Lucifer
Esta pequeña humana era muy interesante.
Era la primera vez que la existencia de algún ser me inquietaba tanto. La mire en la pista de baile, había tomado un poco lo que la ayudo a liberarse y por fin relajarse. Ahora bailaba con movimientos muy sensuales atrayendo la mirada de todos los hombres que estaban alrededor.
Incluyendo la mía, que por más que lo intentara no podía dejar de mirarla, incluso las otras mujeres semi desnudas quedaban opacadas ante ella. Cara en forma de corazón, cabello azabache y grandes ojos verdes azulados, era hermosa y en ese diminuto vestido la hacía ver como un gran afrodisiaco, solo una mirada y podía tener a los hombres de rodillas.
Al principio pensé que era una trampa de mis hermanos, siempre queriendo que salga de mi oscuro agujero. Pero el tiempo en la tierra de un inmortal no era mucho, sobre todo si era un ángel caído destinado a estar en el inframundo. Al menos podía reinar entre las almas más siniestras del universo, controlaba mi propio mundo. Pero a pesar de todo estaba solo, podía ordenar a mi sequito de demonios y almas perdidas, ellos obedecerían sin dudar pero todo eran simplemente aburrido una monotonía que me estaba hartando.
Cuando el portal al inframundo se abrió lo vi como la oportunidad de volver a la tierra después de siglos. Además de engañar a un pobre idiota, abrir un portal al inframundo era un delito grave y solo se podía pagar llevando a una alma al inframundo. Jessa tendría que pagar las consecuencias después del el final de los tres días que estuviéramos juntos.
Pero considerando que mis hermanos estuvieron involucrados en nuestro encuentro podía cambiar ese veredicto. Hasta ahora además de mis hermanos y mi padre Jessa era la única que no era receptiva a mis poderes, era inmune y ni siquiera mis hermanos tenían el poder para volver a un humano inmune a los poderes divinos, no si querían sufrir un castigo peor que el destierro.
Eso volvía a Jessa mas intrigante porque era completamente humana, ni siquiera había ascendencia de ángel en sus venas. Solo era una mortal pero una que podía atraerme, desde que la vi por primera vez me atrajo fue como si me envolviera en una esfera de lujuria. Un poder que pocos tenían en mí.
Pero Jessa era especial, sentí que era la única que se atrevería a desafiarme sin importarle las consecuencias. Tenía un fuego en su interior que haría poner de rodillas a cualquier demonio. No podía usar mis poderes en ella sin embargo parece que la pequeña mortal logro algo en mí.
Me canse de mirarla bailar quería estar con ella y nada me detendría para lógralo. Fui a la pista de baile donde Jessa llamaba la atención por sus movimientos, joder ese baile debería ser un delito estaba hecho para torturar a los hombres. Fue bueno que usara mis poderes para impedir que los hombres la tocaran o se acercaran a ella.
No puede evitar tomarla por la espalda, sujetar su cintura y dejar que su trasero rozara mi entrepierna. Su olor, su ropa, su cuerpo me estaba volviendo loco solo quería que regresáramos al hotel o terminaría tomándola delante de todos.
— ¿Qué haces que me enloqueces?— ronronee en su oreja haciendo que un débil gemido saliera de su garganta.
Giro para mirarme de frente.
—No lo sé. Pero tú también me enloqueces— dijo.
Joder, podría asegurar que había bebido pero no estaba borracha, pero si tenía esa ligereza que el alcohol le había regalado, estaba más relajada y atrevida, muy atrevida. A veces me sorprende como puede ser inocente en algunas cosas y una fiera en otras, podía sentirlo ella tenía un fuego interior que podía hacer caer incluso al más perverso demonio. Yo era el rey del inframundo y una pequeña mortal me estaba haciendo perder la cordura.
Me acerque a ella y la devore con la boca la bese de una forma que supiera lo que me estaba haciendo. Fue como lo imagine, un combate por el dominio sabía que Jessa podía volverse una fiera con facilidad, me había mostrado su lado dulce e inocente pero ahora estaba descubriendo a una Jessa completamente distinta que no caerá de rodillas ante nadie.
Una autentica reina que puede hacer que todos tiemplen al verla.
Seguí besándola bajando mi mano hasta su trasero. Era el más exquisito afrodisiaco, solo un beso y había logrado hacer que mi polla se endureciera más de lo que estaba por su baile.
—Volvamos al hotel— dije cuando nos separamos— Regálame esta noche y te prometo que no te arrepentirás.
Dudo al principio lo que era inteligente un demonio común podía arruinar a una mortal y yo estaba por encima de los demonios. Pero que el infierno se congelara si le hacía daño a Jessa, la quería tener debajo de mí gimiendo como loca, desesperada porque me introdujera en ella.
Casi me burle de mí mismo, nunca tenia compasión por nada ni nadie. Muchas veces engañaba a los humanos para obtener sus almas y molestar a mi padre o dejaba que mis demonios sacaran a la luz los bajos y oscuros deseos de los mortales haciendo que cayeran en la tentación de su propio deseo.
—Solo por esta noche— murmuro.
No perdí tiempo de sacarla de ese lugar y llevarla al coche. Adoraba estos deportivos por la velocidad en que se podían conducir y hoy que mi paciencia y control estaban al límite fue placentero volar por la carretera.
Apenas cerramos la puerta de nuestra habitación en el hotel volvía besar a Jessa, esta vez fui más determinado queriendo tomar el dominio total pero no solo de su boca sino también de cuerpo. Le quite el diminuto vestido que traía dejándola solo en su encantadora lencería negra, ver su cuerpo de esa manera fue lo que al final logro que perdiera la poca cordura que tenía.
