Como Aisha y yo habíamos viajado en auto, no había tenido la oportunidad de conocer la terminal, donde habían demasiadas cosas culturales que me comió la curiosidad enseguida, olvidando por completo la razón principal por la cual estaba allí. Me acerqué a un puesto, donde habían algunos pasabocas muy extraños y arte en arcilla que no lograba entender, pero que se veía bonito como decoración. A mí hermano le encantaría tener un recuerdo de los Ángeles. Pedí una caja de unos dulces extraños y un pequeño recuerdo, que mostraba parte de la ciudad y su playa. Esperaba que dejase el enojo conmigo. La universidad estaba empezando a ser más complicada después de la integración y no quería seguir preocupada por él, aunque la tía me dijese que estaba bien. El hombre allí en el puesto me cont

