo.
—Lo siento, Ron —Andrew se disculpó porque sabía que a veces se desesperaba por los pequeños detalles que no quería saber, para ellos tenía a su segundo a bordo, Ronald Ashton.
—Disculpa aceptada, porque si me despidieras no creo que consiguieras a alguien que te soportara mas de un par de semanas a lo sumo, jajajajajaja.
—Ya deja la chanza, Ron —dijo volteando los ojos en blanco— Dame los detalles por favor, ya que esto es tan anormal.
—Así es, no es para nada normal. Te digo los detalles —el tono de Ron se volvió un poco más formal al comenzar a hablar de los negocios, era un hombre extremadamente eficiente en su trabajo y Andrew lo sabía.
Aparte de eso era un hombre muy agradable con el que había compartido muchas cosas y le había demostrado que era un hombre muy reservado y leal, lo que le había ganado para convertirse finalmente en el único amigo que Andrew tenía y en quien confiaba plenamente en todas las cosas, tanto, que Andrew dejaba los negocios en sus manos sin supervisar siquiera, algo que a Ronald no le gustaba, decía que esa confianza no debería ser tan extrema,pero Andrew no le hacía el menor caso.
—Y, además, para que lo sepas —continuó diciendo— La reunión de hoy no es sino una reunión previa.
—De qué estás hablando, Ron.
—Te digo que la familia morris quiere una especie de reunión de al menos un par de días en el crucero que ellos poseen.
—Pero, ¿es que están locos o qué? No entiendo la razón.
—Ya te la dije, querido amigo. Esas tierras que ellos poseen han sido de su familia por generaciones, y no quieren que las explote cualquiera.
—Sigo sin entender —dijo Andrew poniendo los ojos en blanco, típico gesto de fastidio que utilizaba con mucha frecuencia, casi todas las cosas le fastidiaban y algunas personas le eran especialmente aburridas y molestas.
—El viejo Clayton Morris es un hombre de negocios muy chapado a la antigua. No quiere entregar éste contrato a cualquier empresa, no importa que tanto dinero o capacidad tenga. quieren a alguien que les guste, en los negocios y en lo personal, por eso pidió conocer en persona a todos los dueños de las empresas licitantes.
—Pero eso no deja de ser una locura —exclamó Andrew con un poco de desesperación— Es absurdo incluso.
—Quizás desde tu punto de vista sea así, mi querido amigo —le dijo con paciencia Ronald— Pero son ingleses, a pesar de tener décadas en éste país, ellos no ven solo el negocio sino como manejan las cosas y si son dignos de trabajar con ellos.
—Oh diablos! —exclamó con algo de desespero Andrew— En total no son más que una de esas gentes raras que quieren hasta abrazarte como si fueras un sobrino lejano y darte besos en las mejillas!
Andrew puso los ojos en blanco de nuevo, recordaba a una vieja señora que acostumbraba a visitar a su abuela, la trataba a ella como si fuera su hermana y a él siempre lo cargaba y le apretaba entre sus rollizos brazos, donde luego lo sostenía por un rato sin dejar de darle besos en las mejillas. Era tan incómodo para él que no podía disimular su disgusto, tanto, que casi siempre se escondía cuando la veía venir hacia la casa, cosa que hacía con frecuencia porque solo vivía auna par de cuadras de la casa de su abuela. Pero invariablemente su abuela iba a buscarlo para que saludara a su “tía” Sarah. Lo peinaba y lo acicalaba, y si la ropa estaba aunque sea un poco sucia lo cambiaba a pesar de las protestas de Andrew.
Andrew trató de concentrarse en lo que le estaba diciendo Ron en ese momento, se sentía sumamente disgustado consigo mismo por esta nueva tendencia que estaba teniendo hoy, la de recordar el pasado a cada momento, en verdad esto no podia ser nada bueno.