DOS

1268 Words
CENA PARA DOS Elegí una vestimenta adecuada. Un vestido rojo vino de tul, corte princesa, quedaba a la mitad de mis muslos, las mangas cortas y caídas. Opte por unas zapatillas negras de tirantes no tan altas. Me maquillé sencilla, nada exagerado. Ondule mi cabello y ya estaba lista. Me observé en el espejo de cuerpo completo, cerciorándome de que todo estuviese en orden. Salí de habitación yendo hacia el sofá, me dejé caer sobre él, justo al lado de Jay. ―Y el glamur a la basura. ―Escuché a Adrián. Le mostré una sonrisa. ―¿Por qué estás tan linda? ―pregunto Jay confundido. ―¿Tenemos algo especial hoy? ¿Qué día es hoy? ―Hoy es el día de mi cita con Erik. ―Ya me voy ―dijo Adrián. Se levantó de donde estaba y se dirigió a la salida. ―Recuerda usar protección ―le guiñé un ojo. Sonrió a medias antes de marcharse. ―¿Tú crees que él realmente va al prostíbulo? ―murmuro Jay con la expresión pensativa. No teníamos la certeza de eso, pero, tampoco teníamos dudas, así que... ―Sí. Mire la hora en mi móvil, ya debería de bajar, ya casi era hora, solo faltaban unos minutos. ―Ya me tengo que ir. ―Te cuidas. ―Sí, adiós. Me despedí para poder irme. Ese olor a Marihuana que inundaba el pasillo de este piso. ―Que hermosa rubia. Resople al escuchar la voz de Max a mis espaldas. Estaba media enojada con él, ¿Razón? Es un estúpido. ―Max ―murmuré su nombre. Me di vuelta a verlo, había una sonrisa en su rostro, una un tanto picará. ―Jay me dijo que tuviste sexo ayer... sin mencionar que se escuchó por todos lados. Rodé los ojos. «No volveré a contarle nada íntimo a Jay...» ―Adiós Max. ―Adiós Rubia. Me giré para continuar mi camino. No quería seguir hablando sobre eso. Bajes las escaleras, al pisar el último escalón pude verlo acercarse, pero se detuvo en cuanto me vio. Lucia tan guapo. Ladeo una sonrisa. ―Vaya, que hermosa ―su voz hizo eco en mi cabeza. Sentí mis mejillas arder. ―Tú también luces muy bien ―dije apenas audible. ―¿Me permites? Me ofreció su mano, la cual tome sin pensarlo. Emanaba calidez, y rico aroma varonil. Me guio hacia afuera, donde estaba su auto, abrió la puerta del copiloto permitiéndome entrar. Abroche el cinturón de seguridad de inmediato. Todo el camino fue en silencio, pero era un cómodo silencio. Llegamos a un restaurante de apariencia elegante, el recepcionista nos llevó a una mesa para dos. Erik ordenó una botella de vino, al traerla, sirvió un poco en mi copa y la dejo en frente de mí, lo tomé y le di un sorbo, degustando el dulce sabor... pero me sabía igual a los demás, no tenía ni la más mínima idea de vinos. —¿Estás cómoda? —pregunto, mostrándose muy al pendiente de mi respuesta. Asentí con mi cabeza dándole una afirmación. ―Cuéntame sobre ti, Blair. «"Cuéntame sobre ti" ... ¿Qué se supone que le cuente?» ―¿Qué te gustaría saber? ―¿A qué te dedicas? ― Estudio psicología clínica en la universidad de Londres. Ladeo una sonrisa, como si le hubiese gustado mi respuesta. ―Psicología... ¿Qué edad tienes? Apoyo sus manos sobre la mesa, mostrando más interés. ―Tengo veintidós años ― tomé un trago de mi copa. ―¿Qué hay sobre ti? ―Bueno, me llamo Erik D'Luca, eso ya lo sabes, soy maestro en una universidad privada, y tengo veintisiete años. «Maestro... ¿Qué? ¿Vende sustancia o algo por el estilo?» En mi vida no he conocido