Capitulo 15

2260 Words
Me gustas… No, me fascinas mafiosa… Estamos sentados en la mesa de los novios, comiendo las exquisiteces que preparó esa mujer que se me sigue escabullendo desde que discutimos antes de la ceremonia… Debo decir que todo está a pedir de boca y que cada cosa que he probado me ha encantado, aunque la conversación con ella me tiene con un vacío en el estómago, que me tiene comiendo como cerdito. Después de terminar el último plato y antes del postre nos miramos con los chicos y ya sé qué me toca hacer de maestro de ceremonias para la sorpresa que les tenemos a las novias. —Bueno familia, ahora como padrino de los novios quiero pedirles que me acompañen a la pista de baile, sobre todo a las novias, por favor. Digo para que los chicos se preparen. —¿Qué te pasa mi rubio oxigenado? Te he visto molesto desde que Mel te llevó a la sala de novios. —Nada, hermano. Solo una pequeña mafiosa que se las da de orgullosa. —Deja a esa pobre chica en paz— me dice Ethan acomodándose el moño— ya he hablado con Lucía y ella nos apoyará, la chica es madre soltera y tiene muchos problemas, pero me dijo que le hizo prometer que haría todo lo que le pidieran. —Oh, claro, como no. Si la… —¿Qué hiciste? — me preguntan ambos con esa cara que ya sé que las cagué. —La amenazó con servicios sociales — les responde mi Hanni, llevando los bastones que utilizaremos. —¿Qué hiciste qué Nathan? —Ay ya qué, le dije que si trataba de sacar a Nicola del hospital la denunciaría a los de servicio social, pero fue la rabia del momento y la pelinegra se me escapó porque dos señoritas estaban espiando. —No nos culpes, estaban gritando en pleno pasillo y nosotras íbamos a buscarlos. —Perdón doña Sherlock, pero … —Tranquilo tío, te entiendo, estás usando la terapia de shock que usó la abuela con mi mamá y te diré que parece que hubo resultados porque escuché a la señora Lucía cuando hablaba con Gia, pero será mejor que se alisten, porque Thomas y Jex ya quieren que empiece todo. —Okey, espero que lo que estés diciendo sea cierto, Hanny bella, porque no me quedaré tranquilo hasta que ese niño esté bien. —Tuérzanse un pie o como quiera que se diga— esa es mi señal, así que me preparo y doy inicio al show, salgo al escenario preparado y le doy la indicación a Cam, nuestro DJ. —¡Cameron, música por favor! Los acordes de la música resuenan en la pista y esos tres locos salen junto a los demás y me uno en esta danza que parece una muestra de pavos reales a la que se unen todos los invitados aplaudiendo y vitoreando. Cuando la música está por terminar los novios se acercan a sus chicas y terminan con un beso apasionado que saca más de un suspiro y yo me fijo en mi objetivo que está junto a Val aplaudiendo. Me acerco cauteloso y cuando veo que Ethan toma a Val de la cintura me decido a actuar. —¿Me concede esta pieza señorita Piaggio?— ella me mira dudosa y antes de que hable le tomo la mano y la llevo al centro de la pista. —Yo… yo no soy una invitada, he venido a trabajar. —Tranquila, señorita Piaggio. Es solo un baile, mire… todos están disfrutando y no creo que se molesten, usted también es parte de este selecto grupo de personas. Poso mis brazos en su cintura y la obligo a que ella haga lo mismo alrededor de mi cuello, aunque trata de mantener una distancia entre nosotros la acerco más hacia mi pecho y quedamos mirándonos el uno al otro. —Gia, te quiero ofrecer una disculpa por lo que pasó hace un rato, sé que no debí amenazarte, me excedí, pero también quiero que me entiendas que desde que conocí a Nicco no hay nada más que me importe que su bienestar. —Podría ser un poco más amable al decirlo doctor. Yo también me disculpo con usted, pero para mí es complicado, no estoy acostumbrada a lidiar con personas tan intensas como usted. —¿Me encuentras intenso?