SAMUEL. Capturar a Damian fue más fácil de lo que esperaba. Bastó una llamada al número correcto dentro de la Interpol y un hackeo directo a su sistema. Unos cuantos clics y todo su asqueroso contenido quedó expuesto. Su red, su dinero, sus crímenes… cada uno de sus secretos ardiendo bajo el foco de la justicia. No tardaron en saquear su refugio como buitres sobre un cadáver. Sin recursos, sin protección, sin un maldito lugar donde esconderse, Damian hizo exactamente lo que predije: corrió. Pero no importa qué tan rápido huyas cuando el cazador ya tiene su presa marcada. Aproveché el caos como un depredador acechando en la penumbra. Entre el desorden y los gritos, un sedante potente hizo su trabajo con precisión. Damian apenas tuvo tiempo de darse cuenta de que su destino ya estaba sel

