ILUSIONES
Descansaba mi cabeza sobre él, con mi oído pegado a su pecho, en esta posición era posible escuchar los laditos de su corazón, incluso podía escucharlo respirar. Tan sereno y cálido a la vez, era acogedor. El tacto de sus dedos subía y bajaba lentamente por mi espalda, apreciaba sus caricias.
― ¿Que enseñas? En tus clases. ― Pregunté, acariciando levemente su pecho.
― Ciencias y Biología avanzada.
Esboce una sonrisa involuntariamente, a mi parecer, no había nada más atractivo que un hombre inteligente.
— Científico y biólogo, además guapo, lo tiene todo señor inteligente.
― Me alagas.
― Deberías de sentirte alagado.
Le sonreí, aunque él no podía verme.
Había salido con un montón de idiotas con vidas más aburrida que la mía, sin embargo, Erik acaba de hacer la diferencia.
Me incorpore, subiendo sobre su regazo, me incline hacia delante, uniendo mis labios a los suyos. Y lo que pretendía ser un inocente y corto beso, se había convertido en uno sensual y cargado de deseo, con su lengua recorriendo cada rincón de mi boca.
― Ti sento giá bagnata ― susurro contra mis labios en un idioma que reconocía, pero no entendía.
Mordí mi labio inferior moviendo mis caderas suavemente.
― Dime más.
Sentí su erección crecer debajo de mí, provocándome.
Sus manos en mi cintura me cambiaron de posición, dejándome debajo de su cuerpo desnudo. Volvió a besarme efervescentemente.
― Mi fai impazzire. ― Gruño apretando mis piernas entre sus manos. Jadee en cuanto su erección rozo entre mis piernas. ― Voglio farti mia, Blair.
Que hablara en su idioma natal, me provocaba desearlo más.
Con mis manos lo hice a un lado, pero no demasiado, si no lo suficiente para poder liberarme.
— En la ducha.
Baje de la cama totalmente desnuda, encaminándome hacia el baño.
Deslice la puerta de cristal para poder entrar, giré la llave haciendo que el agua tibia cayera de la regadera por todo mi cuerpo, cerré los ojos y me sumergí por completo relajándome.
No me entere en qué momento había entrado, sin embargo, ya tenía sus labios en mi cuello provocando que me estremeciera, sus manos comenzaron por tocar delicadamente mis senos. Apretándolos ligeramente
Una de sus manos libero uno de mis senos y se deslizó por mi vientre hasta llegar entre mis piernas, frotando sus dedos con suavidad en la humedad que se escondía entre ellas. Me alejé un poco de él sin romper el contacto, estiré mi mano hacia atrás tomando su m*****o erecto y acariciándolo de la misma forma placentera con la que él me estaba tocando a mí.
Su boca hizo contacto con el lóbulo de mi oreja, un gruñido salió de entre sus labios.
Dejo de tocarme, lo sentí alejarse y su m*****o escaparse de mis manos.
Solté un suspiro permaneciendo quieta, el agua caliente continuaba cayendo sobre mí. En su ausencia, continue sus acciones brindándome el placer que tanto anhelaba.
― ¿Te diviertes sin mí?
Deje de tocar las partes de mi cuerpo en su presencia y me gire sobre mis pies, dándole el frente.
Le mostré una sonrisa inocente.
Vertió el jabón líquido sobre mi piel y paso sus manos por todo mi cuerpo, con delicadeza. Estiro su brazo detrás de mí cerrando la regadera.
Sus manos masajeaban mis hombros, mi cuello, mi espalda, mis senos, mi vientre, entre mis piernas.
Él toco más abiertamente.
—No creo que esto sea jabón — su voz se tornó ronca.
Mordí mi labio inferior.
Volvió a abrir la regadera, el agua que caía se llevaba consigo la espuma esparcida por mi cuerpo, con la ayuda de sus manos.
Me pegó de la pared acariciándome con más entusiasmo, no pude evitar soltar uno que otro gemido.
