UNO

2142 Words
MI NOMBRE ES ERIK Despertar en camas ajenas no era mi costumbre. Era diferente, no recordaba nada de lo que había sucedido. Estaba envuelta en sábanas sobre una cama muy cómoda, que obviamente no era la mía, me incorporé mirando a mis alrededores. Quede un poco impresionada por la decoración de la habitación, puros lujos. Baje de la cama para buscar mi ropa, sin embargo, en el instante en que me levante, sentí incomodad, para ser sincera... Me dolía la v****a. Levante la mirada hacia arriba y cerré los ojos, respirando profundamente. «¿Qué había sucedido anoche?» —Veo que ya despertaste. Abrí los ojos rápidamente al escuchar aquella voz masculina cerca de mí. Se acercó a un más, pero a una distancia prudente. Sin pensarlo tomé una de las sábanas que estaban en la cama para cubrirme. Realmente era un chico guapo. —Nada que no haya visto ya —murmuro. Y atrevido. ¿Cómo era capaz de decir algo así? —¿Te conozco? —logré decir. Sus labios ladearon una sonrisa, una muy coqueta y atractiva. «Calma Blair, solo son tentaciones.» —Eso no te importo anoche —su tono de voz se tornó sensual. Aclare mi garganta. —Ingerí mucho alcohol anoche. —No, no es cierto. «Carajo.» Obviamente no había tomado mucho, nunca suelo hacerlo, y aunque recuerde todo lo que había sucedido, prefería hacerme la tonta y marcharme de una vez. —Lo que sucedió no se repetirá. Mire a mis alrededores intenta encontrar mi ropa. —Según tú, lo haríamos a cada momento, al menos eso dijiste entre tantos gemidos. Le di una mirada seria... Guapo, sexy y seductor; era perfecto. Cruce mis brazos asegurando las sábanas que me cubrían. Tenía que encontrar una manera de salir de aquí. —Sí, bueno, muchas veces suelo fingir. Alzo sus cejas. No me había creído, y sinceramente yo tampoco me había creído, tan solo recordar los sucesos de anoche, como se movía encima de mí, lo hábil que era su lengua, lo efervescente que eran sus caricias... —No creo que hayas fingido las cinco veces que tuvimos sexo. —Como olvidarlo, gracias a ti y a tu amigo, me duele la v****a. Baje la mirada involuntariamente hacia su entre pierna por un breve instante. —No es mi culpa que te guste el sexo rudo, amor, sin embargo, puedo hacértelo suavemente, para que no duela. Su mirada se desbordaba lujuria. No lo negaba, quería más, con tan solo contemplarlo. La voz de mi madre hacía eco en mi cabeza "Escucha tu corazón." Aunque era consciente de que no se estaba refiriendo a nada de esto. —¿Realmente lo estás considerando? —se acercó a mí. Quise retroceder, sin embargo, ya era tarde, ya tenía su lengua metida en mi boca, recorriendo cada rincón de ella y rozándose con la mía. «Dios...» Deje caer mis brazos a mi costado, la sábana que me cubría se deslizó por mi cuerpo hasta quedar en el suelo. Sus besos tenían un toque sutil, se sentía más que bien. Alejo su lengua de mi boca, mordiendo delicadamente mi labio inferior. Me empujó hacia atrás provocando que cayera acostada sobre la cama, se agacho arrodillándose ante mí, tomo mis piernas entre sus brazos. ―Permíteme mostrarte ―su voz se tornó pesada. Mi cuerpo se estremeció al notar lo que estaba a punto de suceder. Su boca se hundió entre mis piernas, su lengua recorrió toda la zona de mi v****a, provocándome soltar jadeos. Sentía calidez y humedad... No quería que se detuviera, su lengua presiono poco a poco, apreté las sábanas entre mis manos, tirando de ellas. Deslizo lentamente sus manos por mi cadera, subiendo hasta mi cintura, dejándolas ahí, agarrándome con firmeza. Dejo un último beso antes de levantarse y alejarse un poco. Se deshizo de la sudadera que llevaba puesta, dejándome admirar una vez más la estructura de su cuerpo perfectamente esculpido. Se deshizo de su pantalón, dejando en libertad al responsable de mis dolores vaginales... Se aproximó a tomar un preservativo de su mesita de noche. ―¿Serías tan amable? Me tendió el preservativo. Me incorporé para tomarlo, saque el látex de su envoltorio, me acerque un poco más tomando su m*****o entre mis manos, lo deslice hasta que quedo cubierto. Me dio indicación de que subiera más hacia el centro de la cama, abrí mis piernas dándole acceso. ―Despacio ―susurré. Ladeo una sonrisa. Se colocó en la entrada de mi v****a y presionó suavemente, empujo con delicadeza hasta quedar completamente dentro de mí. Movió su cadera de atrás hacia delante, gruño de placer frunciendo las cejas. Llevo su mano a mi cintura aumentando la velocidad. Puse mis manos a sus hombros. Deje escapar gemido tras gemido, envolviéndome en el aura de placer que él emanaba, tan cálido. Sus embestidas se volvieron bruscas con el tiempo. Cruce mis piernas alrededor de su cintura, acercándolo más a mí. Arquee mi espalda recibiendo cada espasmo que llegaba a mi cuerpo. Sus labios plasmaron besos en mi cuello. No había sido como lo de anoche, sin embargo, no estuvo para nada mal. Era un chico deseable. Se tumbó a mi lado, dejándome en libertad. Me incorporé. ―¿Dónde está mi ropa? ―En el sofá... ¿Ya te vas? Baje de la cama para buscarla. ―¿Qué pretendes? ¿Qué me quede? ― pregunte irónicamente. Pase mi vestido por mi cabeza, al contar de un segundo ya lo tenía en frente de mí, vistiéndose por igual. ―Si ―contesto. ―No. «No viviría.» ―Bueno, Blair, ¿Al menos no te gustaría saber mi nombre? ―No, honestamente... Esbozó una sonrisa... Angelical, haciéndome callar. ―Erik, ese es mi nombre, y no quiero que esto sea efímero, y sí, me quiero ilusionar. Su mirada me recorrió de los pies a la cabeza. Lo mire extrañada unos segundos antes de terminar de recoger mis pertenencias. Me gire para irme. ―Me agradas, y quiero conocerte más. ―Ya me tengo que ir ―murmure, esperando a que él se moviera de mi camino. ― Permíteme llevarte. ―No, pero gracias. Soltó un soplido. ―Bien, mañana, cena, a las ocho y treinta, pasos por ti. De verdad quiero conocerte más. «Solo una cena, Blair.» ―Bien... Una cena entonces. ━━━━ ◦ ❖ ◦ ━━━━ —¡Hasta que llegas, ya pensé que te habían secuestrado y que te encontraríamos muerta en una zanja! —Bufé sus palabras en silencio. Cerré la puerta en cuanto entre. —¡Me abandonaste, te olvidaste de mí! —Le grité fingiendo ofensa. Solté mi bolso en el desayunador y me dirigí a su habitación. Estaba recostado sobre su cama comiendo gomitas dulces, Mis, gomitas dulces... Tal cual amigo traicionero. —¿Dónde estabas? —Pregunto, viéndome con media sonrisa. Me recosté a su lado, quitándole la bolsa de dulces eh ignorando su pregunta. —Jay... —Mmm. —Me duele. Fingí un sollozo, a lo que él frunció las cejas con expresión de preocupación. —¿Qué te duele Bee? —Me duele la v****a. Sus ojos se abrieron de una manera exagerada, lucia sorprendido. —¿Tuviste sexo? —Chillo en voz baja. —Sí... Y mucho. En sus labios salió a relucir una sonrisa de felicidad, como si aquel dato hubiese sido algo increíble. —¿Qué? —pregunte al ver como se levantaba sobre la cama. —¡Ya era hora! ¡Tuviste sexo!... ¡Blair por fin tuvo sexo! —exclamo con felicidad. —No lo grites, nadie tiene porque enterarse pedazo de idiota —le reproche en un tono de vergüenza. —¡Que lo sepa el mundo entero! ¡Blair Kelly tuvo sexo! —volvió a gritar con más ganas. «Ay Dios mío...» Cubrí mi cara con mis manos. ¿Qué acaso tiene que hacer una escena cada vez que le cuento algo similar? —Blair ¿Tuviste sexo? —pregunto Adrián asomándose por la puerta. Iba a contestar, sin embargo, Jay se adelantó. —Y le duele la v****a —dijo entre risas. Lo fulminé con la mirada y le pegué en la pierna. —Blair —Adrián murmuro mi nombre en tono de desaprobación. Se retiró, como siempre hacía en un momento como este. —Jay, deja de decir que me duele la v****a —le reproche. —Pero tú lo dijiste. —Si, pero es Mi v****a, yo puedo decirlo cuantas veces quiera, tú no —le señale con mi dedo en forma de advertencia. —Sí, señora. Volvió a sentarse sobre la cama, tomando un aire serio. —¿Quién es él? —Hizo un pequeño baile con sus cejas. —Erik —dije su nombre de manera automática —su nombre es Erik, y es muy, muy guapo. Mi mirada se perdió en la pared que tenía en frente, recordaba la sutiliza de sus labios al besarme, y la delicadeza de su tacto al tocarme. —¿Te gusta? Me encogí de hombros. —Es lindo... ¿Sabes Jay? A veces me gustaría hacer lo que me dice mi corazón... Soltó un quejido, interrumpiéndome. —¿Qué estupideces dices? Tú siempre haces lo que te dice tu corazón. —Cállate Jay... No es lo mismo, es diferente esta vez, es que yo quiero algo, y sabes lo que quiero, pero es que todo son muy idiotas, solo buscan sexo y cosas pasajeras... Sin embargo, este chico, Erik, no lo conozco, solamente me acosté con él varias veces, pero, es como si existiera una química, sin embargo, los hombres como él no se fijan en chicas como yo, al menos de la manera en la que realmente me gustaría. Además, escuchar a mi corazón seria volver a sufrir otra vez. Hice una mueca por cómo se escuchaba eso. Puso su mano en mi hombro. —No eres una puta. —No lo soy, Jay. —Solo te acostaste con él una vez. —Varias veces, para ser sincera. —El punto es que no eres una puta. —Sé que no lo soy Jay, no hablo de ese tipo de chicas. Rodé los ojos. —Bueno, en ese caso... Eres una mujer hermosa e inteligente, si él no quiere tener algo serio contigo aléjate, para que no te lastime y yo no tener que romper, como dices, su lindo rostro. Lo miré a los ojos. Era el mismo discurso que solía decir siempre. —Él dijo que le agradaba y que quería conocerme, incluso me invito a cenar, pero es como te dije, es un hombre muy guapo aparentemente adinerado. La palma de su mano choco con su frente y se deslizó por toda su cara. Amaba hacerlo perder la paciencia. —Te dijo eso y te invito a cenar... ¿Ves que eres dramática? Por si no entendiste, él busca algo contigo, y no solamente sexo, si es como dice. Le mostré una sonrisa. —Nos vamos a casar y tendremos hijos —murmuré en un tono risueño. Baje de la cama. —Yo no dije eso, Blair. Se escuchaba serio. —El nombre de la niña rimara con el de él, y el nombre del niño rimara con el mío... — Me di vuelta a verlo antes de salir de la habitación —gracias por aclarármelo Jay, iré buscando las decoraciones pertinentes para la boda. Solté un suspiro antes de alejarme. —¡Yo no dije eso! Fui hasta la cocina y tomé asiento en el desayunador. —¿Quieres? —Adrián pregunto. —¿Qué es eso? Tome mi bolso para buscar mi móvil. —Macarrones con queso. —Entonces sí. Le mostré media sonrisa cuando dejo un plato en frente de mí. —Entonces, tú y Jay salen una noche, te desapareces y regresas al otro día —dijo en un tono interrogativo... y un poco reprobatorio si no me equivocaba. —Jay se olvidó de mí, me dejo sola con ese hombre. —¿Lo conoces? —pregunto. —No, solo nos acostamos... Y me invito a cenar, ¿Debería de ir? —Eso depende de ti, ¿Tú quieres ir a cenar con él? —La verdad es que no tengo nada que perder, todos nos merecemos una oportunidad, ¿no? —No. Esboce una pequeña risa. Tomé el tenedor y probé lo que tenía en el plato. —Puedes casarte. Adrián tenía un arte, en lo que en lo que cocinar concierne. —Gracias, pero ya me basta con ustedes dos, soy feliz así. Fruncí las cejas. —¿No quieres casarte? —En cuanto encuentre a la indicada, pero por ahora estoy bien estando soltero. No me sorprendía su respuesta, Adrián es un hombre decidido que sabe lo que quiere y cuando lo quiere. Algo que admiraba de él.
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