SEDUCCIÓN
Había pasado una semana y no había recibido señales de vida Erik, quizás la cita no fue tan "perfecta" como el afirmaba que fue, quizás se había arrepentido respecto a mí, quizás ya no quería ilusionarse.
Tenía un millón de pensamientos rondando por mi cabeza desde hace cinco días, pensado en que tal vez dije algo que no debía.
Moria porque sus labios volvieran a besar mis mejillas como lo hicieron aquella noche.
El tono de mensaje de mi móvil me hizo estremecer, rápidamente lo tome... Si era él.
— Erik me invitó a cenar a su casa — comenté mientras observaba la pantalla de mi móvil.
— Felicidades — murmuró Jay.
— Pensé que se había olvidado de mí.
—Quizás lo hizo.
Ignoré el comentario de Adrián, a veces solo se comportaba como un idiota.
— Necesito buscar algo para vestirme.
Bajé del sofá y salí corriendo hacia mi habitación, abrí el armario y comencé a observar todo detenidamente. Era en su casa, por lo que opino que no debo utilizar algo tan elegante.
Tomé un vestido rojo de escote en V que iba ceñido a mi cuerpo.
Regrese a fuera para mostrárselo a Jay y Adri.
— ¿Qué dicen de esto?
— ¿Irás con vestido? — Pregunto Adrián.
Fruncí las cejas.
— ¿Qué tiene que vaya con vestido?
Se encogió de hombros.
— Pensé que tal vez querrías ir con algo, no sé, más difícil de quitar (?)
Puse los ojos en blanco.
— Tú debes de saber mucho sobre eso — murmuré.
Jay se hecho a reír.
— ¿Tú las desvistes a ellas o ellas a ti? — escuché la pregunta que le hizo.
—Una mutua colaboración — respondió Adrián con picardía.
«Perra...»
Jay me arrebató el vestido de las manos, para luego lanzármelo a la cara.
—Úsalo, es lindo y sexy, no tiene nada de malo.
Me mostró una sonrisa dulce.
Es muy lindo, y la verdad si quería ponérmelo, así que no lo pensé más.
Regresé sobre mis pasos en dirección a mi habitación, me vestí con el vestido seleccionado. Opte por utilizar poco maquillaje y unas zapatillas bajas.
Al terminar, le pedí amablemente a Adrián que me trajera.
—Llama si se propasa— murmuró. Peinaba su cabello mientras se veía en el espejo retrovisor.
Me incliné a su dirección dejé un beso en su mejilla.
— Cuídate.
Baje de su auto y camine hacia la entrada, toqué el timbre y esperé pacientemente a que abriera. No tardó en hacerlo.
La expresión en su mirada me hizo sonreír. Se hizo a un lado dejándome pasar.
— Sinceramente, supuse que no vendrías.
— Sorpresa — susurré mirando a mi alrededor.
La última vez que estuve aquí no presté mucha atención a los detalles de la casa. Tenía una linda decoración.
— Eres muy linda.
Ladee una sonrisa.
—Gracias — murmuré mientras seguía sus pasos.
Me llevo hasta la cocina, la cual tenía una decoración un poco lujosa, típica cocina de revista.
— Por favor, si gustas toma asiento, prepare lasaña — sacó una botella de vino.
Tome asiento en la isla de cocina.
— No sabía que cocinabas.
— Bueno, hay mucho de mí que no sabes.
Dejo una copa de vino a mi lado. Dejo la botella y se alejó.
— Me gustaría conocerte más — le dije.
— Y lo harás.
Asentí en respuesta. Tome más del vino que estaba en mi copa, me gustaba el sabor dulce que tenía.
— ¿Quieres ir al comedor o prefieres quedarte aquí?
Este era un buen lugar.
— Aquí está bien.
Dejo los platos uno al lado del otro, se sentó a mi lado y sirvió más vino en mi copa, acción la cual agradecí. Tome el tenedor para probar lo que él había preparado.
Para ser sincera, quede un poco sorprendida.
«Ay Abuela...»
Comí más de aquella lasaña hasta terminarla toda la que tenía en el plato.
— ¿Dónde aprendiste a cocinar? — pregunte para romper el hielo.
Me vio a los ojos antes de responder.
Aunque sus ojos eran de un color común, eran hermosos, ya que tenían el adorno de sus largas y abundantes pestañas varoniles.
Erik era muy guapo.
— Mi abuelo me enseñó a hacerlo, era realmente bueno en lo que solía hacer.
— Me hubiera encantado conocerlo — dije apenas audible.
— Seguramente a él también le hubiese encantado conocerte también.
Desvío la mirada a su plato.
Tal vez hablar sobre su abuelo no era un buen tema de conversación.
Tome mi copa y la mire fijamente.
— Definitivamente, ha sido la mejor lasaña que he probado en toda mi vida. — le di un trago a la copa.
— De igual manera... No está más rica que tú.
Deje la copa a un lado.
— Dime algo ¿Siempre andas haciendo ese tipo de comentarios inapropiados?
— La verdad no, pero me provocas a hacerlo.
Lleve mi vista a la de él, notaba el brillo que emitía su mirada, y la pícara sonrisa que relucía en sus labios.