Separó mis piernas posicionándose entre ellas, rozo con su erección contra mí y poco a poco se adentró despacio, invadiéndome por completo, levanto mi pierna derecha y con su otra mano se apoyó de la pared empujando con firmeza.
— Ti farò mia, Blair ― gruño contra mi boca.
Me sostuve de su brazo y cerré los ojos.
Gemí su nombre en cuanto sus movimientos se intensificaron, arremetiendo contra mí con más fuerza, mis piernas se tensaron al mismo instante en el que contuve mi respiración. Me levantó por completo e instintivamente me abracé a él hundiendo mi cara en su cuello sin parar de gemir.
—Vieni con me, Blair — jadeó en mi oído.
Tire suavemente de su cabello mojado en cuanto mi cuerpo se tensó por el orgasmo, clave mis uñas en su espalda
Su respiración agitada, y los jadeos que abandonaban sus labios, me dejaban saber que él también había llegado a aquel orgasmo.
━━━━ ◦ ❖ ◦ ━━━━
Erik preparo el desayuno, y aunque me había ofrecido a ayudarle a prepararlo, no me lo permitió. De igual forma había sido lindo verlo ensuciarse de harina mientras preparaba los Wafles.
Le puse jarabe a mis wafles antes de comerlos. Llevaba fresas, arándanos y uvas por encima. Mas que deliciosos.
― ¿Te gustan? — pregunto sin dejar de verme con una leve sonrisa plasmada en su rostro.
— No quiero ser exagerada, Erik, pero son los wafles más deliciosos que he probado en toda mi vida.
— Lo sé — dijo en un tono engreído.
Esboce una pequeña risa antes de seguir comiendo.
— Las frutas le dan el toque, puedes ponerle cualquiera que desees.
Ya imaginaba los wafles de Adrián con el toque de las frutas, es muy probable que le gane a los de Erik.
No quería arruinar el momento, sin embargo, tenía tanta insistencia en pregunta, todo esto era nuevo para mí, normalmente cuando solía interactuar con alguien de manera s****l es porque ya llevábamos una relación. No me acuesto con hombres con los que no llevo nada claro... O no lo hacía, ya que me he acostado con Erik ya varias veces, y ese hecho me hacía sentir extrañada.
— ¿Estas bien? Pareces muy seria.
— Estoy bien, solo que... — hice una larga pausa, para pensar en si era necesario decir lo innecesario... pero la ansiedad me gano. — Todo esto es muy lindo, Erik, pero no es algo que yo acostumbre a hacer con quien que apenas estoy conociendo, y me refiero a todo en general.
— ¿Qué quieres decir?
— ¿Qué somos?
— Ah — susurro comprensivamente, desviando su mirada unos segundos, volver a verme y sonrió a medias — Somos humanos...
«Chistoso...»
Le mostré una sonrisa la cual se desvaneció al instante.
— Lo digo en serio.
Él se encogió de hombros.
— Pues, no lo sé, nada, supongo, es decir, solo hemos cenado, tenido sexo, hablado (?) — dijo eso último en un tono dudoso.
La última vez que me dijeron algo como eso, salí lastimada. Sinceramente esperaba otra respuesta de su parte.
Solté un suspiro echando el plato a un lado, sentía que todo se repetía otra vez.
— No sé qué quieres que te diga.
Estaba teniendo un Deja Vu con todo lo que estaba diciendo.
— Creo que debería irme.
— No, Blair, estábamos teniendo un momento agradable hace un momento.
Asentí a medias.
— Claro, pero lo acabo de arruinar con mis preguntas.
— No.
— Bueno Erik, pero tu expresión dice todo lo contrario.
Se quedo en silencio sin decir nada más.
Me levanté de donde estaba sentada y fui hasta su habitación por mis cosas, y luego volví.
— Bee no tienes que irte, olvidemos todo esto y quédate, veamos una película si quieres.
No...
— ¿Me puedes llevar? Por favor.
No dijo nada más y tomo las llaves de su carro.