a un maestro que viva de la manera en que él lo hace, ni donde lo hace, y menos siendo tan joven. ―Vives muy bien para ser solo maestro ―murmuré confundida. Asintió a media. A juzgar por su expresión, asumo que entendió lo que quise decir. ―Solía vivir con mi abuelo desde que puedo recordar, al morir me dejo gran parte de sus cosas, puedo decir que una parte de lo que tengo es herencia. ―Lamento lo de tu abuelo. Él sintió y volvió a sonreír. La mesera se acercó y dejo el menú sobre la mesa de manera sensual. Para ser sincera, no reconocía nada de lo que tenía este menú escrito, a excepción de la pasta. ―¿Qué se te antoja? Deje escapar un leve suspiro. Suelte el menú y lo vi a los ojos. —No tengo ni la menor idea, ¿tú que me recomiendas? —Ratatouille, puede que te guste, si es que no lo has probado antes. —No, no lo he hecho. ―Te va a encantar —afirmo con tanta seguridad. Erik pidió dos platillos, y otra botella de vino. La chica tomó los menús con la misma sensualidad con la que lo había dejado. «En fin...» ―¿Vives sola? Blair. Negué con la cabeza. ―No, vivo con mis amigos, Adrián y Jay. Asintió levemente. ―¿Y tus padres? ―Pregunté antes de tomar el último sorbo de la copa de vino. ― Mis padres viven en Italia, en ocasiones no vemos. ¿Qué hay de los tuyos? «Mis padres...» ―Mis padres viven en Australia, yo vine a Inglaterra a estudiar, con el tiempo decidí quedarme. ―Está muy lejos Australia. Extremadamente lejos, a causa de eso no podía ver con frecuencia a mis padres. La mesera regreso con las órdenes y dejo cada plato en su lugar, y la botella de vino la coloco en el centro, tomando la que ya estaba vacía, no se retiró sin antes volver a comerse a Erik con los ojos. No me consideraba ni posesiva, ni celosa, sin embargo, eso me molestaba, puesto que era mi cita. Olía muy bien. Tome el tenedor, y con cuidado probe un poco de mi plato. Levante la mirada. Y en la manera en la que me veía... ―¿Qué? ―pregunte confundida. ―Esa presión que hiciste al probarlo, es la misma que haces cuando te vienes. «¿Qué? ...» Sentía toda mi cara arder, no había recibido un comentario como ese anteriormente. ━━━━ ◦ ❖ ◦ ━━━━ ―Fue una noche perfecta. Le mostré una sonrisa. No era una experta, pero que un hombre diga que una cita fue perfecta sin que hubiese sexo de por medio, ya era mucho decir. Sin embargo, no se equivocaba. ―Opino lo mismo, fue lindo. Gracias por todo Erik. ―Es un placer, hermosa. Le mostré una sonrisa. ―Adiós, Erik. Acorto la distancia, besando mi mejilla con todo atrevimiento. El suave tacto de sus labios en mi mejilla me hizo sonrojar. Di unos pasos hacia atrás. ―Hasta luego —se despidió. Baje la mirada con media sonrisa antes de marcharme. Entre y subí cada escalón lentamente. Saque las llaves de mi bolso para abrir la puerta. Todo estaba oscuro, sin hacer ruido cerré la puerta y fui a mi habitación, los chicos ya deben de estar durmiendo. Me deshice de mi vestido y me puse mi pijama, me quité el maquillaje y recogí mi cabello en una trenza. Mi teléfono emitió el sonido de mensaje. Lo saqué de mi bolso y lo encendí. Desconocido: Que tengas dulces sueños princesa. Mordí mi labio inferior en una sonrisa risueña. Dejé el móvil en la mesita de noche y me metí a la cama sonriendo como una boba.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD