Lysander había aprendido, desde muy joven, que las verdades más peligrosas no eran las que se gritaban, sino las que se escondían detrás de gestos mínimos, Una pausa demasiado larga antes de responder, Una mirada que evitaba encontrarse con otra, Un silencio donde debería haber habido enojo.Y Kai llevaba días acumulando silencios. No era solo por Aurora. Eso, Lysander lo sabía con una certeza incómoda los celos existían, sí, pero eran superficiales comparados con esa otra tensión que se le tensaba en los hombros, con la forma en que parecía medir cada palabra cuando ella estaba cerca, como si temiera decir algo irreversible. Aquella mañana, durante el entrenamiento avanzado, Lysander lo observó sin disimulo. Aurora estaba en el centro del círculo, con las manos abiertas y la respiración

