(Pv Aras)
Tuve que tener mucho cuidado de que los niños no se cayeran pero casi les di una paliza a los demás por dejarme cargarlos a todos a la vez.
Akarin trajo helado así que comimos un poco luego de la cena y al final cada quién decidió volver a casa. Para mi sorpresa, el chico insistió en llevarse a Junit para que jugara con Fiore y Fiona, la verdad la niña parecía mucho más tranquila por lo que Nico aceptó la idea al verla reír luego de tanto tiempo deprimida, de todas maneras quería llevarlas con un doctor que les ayudará a tratar la pérdida de su madre.
Ahora lo que si no esperé jamás en la vida fue que Lyla se fuera con Arisha ¿Porqué de todas las personas quería estar con ella? No es por ofender pero mi hermana no es precisamente un gran apoyo en este tipo de situaciones. En el camino a casa, seguía con la idea de que Lyla debía tener un caso más serio de depresión, o sino no me explico que haya decidido algo así.
En fin, cuando regresamos a la mansión fuimos a la sala a ver una película infantil para Anelis pero mi adorable angelito se durmió poco antes de la mitad.
—Mañana iré a comprar sus cosas— decía Marcos mientras la llevábamos a su cuarto.
—Si, dudo mucho que mañana salga temprano de la junta— le recordé—. Además mamá Lúa nos acompañará por seguridad así que no creo que se desocupe.
Me miró preocupado pero no dijo nada, sabía que no podía hacer mucho en esta situación pero su apoyo ayudaba a calmar mis nervios.
Dejamos a Anelis rodeada de sus peluches y le dimos un beso en la frente antes de irnos a nuestro cuarto, al ver que Marcos se quitaba la túnica supe que era el momento perfecto para mi motivante favorito.
Me acerqué por la espalda y besé su cuello haciendo que diera un saltito.
—Que lindo que aunque hagamos esto muchas veces sigues siendo tan tímido y nervioso como la primera vez— le susurré al oído haciendo que se pusiera rojo.
—Y-yo....— me miró con los ojos entrecerrados—. Sé que te gusta que sea así.
—Así es— le dije antes de darle la vuelta para quitarle los pantalones—, me gusta esa actitud tan adorable tuya de ponerte nervioso cada vez que te toco, que sin importar las veces que lo hagamos sigues siendo el nerd asustadizo que tanto adoro.
Sonrió antes de besarme y aproveché para apretarlo más a mí acariciando su redondo y blanco trasero, su pene ya estaba duro apretado en esa blanca prenda que lo hacía parecer un niño inocente cuando en realidad era un pervertido.
—Ve a ponerte lo que te compré el otro día— le ordené.
—¡P-pero Aras!— exclamó totalmente rojo—. Ese trozo de tela no cubre casi nada.
— Solo te estoy viendo yo— le dije en tono burlón—. Además, usaste uno parecido en nuestro último día de luna de miel y no vengas con la excusa que fue culpa del afrodisíaco, sé que disfrutas usar ropa interior de mujer en especial las prendas transparentes.
Se puso más rojo todavía pero aceptó antes de huir al baño y bañarse rápidamente, salió solo con una toalla y yo fingí estar muy interesado en mi celular mientras se escondía detrás de un biombo que compramos para otro de nuestros juegos, el hecho de que una pequeña pared de tela podía esconder a un excitado Marcos me encantó desde el primer momento, así que ya formaba parte de nuestros juegos junto con el espejo que ahora estaba detrás de este.
Me levanté de la cama y me acerqué hasta asomar la cabeza, donde un muy excitado Marcos se miraba en el espejo con una muy minúscula tanga negra que apenas cubría sus huevos ya que su erección sobresalía del pequeño trozo de tela.
—Te queda de maravilla— le dije haciendo que se asustara.
—¡Esta cosa no cubre nada!— exclamó avergonzado.
—Esa es la idea cariño— me burlé antes de acariciar sus nalgas—. Te ves tan hermoso que te mostraría ante todos solo con esa tanga para que mueran de envidia.
—¡Ah! N-ni se te ocurra— gimió completamente rojo.
—¿Y si te doy esa orden? —le susurré al oído.