— pregunto esbozando una sonrisa ladina. —Y mucho… Ambos reímos por la broma que hemos lanzado y continuamos nuestro baile, sin importar quién estuviera a nuestro alrededor. En este momento fugaz solo éramos ella y yo… Y era feliz. La música terminó y ella me miró dudosa, le hice un asentimiento para que se retirara tranquila. No quería enturbiar lo que había pasado entre nosotros, fue mágico. Me acerqué a los chicos y ahí noté que Bruno y Hanna no estaban. —¿Y los tortolitos número uno? —Se escaparon— dice Ethan entregándome una copa de champagne. —Esos dos me las van a pagar y con intereses. —Ay Hermana, déjalos ser. Ellos se fueron felices a disfrutar de su noche de bodas. —Una que debemos ir a disfrutar nosotros también, ¿te parece mi gatita huraña? —¡Tú no te mueves de aquí hasta el lanzamiento del ramo, baboso! —¡Enana! —Nada de enana, pitufina o lo que se te ocurra, hermanito. Se quedan y punto, ya bastante tengo que lidiar con esos dos no quiero también lidiar contigo y mi cuñis y amiga del alma está de acuerdo conmigo ¿Cierto Dana? —Absolutamente, cuñis. Tenemos que terminar esta fiesta de la mejor manera, antes que esos dos se terminen matando. —¿Qué pasó?— preguntamos con Ethan y Thomas al mismo tiempo. —Lo que tenía que pasar, Dani se enteró que Jex era el malo de la película y ahora no lo quiere ver ni en pintura. —Pero si con o sin que se enterara no lo quiere ver así, hermanita. Puede que sea una estupidez lo que estoy diciendo, pero yo creo que esos dos secretamente están enamorados el uno del otro. —¿Y recién ahora lo notas, hermanito? —¡¿Qué?! —Todos lo sabemos, pero los que aún no se enteran son ellos. —Y yo tampoco sabía, recién me vengo a enterar de este notición. —Es qué tú sólo tienes ojos para una bella chef y su hijo—dice Val elevando su copa y bebiendo animadamente. —¿En serio mi doctor favorito?— me pregunta Alma abriendo los ojos como platos. —¡Oye, yo soy tu doctor favorito!— le reclama Ethan a Alma quien se ríe como loca por el reclamo. —Es que tu eres mi hermano favorito. —No la cagues más, Alma. Mejor vamos a hablar con Gia por lo del pastel. —Excelente idea, yo los acompaño. —Era que no, mejor acompáñanos, pero por favor no abras esa boquita que dios te dio ante Gia. Ya te he escuchado hablándole y dejas mucho que desear si es que quieres conquistarla. —Eres muy mandona, Alma. —Y tú muy “pinga loca”, Nathan. —¿Qué es eso?— pregunto con cara de estúpido porque no lo entendí. —Pregúntale a Ethan, él tiene un doctorado en esa materia. —Alma, eres insufrible. —Hermanita, tu sabes que no miento y este va o mejor dicho iba por el mismo camino que nuestro precioso Ethan. —Pero se reivindicó y lo sabes, ahora solo tiene ojitos para mí. —Era que no, si lo tienes embobado y Sophia es tu arma letal. —No lo digas, delante de los mellizos que te van a odiar. —Esps viven en el espacio, hermana. Tranquila. —Hey, chicas. Sigo aquí. —Oh, Nath. Perdónanos, es que esta enana no aprende y yo me dejo llevar. —Es demasiada información para mí cerebro querida Val, pero sigo aprendiendo en el camino. —Pues, si quieres saber de qué estamos hablando puedes preguntarle a Dana, Dani y Ro. Ellas lo tienen más que claro. —Brujas. —Y mucha honra— me responden las dos y nos reímos juntos del buen momento. Entramos al lugar destinado para la cocina y las ordenes de mi principessa mafiosa se escuchan en todo el lugar. —¡finisci di decorare quelle torte! (¡Terminen de adornar esas tartas!) —¡Sí, chef!—responden al unísono los tres chicos que están afanados con las tartas sin siquiera levantar la cabeza. —Luis, ¿il caffè? (Luis, ¿el café?) —Preparato, Chef (Preparado, Chef) —Bene. Angelo, gli scones e i cannoli? (Bien. Angelo, ¿los scones y los cannoli?) —Pronto, Chef. (Listos, chef) —¿La torta nuziale? (¿El pastel de bodas?)