JULIETA. Su cuerpo inerte sobre la cama es un recordatorio de la locura en la que me estoy sumergiendo. Si mis sospechas son ciertas, estoy bailando sobre la línea entre la vida y la muerte, jugando con fuego con alguien que podría consumirme por completo. Pero la verdad me llama, me devora por dentro. Y si para alcanzarla debo caminar directo hacia el infierno, que así sea. Rebusco en cada cajón, cada estante, cada rincón de esta maldita casa, con la paciencia de un depredador al acecho. Esa puerta siempre ha estado cerrada, un límite impuesto que grita secretos detrás de la madera. Y si Esquivel cree que puede mantenerme fuera, se equivoca. Algo me dice que la verdad que busco está ahí dentro, esperando a ser descubierta. Y no me detendré hasta abrir esa puerta, sin importar lo que enc