Le di una nalgada haciendo que gimiera todavía más. Sabía que disfrutaba esa situación y si aplicaba mi poder de Amo no tardaría en obedecer aunque le diera vergüenza, después de todo le gustaba esa sensación de que alguien lo viera totalmente perdido en el placer y lo mejor era que sólo yo podía tocarlo mientras los demás sólo miraban.
Tomé la correa que escondí en mi bolsillo y lo hice caminar fuera del biombo, el cuarto no era tan grande como la casa anterior por lo que fue fácil que llegara rápido a la cama, le di un beso para debilitarlo todavía más y lubricarlo.
Tomé el aceite y saqué el pequeño hilo del tanga de su trasero hasta dejarlo de lado dejando su ano expuesto mientras sus bolas colgaban llenas de leche esperando ser ordeñadas.
Me acerqué y le di una mordida a su nalga izquierda haciendo que gritara, chupé un poco dejando la piel marcada y roja hasta que quedó muy visible, mañana tendría un chupetón bastante pronunciado.
Llené mi mano con aceite y comencé a lubricarlo haciendo que se estremeciera entre gemidos y suspiros, sabía que su cara estaba totalmente roja y sus ojos estaban dilatados de un n***o profundo cargado de placer, tomé el plub de la cola de perro y se lo puse de una estocada haciendo que Marcos gritara mientras botaba líquido preseminal.
—A-Aras.....por favor— gimió desesperado.
—Pero si apenas estoy empezando— le dije antes de colocarle el anillo en el pene—, así me aseguro que no hagas un desastre.
—P-Por favor.....másss...— gimió.
—Eres un pervertido— le susurré antes de darle una nalgada y acomodarle la tanga.
—¡La culpa es tuya!— me gritó.
—Cierto, pero si tú quisieras usarías tu palabra de seguridad para detenerme— le dije antes de tirar de la correa para sacarlo de la cama—. ¿Vas a usarla ahora?
Negó con la cabeza antes de mirarme, sin duda estaba excitado disfrutando de la humillación de ser sometido ante mi.
—¿Quieres que todos te miren así? ¿Totalmente perdido en el placer y con una erección monumental?
Su respiración agitada y su boca entreabierta lo hacían verse demasiado adorable, tenía tantas ganas de empalarlo hasta que se desmayara en mis brazos. Tiré de la correa y salimos del cuarto, estaba haciendo calor así que no hubo problema con que estuviera desnudo por lo que seguimos el pasillo pasando por mi despacho, hasta llegar al cuarto de juegos.
El nuevo lugar que teníamos para perder el control era mucho más grande y espacioso que el anterior, por lo que valió la pena que mi cuarto fuera más pequeño si tenía ahora dos pisos de máquinas y juguetes al igual que ropa, una cama más grande y hasta un baño con bañera de hidromasaje, las ventajas de ser príncipe y haber ahorrado todo este tiempo.
—Veamos ¿Qué podemos usar hoy?— dije en voz alta mientras miraba a Marcos totalmente excitado y respirando agitadamente—. Tal vez podamos jugar con el potro, y mientras tanto usamos un látigo ¿Qué dices cariño?
—S-Si Amo— gimió.
Lo llevé hasta el potro y lo ayudé a subirse para amarrarle los tobillos y también le puse unas esposas en las manos para asegurarme de que no intentara cubrirse, su rostro estaba rojo y su pecho se movía agitadamente haciendo que sus pezones estuvieran más duros, así que comencé a morderlos haciendo que comenzara a gemir más fuerte.
—¡Ah! ¡A-Amo!— gimió desesperado—. S-se siente bien....
—Dilo en voz alta cariño, no te oigo bien— le dije acercando mi rostro al de él, pero cuando trató de besarme me alejé haciendo que bufara molesto.
Se veía tan lindo cuando hacía eso, como un niño que le quitan su dulce favorito, pero lo conocía lo suficiente como para saber que disfrutaba esta situación.
—Amo...Quiero más— gimió más alto.
—Por supuesto, cariño— le dije antes de encender el vibrador—. Todo lo que quieras, para eso estoy aquí.