Desate mi corbata y con ayuda de Jessa logre quitarme el saco y la camisa al igual que el cinturón de mi pantalón. Volvía besarla pero esta vez fui más atrevido tocando una mejilla de su culo y levantándola para que envolviera sus piernas alrededor de mi cintura.
La lleve a la habitación principal de la suite que era donde yo me quedaba. La cama era lo suficientemente grande para lo que quería hacer con ella. Bese su cuerpo dejando pequeñas marcas en él quería que cuando despertara mañana recordara esta noche. Seguí bajando hasta su vientre donde quise tentarla más porque sabía lo que venía, cuando por fin llegue a sus bragas no dude en romperlas a lo que provoco que un jadeo de sorpresa saliera de ella.
—Eran mis favoritas— dijo algo enojada.
—No te preocupes me te conseguiré unas nuevas me gusta verte de n***o— dije con calma concentrándome en lo que quería.
Su coño.
Separe más sus piernas para tener acceso total a su botón rosa era la más dulce tentación y no dude por un segundo cuando introduje mi cara en sus muslos. Chupe su adorable botón rosa con fuerza adorando como sus gemidos inundaban la habitación, era el más exquisito manjar, totalmente dulce. Comencé a introducir mi lengua en su coño disfrutando de que estuviera tan mojada, preparada solo para mí. Seguí jugando con su botón rosa al mismo tiempo que introducía un dedo en su interior, sus paredes internas apretaron mi dedo dándole una dulce bienvenida.
Estaba apretada, deliciosamente apretada lo que confirmo mi sospecha de que no había tenido sexo en un buen tiempo. Estaba seguro que los hombres con los que estuvo antes no eran más que idiotas que nunca supieron darle un buen orgasmo, los humanos en especial los hombres suelen ser egoístas preocupándose más por su propio placer.
Que aburrido, para mí el sexo debe ser un intercambio mutuo dar y recibir. Mientras más diera más recibiría, había algo especial en ver a una mujer gemir de placer y verla rogar por más. Era la magia del sexo.
Y Jessa me lo estaba otorgando, puse otro dedo haciendo tijeras con los dos para lograr que se pudiera abrir un poco, era muy estrecha y temía que mi tamaño le hiciera muy dolorosa la entrada a mi polla.
—Más rápido— gimió— No te detengas.
Una sonrisa se dibujó en mis labios al verla así de expuesta.
—Pensé que no querías una aventura de una noche— me burle de ella.
—Cállate solo follame— exigió, ahí está la fiera que quería ver. Sabía que no solo era una chica asustadiza solo hay que provocarla para llegar a descubrir otra parte de ella. Pero siendo sincero me gusta todo, desde lo inocente que pude llegar hacer hasta su forma atrevida y fuerte.
Introduje un tercer dedo haciendo que mis movimientos se volvieran más rápidos, cuando sus paredes internas se apretaron a mí alrededor en formar de succión otra sonrisa engreída vino a mi rostro. Solo basto unos segundos para que se viniera en mis dedos. Joder solo eso basto para que mi polla se volviera una tienda de acampar en mis pantalones.
Maldije mientras me quitaba mis pantalones y ropa interior dejando al descubierto mi polla, disfrute viendo como los ojos de Jessa se abrían del asombro.
—Es grande— susurro.
Reprimí una carcajada.
—Por supuesto que lo es y sentirás cada centímetro—dije mientras me aseguraba que sus piernas estuvieran bien abiertas— Espero que disfrutes estos veinticinco centímetros de puro placer.
Acomode mi polla entre sus piernas dejando que el semen pre-seminal lubricara un poco más su entrada. Comencé a introducirla lentamente evitando que sintiera dolor ante la intromisión, hasta que de golpe introduje toda mi polla. Me detuve un momento dejando que se acostumbrara al tamaño.
— ¿Cómo te sientes?— pregunte.
—Me siento tan llena—jadeo—Muévete.
Ante su demanda comencé a moverme lentamente aumentando mis movimientos gradualmente, pronto la habitación se volvió a llenar de gemidos y jadeos pero esta vez no solo eran de Jessa, ni no de los dos.
—Más duro— exigió Jessa entre jadeos.
Por lo visto le gustaba sentir un poco de dolor, aparte mi polla de su coño por lo que emitió un gemido de protesta, pero solo lo hice para quitarla de esa posición de misionero y ponerla a cuatro patas. Volví a meter mi polla pero esta vez de forma más brusca, mis movimientos eran duros y rápidos. No escuchaba quejas de Jessa lo que me hizo sospechar que le gustaba combinar el dolor con placer.
Negué su culo mientras me introducía. Su coño era lo mejor, húmedo y apretado. Metí un dedo en su culo notando lo apretado que estaba, era virgen anal eso seguro, sus dos agujeros eran una tentación. Pero por ahora me tendría que conformar con su coño.
— ¿Te gusta verdad, nena? ¿Te gusta tener mi polla en tu coño?— me gustaba la charla sucia durante el sexo y estaba seguro que con Jessa obtendría algo bueno.
—Joder sí. Muévete más rápido— sonreí ante su petición.
Pronto su coño comenzó a exprimirme el m*****o, haciendo que gimiera de placer. Se corrió en mi polla no soporte más que otros dos empujones antes de venirme también dejando que mi polla explotara en su interior. A pesar de que sabía las consecuencias de ello.
Me deje caer al lado de Jessa, disfrutando de las réplicas del sexo.
—Eso fue bueno— dije con la respiración todavía entrecortada.
—Qué tal si lo hacemos otra vez— oh no hay manera de que haya escuchado bien.
— ¿Quieres hacerlo otra vez? — pregunte incrédulo.
Sonrió.
—Si quiero hacerlo otra vez— dijo sin duda.
Mierda, esta mujer seria mi perdición.