— grita Alma en el medio de todas esas órdenes. —Pronto, chef. —Idioti (Idiotas)—Gia nos mira y luego le habla a las chicas —Ya todo está listo, Alma. —Grazie bella, entonces es hora de partir un pastel. Órdenes más, órdenes menos, la cara de cinco metros de la pequeña rubia y la enorme sonrisa de Thomas y Dana, se cumple con la tradición del pastel, más fiesta y baile, el lanzamiento del ramo de Dana que cae en manos de Rocío, su asistente y el de Daniela en manos de Melanie y todos comienzan a retirarse para descansar. Como puedo y sin que me noten, me escabullo de el grupo que aún está deambulando por la carpa y vuelvo a acercarme a la cocina improvisada. —Ragazzi, grazie mille per stasera. Hanno fatto un ottimo lavoro. (Chicos, muchas gracias por esta noche. Han hecho un excelente trabajo) —Grazie, Chef. Anche tu hai lavorato duro al nostro fianco. (Gracias, Chef. Usted también ha trabajado duro junto a nosotros). —Grazie a te Angelo, per essere stato un ottimo braccio destro (Gracias a ti Angelo, por ser una excelente mano derecha) —¿Vuoi che ti accompagni a casa? (¿Quiere que la lleve a casa?) —No grazie. Resterò fino alla fine. Vai a casa e riposati. (No, gracias. Me quedaré hasta el final. Ve a casa a descansar). —Anche tu (Tu, también)— el muchacho que hablaba con ella pasó por mi lado y casi me deja sin un hombro al chocarme frente a frente, pero no dijo absolutamente nada. Creo que iba molesto porque mi linda principessa mafiosa no le había dado la hora a sus movimientos de galán de cuarta. Seguí adentrándome en la cocina, para notar que ahora los únicos que quedaban eran personas lavando y secando trastes. —Hola, nuevamente. —Doctor, ¿Necesita algo? —Pues sí, me ha estado doliendo el pecho y me gustaría saber si entre todas esas cosas que tienes tendrías Valeriana para un té. —Sí, sí, claro, déjeme buscar y se lo preparo de inmediato. —Gracias— la dejé que hiciera lo que le había pedido y me senté en una silla que estaba frente a uno de los mesones, mientras miraba atentamente cada uno de sus pasos. —Aquí tiene, doctor. —Muchas gracias, de verdad lo necesitaba—Tomé la taza de té y además del aroma a de la valeriana sentí otro, bebí el primer sorbo y las explosión de sabores inundó mi paladar— Hibisco, pasiflora y manzanilla, extraña combinación. —Todos son agentes que sirven para relajar, lo aprendí de mi viejito, cada vez que Nicco tenía sus crisis y no podía dormir. —Interesante. Él debe haber sabido mucho, pues ninguno de estos es contradictorio con un tratamiento alópata. —Así es, se lo consulté al pediatra y eso mismo me dijo. —Sí, solo se debe ser cuidadoso con las dosis y el tiempo, pero en definitiva pueden ayudar mucho al paciente. —¿Duele mucho? —¿Qué cosa? —Bueno… eso… digo la operación. —¿Lo preguntas por la cicatriz? —Sí, eso… —Al principio duele como el infierno, pero cuando pasa el tiempo el dolor es pasable y uno lo llega hasta a olvidar. —¿Así será con Nicco? —Para nada, su cirugía es completamente distinta a las por las que yo pasé. Incluso la incisión es más pequeña. —Pero igual duele… —Como toda operación y el post operatorio. —Espero que no sea tan doloroso para mi Nicco, él ha sufrido tanto desde que nació— me atreví a tomar su mano y la miré a los ojos. —Quédate tranquila, tu niño está en las mejores manos. —Gracias por no dejarlo solo. —Es mi amigo. —Ya sabes a qué me refiero. —¿Lo sé? Ambos soltamos una risita y seguimos conversando por un buen rato, cuando el último de sus trabajadores se fue a su casa ella levantó sus implementos y los guardó en una pequeña maleta, sacó su celular y la vi entrando a la aplicación de Uber, así que la detuve y tomé su aparato. —Yo te llevaré a caso, Gia. —No se moleste doctor… —¿Volvimos a la normalidad? —Entonces, no te molestes, Nathan. —Pues como no tengo nada más que hacer y no quiero quedarme dormido al volante, acompáñame a tu casa. ------------------------------ Copyright © 2024 P. H. Muñoz y Valarch Publishing Todos los derechos reservados. Obra protegida por Safe Creative bajo el número 2408069042692
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