—¡Ahhhh!— se revolvía en el potro salvajemente mientras gritaba, había puesto el juguete al máximo de golpe y si no fuera por el anillo seguramente se correría.
Me alejé escuchándolo gritar desesperado, su cuerpo estaba perlado de sudor y su trasero estaba tan blanco que pedía a gritos ser azotado.
Así que fui a buscar un látigo azul oscuro un poco más grueso que con los que habíamos probado y me acerqué para pasarlo por su espalda haciendo que se estremeciera.
—Hoy vamos a probar este, es un poco diferente pero sé que te va a gustar— le avisé—. ¿Cuál es tu palabra de seguridad?
—Lluvia— gimió.
—Bien, manténla en tu mente y grítala si sientes que no puedes soportarlo— dije antes de alejarme lo suficiente—. Serán cuatro azotes pero me detendré si la dices, respira profundo.
—S-Si Amo— pude ver como comenzaba a temblar pero respiró tratando de calmarse, lo que más me gustaba era que pese a estar asustado no se negaba sin antes probar, adoraba esa parte curiosa de él.
Respiré profundo y solté la cuerda, sostuve el mango con fuerza y lo levanté, no quería darle en la espalda accidentalmente o lastimarlo demasiado así que controlé mi fuerza y ataqué.
—¡AHHHHHHHH!—gritó fuerte.
—¿Estás bien?
—E-estoy....bien— sollozó—. Continúa.
Traté de no ponerme nervioso y seguí azotándole, el grito se hizo más fuerte pero reconocí ese pequeño punto de placer donde Marcos me decía con su cuerpo que lo estaba disfrutando, lancé el tercero y esta vez fue un verdadero gemido.
—¡AMO! ¡ME VOY A CORRER! ¡NO PUEDO MÁS!
—Solo uno más Marcos— le dije sacándole el anillo—. Aguanta solo uno más.
Reuní un poco más de fuerza y golpeé su trasero, el grito que lanzó fue tan fuerte que me alegra que el cuarto estuviera insonorizado. Se corrió en su pecho salpicando todo incluso su cara y seguía botando leche, se veía extremadamente hermoso cuando lo solté y le quité la cola.
—Voy a tomarte una foto— le dije mientras lo llevaba en brazos a la cama—. Estás perfecto así.
Lo dejé con cuidado y acomodé sus piernas para tomar la foto en varios ángulos; su pecho y rostro manchados de semen, su trasero marcado con latigazos y su piel bañada en sudor, era la imagen de la perfección.
Comencé la sesión fotográfica mientras Marcos luchaba por mantenerse despierto, como si no pudiera verse más perfecto con esos ojos entrecerrados y su pecho moviéndose agitadamente.
—Te ves tan hermoso— le dije para que sus mejillas se colorearan.
—Eres un pervertido—me respondió—. Fue demasiado para mi.
—Cariño, si no hemos terminado—sonreí divertido—. Aún no te la he metido.
Me fui hasta un refrigerador y saqué una crema hidratante y unos cubos de hielo para regresar rápidamente al ver que se quitaba la tanga.
—Eres un malcriado— le dije.
—Y tú, un pervertido—gruñó—. No me has quitado las esposas.
—Ya te dije que esto apenas comienza mi querido pervertido— lo ayudé a colocar su trasero hacia mi dejando que se apoyara en su pecho y sus rodillas—. Me encanta tu culo tan blanco, puedo hacer tantas cosas con él.
No dijo nada, solo lo movió un poco en protesta por dejarlo en esa posición tan indefensa, conocía a mi pequeño nerd demasiado y eso era lo mejor de él; ante el mundo era un pequeño sabiondo enamorado de los libros y ante mi era un pervertido hambriento por probar toda clase de juegos eróticos sucumbiendo a la lujuria, hasta ahora mis hermanos y sus esclavos solo habían visto una parte de esa personalidad depravada suya pero la verdadera naturaleza de Marcos solo yo la conocía.
Comencé a ponerle crema por su cuerpo haciendo que lanzara pequeños chillidos por el frío, luego tomé un poco de hielo y lo pasé por las marcas de látigos haciendo que gritara más fuerte pero entonces una idea salió de mi cabeza y lo metí en su ano.
