Aurora Winter no volvió a su habitación después del entrenamiento nocturno. Se quedó sentada en el borde del campo de práctica, con las manos apoyadas en el suelo frío y la respiración todavía irregular. No estaba exhausta como otras veces; era peor. Su cuerpo funcionaba, obedecía… pero algo dentro de ella se había desacomodado. Como si ya no supiera dónde apoyarse. El cielo comenzaba a aclarar apenas cuando se levantó. No había dormido, pero tampoco sentía sueño. Caminó por los pasillos vacíos de la academia con una determinación extraña, automática, como si alguien más estuviera guiando sus pasos. No sabía que estaba siendo observada. —Está empezando a aislarse —susurró una voz desde las sombras—. Tal como dijiste.— —No la empujes todavía —respondió otra—. Cuando caiga, tiene que c

