El resto del viaje fue en silencio. No me hubiese imaginado que terminaría siendo acosada por un vendedor sin darme cuenta y que además del señor Harvey me fuese a salvar de ello. Ya lo había pintado como un hombre que me había criticado por como vestía, y aunque fuese así, no era mi culpa vestir de la forma en que me gustaba más, la culpa es del hombre morboso que me viese más que un pedazo de carne delicioso. La sociedad estaba tan sumergida en que la mujer tenía la culpa por vestirse así, que nadie se daba cuenta que la culpa no era ni de la moda, ni de la mujer, ni de las madres que dejaban en libertad vestir a sus hijas como quisiesen, la culpa la tenía la sociedad y sus hombres malos, desencajados, que llegaban a creer que la mujer era una posesión o un premio. La mujer es un ser