— ¿Quieres más?
—... ¿Más?
— Lasaña.
Negue con la cabeza.
— No, gracias.
Se levantó y se llevó los platos vacíos. Tomé la copa y bebí de un solo trago el vino que le quedaba. Deje la copa vacía donde estaba antes de levantarme y alejarme de la cocina. Cada vez que echaba un vistazo observaba más cosas. Era una casa inmensa, me preguntaba como él podía vivir solo en tanto espacio.
— La sala de estar es muy linda.
Asintió con media sonrisa.
— La verdad si, aunque no paso mucho tiempo en ese lugar.
— Pues es una casa muy amplia, supongo que tendrás un lugar preferido.
— Así es, está arriba, te mostraré.
Asentí en respuesta.
— ¿Quieres más vino?
— Sí, por favor.
Vertió más del contenido de la botella en la copa y me la entrego, le di las gracias.
Me guío por las amplias escaleras. Le di un largo trago a la copa mientras seguía sus pasos. Recorrimos todo el pasillo, y al final de este hacia la derecha había otra escalera, pero esta era más corta y estrecha.
Él abrió una puerta que daba hacia la azotea, sentía la brisa unos segundos después. El espacio era muy lindo y tranquilo.
— Que lindo es aquí.
Recosté mi espalda del muro que estaba detrás de mí.
— Este es el lugar que más me gusta de toda la casa, es tranquilo.
Sí que lo era, sin mencionar la gran vista que lo acompañaba.
Tome el último trago que quedaba en la copa, para no desperdiciar su costoso y dulce vino.
Acorto la distancia, quitándome la copa vacía y dejándola a un lado.
— ¿Qué te gustaría de postre?
Divague en mi mente unos segundos.
— ¿Qué podrías ofrecerme? — Susurré un poco dudosa.
Ladeo una sonrisa mientras se acercaba más, tanto que podía sentir su respiración.
Toco mi mejilla delicadamente.
—Puedo ofrecerte algo dulce, quizás algo suave y delicado, algo, no sé, placentero — su voz se tornó ronca, con ese toque sensual y seductor.
Sus dedos se deslizaron por la piel de mi cuello lentamente, provocando que me estremeciera. Un suspiro de placer se escapó de mis labios.
— ¿Qué seria eso exactamente?
— Eso sería dulce besando tus labios, suave besando cada rincón de tu cuerpo, acariciarte con delicadeza, y placentero... — pego sus labios a mi oído — perderme dentro de ti.
Mordió el lóbulo de mi oreja y tiro suavemente de este, provocándome estremecerme y jadear.
— Erik...
— Piénsalo, Blair, podría extasiarte de placer hasta que enloquezcas, si me lo permites.
Dejo un casto beso en mis labios. Sus manos se deslizaron debajo de mi vestido, tocando la parte interna de mis muslos sin detenerse, acariciándome sobre la tela de mi ropa interior.
Jadee de placer mientras cerraba mis ojos.
—Entonces ¿qué dices?
Llevo su mano dentro de mi ropa interior, tocándome más íntimamente. Sentí sus dedos poco a poco sumergirse en mi humedad.
— Sí — jadee en respuesta.
— Así me gusta.
Saco sus dedos de entre mis piernas, y con sus dos manos tomo el borde de mi vestido, subiéndolo un poco más arriba de mi vientre. Se arrodillo en frente de mí, tomando mi ropa interior y deslizándola por mis piernas hasta sacármelas, enrolló las bragas en su mano y la llevo al bolsillo de su pantalón.
Sus labios hicieron contacto con mi vientre, bajando sus besos húmedos por mi piel, haciendo que mi corazón se acelere y clame por más.
Mordió mis muslos, apretando mi trasero entre sus manos.
― No tienes idea de lo duro que me pones, Blair.
Cerré los ojos y eche mi cabeza hacia atrás en cuanto me beso donde más anhelaba.
Jadee sin aliento.
Baje mis manos a su cabeza, acariciando su cabello y tirando de este suavemente, a la vez acercándolo más. Deje escapar un gemido tras otro, mis piernas se debilitaban con cada lamida y caricia de su lengua.
Quito mis manos de su cabeza y se puso de pie, desabrocho el botón de su pantalón y bajo el cierre antes de dejar su mimbro libre. Me acaricio con la punta de su pene repetidas veces, solo provocando que lo desee a un más.
Tomo mis piernas levantándome, cruce mis brazos sobre sus hombros, de un ágil movimiento consiguió entrar en mí lentamente. Llevo sus labios a los míos con dulzura, pasando su lengua con la mía.
A pesar de que sus embestidas eran lentas y precisas, surtían efecto de inmediato.
Gruño contra mis labios.
Arremetió contra mí con fuerza, pero paulatinamente, apretando mis muslos entre sus manos.
Volvió a gruñir contra mis labios antes de volver a besarme, callando mis gemidos.
Poco después los efectos del orgasmo no tardaron en arremeterme de la manera más placentera posible.
Sus labios se mi abiertos y su mirada cargada de lujuria revelaban sus deseos, esbozo media sonrisa coqueta para luego murmurar algo más:
― Segunda ronda.