Salvatore, Anna y también Mario derraman lágrimas por sus mejillas; lo que estaban presenciando era tan hermoso que ninguno de los tres llegó a imaginar que iba a volver a suceder. —Gracias, por lo que hiciste por mí, de no haber sido por tu esfuerzo nunca hubiese podido salir de aquella pocilga —dijo Mario mientras aprieta con fuerza la cintura de Anna. —Ya me había hecho la idea de que nunca más te iba a volver a ver, no logras imaginar con cuánto esfuerzo tuve que luchar para que aquellos encargados de la prisión me lograran recibir el soborno. »Además fueron muy astutos, porque hace un año te iban a liberar y de un momento a otro te trasladaron a otra prisión, todo lo que había hecho para ayudarte a salir libre se había ido a la cañería; así que no me di por vencida y continué busca

