Capitulo 5

1265 Words
La tarde se estiraba con una calma inquietante. La lluvia había cesado, pero el aire seguía húmedo, cargado de algo que Valentina no podía identificar. Su mente no dejaba de dar vueltas a todo lo que había sucedido en las últimas 24 horas. Clara, el mensaje, el beso con Leonardo... Cada momento parecía entrelazarse con el siguiente, creando una maraña de emociones y secretos sin resolver. Al regresar de la conversación en el archivo, Valentina no pudo evitar sentir que algo estaba por estallar. La pieza del rompecabezas que Clara había puesto en su mente no hacía más que aumentar sus dudas. ¿Debería confiar en ella? ¿Y en Leonardo? Todos jugaban en un juego peligroso, pero ella no podía permitirse ser una simple espectadora. Se sentó en su escritorio, frente a la pantalla del computador, pero no veía nada. Solo la imagen de Clara apareciendo en la sala de archivos, su rostro tenso y cargado de advertencia, volvía una y otra vez. El peso de esas palabras se hacía más fuerte cada vez: “No confíes en él.” La puerta de su oficina se abrió de golpe, y al levantar la vista, vio a Leonardo entrar sin previo aviso. La incomodidad de su visita no pasó desapercibida. Él la miró, con una mezcla de arrepentimiento y preocupación. —Te he estado buscando —dijo, su voz grave y algo apretada. Valentina no le respondió de inmediato. Se pasó una mano por el cabello, intentando ordenar sus pensamientos. Sabía que debía enfrentarlo, pero no estaba lista para escuchar lo que fuera que él tuviera que decir. —¿Cómo te sientes? —preguntó él, acercándose al escritorio, como si estuviera buscando una forma de acercarse a ella sin presionar demasiado. —Como si todo fuera una mentira —respondió ella, sin mirarlo directamente. La franqueza de su respuesta hizo que Leonardo se quedara en silencio por un momento. Los recuerdos del pasado, sus propios errores, empezaban a pesarlo nuevamente. Él no quería que Valentina estuviera atrapada en ese torbellino de secretos, pero no podía evitarlo. El destino había comenzado a arrastrarlos hacia este abismo, y no sabía cómo detenerlo. —Entiendo que estés confundida —dijo, finalmente, con una voz más suave—. Pero necesito que confíes en mí. Lo que Clara te dijo… no es todo lo que hay. Valentina lo miró, sus ojos buscando algo en él. Algo que la convenciera de que no estaba jugando con ella. Pero el dolor de la incertidumbre era demasiado grande para ella en ese momento. —¿Y qué hay de ella? —preguntó, levantándose lentamente de su silla. No podía quedarse sentada mientras esa conversación ocurría. —¿Por qué no me dijiste que Clara estaba aquí, que seguía en la oficina? Leonardo no se apartó, no desvió la mirada. No podía mentirle más, pero tampoco sabía cómo decirle todo lo que realmente pensaba. —Clara sigue aquí porque no la han echado oficialmente. Pero te aseguro que su situación es más complicada de lo que parece. Ella fue… una pieza clave en un juego mucho más grande del que nadie aquí está dispuesto a hablar. Valentina dio un paso hacia él, desbordada por una mezcla de emociones que no lograba comprender. —¿De qué hablas? —su voz tembló, aunque intentó controlarla—. ¿Qué tipo de juego? ¿Por qué me siento como si estuviera siendo manipulada en todo esto? Leonardo cerró los ojos por un momento, como si estuviera buscando una manera de articular sus pensamientos. Cuando los abrió, su expresión era grave, pero también mostraba una vulnerabilidad que nunca antes había dejado ver. —Esto es más grande que nosotros. Mucho más grande, Valentina. Y cuando Clara empezó a descubrir lo que realmente estaba pasando aquí, se convirtió en una amenaza para todos. Las cosas que ella vio, las personas a las que se metió… todo eso tiene repercusiones. Incluso yo me metí en algo de lo que no puedo salir sin consecuencias. —¿Qué estás diciendo? —Valentina no podía creer lo que escuchaba. Cada palabra lo hacía parecer aún más distante, más atrapado en una red de mentiras. —Hay corrupción. Mucha corrupción, Valentina. Y no estoy hablando solo de contratos o negocios… estoy hablando de vidas. De personas que hacen lo que sea para mantener su poder. Yo… yo caí en eso sin darme cuenta. Y ahora, si quiero salir, hay algo más grande que me empuja hacia abajo. Valentina tragó saliva, procesando sus palabras. La revelación la había golpeado como un balde de agua fría. ¿Qué tan profundo estaba involucrado él en todo esto? Y lo más importante, ¿por qué ella? —Entonces… ¿me estás diciendo que todo esto no es solo un trabajo para ti? Que mis pasos, mis decisiones, están siendo controlados por algo que ni siquiera entiendo? Leonardo se acercó un poco más. Su expresión era de total desesperación. —No. Te lo prometo. Yo nunca quise arrastrarte a esto. Nunca quise que entraras en el medio de todo este caos. Pero desde el momento en que empezamos a trabajar juntos, te convertiste en una pieza esencial en todo esto. Ellos ya te están observando. Valentina lo miró, un nudo en la garganta. Sus ojos se llenaron de preguntas, pero no quería hacer más de ellas. Estaba cansada de la confusión. Necesitaba claridad. —¿Quiénes? —dijo con firmeza. —¿Quiénes son ellos, Leonardo? Él tragó saliva, y por un momento, estuvo tentado a decirle todo. Pero sabía que no podía. Había cosas que aún no podía revelar, cosas que podían destruirlo todo. —No puedo decirte todo, Valentina. No puedo. No por ahora. Pero sí te diré algo: si realmente te importa esto, si de verdad quieres saber la verdad, tendrás que confiar en mí. Pero hay un precio que debemos pagar. Y ese precio es más alto de lo que te imaginas. El silencio llenó la habitación mientras Valentina asimilaba sus palabras. Ella no quería seguir en la oscuridad, pero también sabía que dar un paso más en ese camino la expondría a más riesgos. A más secretos. Finalmente, habló. —Voy a confiar en ti. Pero si me sigues ocultando cosas, si me sigues metiendo en más mentiras, no sé si podré seguir. Leonardo la miró con seriedad. Fue un silencio largo, pesado, lleno de promesas y advertencias. —Te lo prometo —dijo él, con una voz tan grave que parecía que sus palabras cargaban todo el peso de la situación. --- Esa tarde, después de la conversación, Valentina se sentó en su escritorio, agotada. Las palabras de Leonardo seguían resonando en su mente, pero algo había cambiado. Ella ya no era la misma. Algo dentro de ella se había despertado, una fuerza que la impulsaba a seguir adelante, a descubrir la verdad, aunque estuviera plagada de sombras y peligro. De repente, un correo llegó a su bandeja de entrada. El remitente era desconocido, pero el asunto era claro: "Reunión urgente - No lo ignores". Valentina sintió un escalofrío recorrer su espalda. ¿Quién estaba detrás de esto? ¿Quién sabía que ella comenzaba a acercarse a la verdad? El mensaje estaba claro: "A las 7:00 p.m., en el bar de la esquina. Ven sola." --- El reloj marcó las 6:45 p.m. y Valentina salió del edificio con el mismo paso firme que había dado esa mañana, pero esta vez, algo en su interior le decía que no estaba simplemente caminando hacia un bar. Estaba caminando hacia lo desconocido.
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