SAMUEL. He visto el terror dibujarse en los rostros de quienes descubren lo que soy. Un miedo visceral, absoluto, que los consume desde adentro. Lo vi en los ojos de mi madre la noche en que decidí deshacerme de ella y de los parásitos que usaba para satisfacer sus propios intereses. Nadie jamás lo supo. ¿Quién sospecharía de un niño de diez años que apenas alcanzaba a entender las reglas del juego? Todos creyeron la historia que quise que creyeran. Me pintaron como la víctima, y lo fui… hasta que decidí que no volvería a serlo. En este mundo solo hay dos tipos de personas: los que pisan y los que son pisados. Yo nací para hacer lo primero. Julieta me observa, pero en sus ojos no hay miedo, ni asco, ni rechazo... No... Lo que brilla en su mirada es fascinación… como si al descubrir quié