Todo el camino a casa fue en silencio, un silencio incómodo.
En cuanto aparcó frente al edificio, intente abrir la puerta, pero él me lo impidió. Me congele un segundo por su acción, y antes de que pudiera reclamar algo empezó a hablar.
— Llevo todo el camino eligiendo correctamente mis palabras... No sé qué dije o hice exactamente que pudo haberte ofendido, y te pido disculpas.
— No hiciste nada, Erik.
Quite el seguro de la puerta con mis manos.
— Fue un placer conocerte.
Baje antes de que dijera algo.
Camine desganada hacia las escaleras.
— Oh oh, ¿Qué le hicieron a mi rubia? — Max puso una expresión triste.
Subí unos escalones y me senté a su lado, recostando mi cabeza de su hombro.
— ¿Qué paso? — pregunto en un tono preocupado.
— Nada — susurre apenas audible. — Solo estoy cansada, siempre es lo mismo.
No escuche respuesta de su parte, pero así era mejor.
━━━━ ◦ ❖ ◦ ━━━━
Jay solo se hecho a reír en cuanto termine de contarle todo lo que sucedió.
—Pobre Erik, tiene que andar soportando cosas de esta loca.
Lo fulmine con la mirada.
— No creo que estes lista para una relación tan pronto — comentó Adrián.
Puse los ojos en blanco.
—Seguramente estas muy sensible, es decir, hace poco de la última relación en la que has estado.
Adrián le dio la razón a Jay.
Ellos continuaban hablando, pero mi mente se concentró en otra cosa, y mirando fijamente a la pared, me di cuenta de algo...
—No usamos protección— murmure.
— ¿No te protegiste? — preguntó Adrián de manera reprobatoria.
—No — respondí apenas audible.
Levante la mirada apenada.
— ¿Estabas arriba o abajo? — preguntó Jay.
Su pregunta me desconcertó.
— ¿Qué tiene eso que ver?
—Todo lo que sube tiene que bajar — dijo sonriente.
Adrián golpeo la parte de atrás de su cabeza.
—Es un mito, idiota.
Luego de quejarse por el golpe de Adrián, los ojos de Jay se abrieron como platos.
— Oh Dios mío... ¡Voy a ser tío! — Exclamó con todas sus fuerzas.
«Esto no me puede estar pasando.»
Me fui a mi habitación en cuanto Adrián salió de la casa, unos pocos minutos después había regresado con la pastillita del día después, no estaba segura de sí funcionara, pero rogaba porque lo hiciera, no me imaginaba con un bebé en este punto de mi vida.
— ¿Y si me tomo 5? — pregunté mirando la cajeta.
—Si lo que quieres es morir y no evitar el embarazo, pues hazlo— respondió Adrián.
Solté un soplido.
—Me tomaré dos.
Tomé las dos píldoras en mis manos.
—Blair, es un anticonceptivo de emergencia, con que tomes una está bien.
Asentí. Puse una sobre mi cama y la otra la metí en mi boca, tomé un trago de agua al instante.
Toda esta situación me hacía sentir nerviosa. No me había pasado antes.
— ¿Por qué no duermes un poco? Pareces estar estrazada.
En eso tenía razón, igual me sentía cansada. Me mostro una sonrisa a medias antes de salir de mi habitación, dejándome sola.
La presencia de Jay entrando a mi habitación llamó mi atención.
— ¿Ya tomaste esa pastilla?
—Sí.
Se recostó a mi lado en la cama.
— ¿Qué tienes? — preguntó en voz baja.
— Es solo eso... Se sentía muy lindo estando con él.
— Entonces quédate con él.
Negue.
— Él hizo lo mismo, tengo ese presentimiento de que Erik va a ser igual, o peor, y lo menos que quiero es que me vuelvan a lastimar, y prefiero no seguir para evitar eso.
