JULIETA. Él me observa en silencio, como si buscara las palabras adecuadas y no las encontrara. Es la primera vez que le confieso a alguien lo que hice. Aquel crimen del que no me arrepiento en lo más mínimo. En su momento, lo llamé justicia, y aunque sabía que no nos quedaría nada, lo quise así. Mamá estaba mejor sin él y yo también. —Solo eres una aficionada, Herrera—murmura con desdén—. Se necesita destreza y mucho más que un simple arrebato emocional para ejecutar las cosas con precisión. —Lo dice el hombre que tiene tanto control que casi mata a un policía a golpes en pleno campus —replico con una media sonrisa. Él tuerce el gesto, y sé que he dado justo en el blanco. —Eso fue diferente —masculla antes de girarse y salir de la habitación, aún completamente desnudo. Por un instan

