La academia nunca había sido silenciosa incluso de noche, siempre había algo: pasos lejanos, murmullos de estudiantes estudiando tarde, magia residual vibrando en los muros antiguos pero esa mañana, cuando Aurora Winter abrió los ojos, el silencio era distinto. No era calma era contención. Tardó unos segundos en recordar dónde estaba: su habitación, la luz gris entrando por la ventana alta, el cuerpo todavía pesado por el agotamiento acumulado. Se incorporó lentamente, apoyando una mano en el colchón. El pulso le latía fuerte en los oídos, como si su cuerpo aún no hubiese decidido si seguir adelante o detenerse. Había pasado. No sabía exactamente qué, pero algo había cambiado. Cuando salió al pasillo, lo confirmó dos instructores adicionales custodiaban la entrada del ala académica. No