— Yo creo que tienes miedo, y estas paranoica... Y también creo que deberías de darte un tiempo para ti antes de iniciar alguna otra relación, pero sé que no lo harás, por lo que te puedo sugerir también, que le des el beneficio de la duda, aun no lo conoces realmente, y sería bueno que le platiques lo que tú quieres para que él te diga si puede dártelo o no.
A veces Jay no era tan idiota como parecía ser.
Le mostré una sonrisa.
— Gracias, lo tomare en cuenta.
Él sonrió por igual.
— Oye... quería decirte que tengo una cita con una chica muy linda, y al ser la primera quería comprarle un oso gigante, para que nunca me olvide, ¿Sería exagerado?
«¿El que nunca te olvide, o el oso gigante?»
— No creo, a las chicas nos gustan ese tipo de cosas — le mostré media sonrisa.
— Bueno, gracias, igual le llevare chocolates... Solo espero que ella que no sea como Julia.
Julia, ya me había olvidado de ella, era su antigua novia, y una muy mala persona.
— Descansa Be — se despidió antes de salir de mi habitación.
━━━━ ◦ ❖ ◦ ━━━━
Los toques en la puerta de entrada llamaron mi atención, por un segundo me pregunté quien tocaba la puerta, pero luego recordé que el único que venía aquí era Max, por lo que no moví ningún musculo de mi cuerpo de la cama. Planeaba quedarme aquí recostada.
Desde aquí se podía escuchar la entusiasta voz de Jay.
— Aquí está.
Fruncí las cejas llevando mi vista hacia la entrada de mi habitación, quedé un poco perpleja al ver a Erik.
«¿Qué busca aquí?»
Le dio las gracias a Jay antes de que este se marchara.
— ¿Qué haces aquí? — pregunte confundida.
— Supongo que te debo una disculpa, aunque realmente no entiendo porque te enojaste.
Suspire mientras me incorporaba.
— No me enoje.
— ¿Entonces?
Me encogí de hombros.
— Es todo lo que pasa, yo nunca me había acostado con alguien sin primero tener una relación amorosa con esa persona, y contigo es totalmente diferente... Y lo primero que pensé es que solo querías algo casual.
Su expresión fue de alivio. Una linda sonrisa delineo sus labios.
— Bonita, no a cualquiera le preparo el desayuno, quede embobado de ti en cuanto te mire la primera vez, y te dije muy claro, que quería ilusionarme de ti, y ya lo he hecho, por eso a pesar de todo vine hasta aquí, no me parece justo que te marches así sin devolverme mi corazón.
«Dios mío.»
¿Él era real? Esas palabras parecían haber sido sacadas de alguna novela romántica... Una muy bonita.
— Perdón, debí explicarme mejor antes de marcharme así.
— No te preocupes, no pasa nada.
Todo a mi alrededor me dio vueltas, solté un pequeño jadeo antes de recostarme nuevamente en la cama.
— ¿Estas bien?
— Si, es solo el anticonceptivo, me provoca mareos.
— No tienes que tomar eso — murmuro.
Sus manos acariciaron mi cabello despacio.
— Bueno, tener un bebé en estos momentos no están en mis planes.
— Que alivio saber eso, ya que soy incapaz de darte uno.
«¿No podía tener hijos?»
—No me mires así.
— ¿Así como?
—Con lastima.
Aparte mi mirada de la suya.
— ¿No te afecta?
—Lo he aceptado, estoy conforme con mi vida.
—Pero y si un día tu...
—No pienso en esas cosas.
Lleve mi vista hacia él otra vez.
— ¿Cuándo te enteraste? — pregunte con curiosidad.
—En mi adolescencia, el doctor dijo que la posibilidad de que embarazara a una chica sería una y media en un millón.
—Una y media, es algo ¿no?
—No es nada, Bee, eso es prácticamente un cero —Dibujo un cero imaginario con su dedo — Pero no es nada, hay cosas peores.
Sí, pero la incapacidad de tener hijos podía llevarte a un espiral de depresión, lo he visto mucho en mis clases. Aunque al parecer, esa pequeña limitación en su vida no parecía afectarle en lo absoluto.