—¡IIIIhh! ¡Aras está frío! ¡Sácalo!— gritó asustado.
—Deja que se derrita en tu interior—le dije—, estás tan caliente que no tardará en volverse agua.
—Si me orino por esto te obligaré a cambiar las sábanas— me regañó avergonzado pero no convencía mucho diciéndolo en medio de gemidos y su pene una vez más erecto frente a mi.
—Claro cariño, yo mismo lavaré el colchón— me burlé de él antes de meter otro cubo de hielo—. Anda trata de sacarlo.
Pujó un poquito y salió la mitad pero volví a metérselo entre sus quejas, hizo lo mismo un par de veces pero igual los metía aunque ya el primero se había derretido casi por completo.
—P-Para ya....—susurró—. Si vas a meterla hazlo ahora.....por favor....antes de que haga un desastre....ni me has limpiado todavía.
—Es que quiero verte más sucio—le dije antes de meterle un tercer hielo mientras tomaba un consolador de plástico y se lo metía—. Me encanta verte tan manchado de semen que parece que hubieras nadado en leche.
—.....¿Quién eres? ¿Qué le hiciste a Aras?— me preguntó entre gemidos.
—Jeje no es mi culpa que mi marido se vea tan sensual con todo lo que le ponga—respondí—. Tal vez debo sacar la crema batida y jugar con tu pecho.
Ocultó su rostro en la almohada avergonzado, así que aproveché para guardar todo y quitarme la ropa, tuve que ponerme también un anillo para no correrme pero ya estaba muy adolorido así que haría un juego más y luego me correría dentro de él.
Tomé la crema batida y corrí a darle la vuelta dejándolo indefenso con las piernas abiertas, al ver mi erección gimió pero no dijo nada, agité la crema y la eché sobre sus pezones lo que hizo que gimiera excitado.
—Aras....llevas mucho ti-tiempo sin correrte—dijo mientras le colocaba un poco en su ombligo-. Te puede....hacer daño.
—¿Y qué sugiere mi pequeño amorcito?—le pregunté curioso.
—P-p-pues......—desvió los ojos nervioso no muy seguro de lo que quería decir—. E-el otro día....hiciste que Nico y yo.....les....h-hiciera un 69.
Solté el bote sin poder creerme lo que dijo ¿En verdad me estaba pidiendo eso? se veía como un cachorrito tembloroso con los ojos llorosos y las mejillas tan rojas como un tomate, además aún tenía restos de corrida en el mentón y los labios ¿Cómo iba a decirle que no a una criatura tan hermosa como él?
Lo besé intensamente lamiendo y mordiendo sus labios mientras nuestros p***s se frotaban excitándonos todavía más, cuando me separé sonreí al ver sus labios hinchados y un pequeño rastro de saliva caía por su boca.
Tomé una toalla húmeda y lo limpié un poco haciendo que sonriera.
—Si, eres tú Aras.
—Claro que soy yo, mi pequeño cachorro—le dije antes de quitarme el anillo—. Te advierto que estoy muy cargado.
—No importa, es la leche de mi Amo—aseguró sonriendo—. La tomaría toda sin problema.
Fue imposible aguantar la risa ante esas palabras, me acomodé sobre él con su pene saltando frente a mi cara rogando atención así que lo tomé envolviéndolo con mis labios mientras Marcos gritaba excitado antes de tomar el mío y pasar su lengua sobre este, el cuarto se llenó de sonidos de succión y nuestros cuerpos se frotaban llenándonos de crema creando un aroma todavía más delicioso entre nosotros, además el sabor de Marcos en mi boca mientras la suya chupaba estaba perforando mi cerebro como si se tratara de una droga.
Tuve que separarme porque sentía que iba a explotar.
—¿H-hice algo malo?— me preguntó asustado.
—Para nada amor....te prometo que otro día te doy tu leche— gemí antes de acomodarme entre sus piernas y sacar el consolador—. Pero si no te la meto ahora voy a perder la cordura, te necesito mi pequeño.
Parecía más aliviado al saber que no metió la pata.
—Vale, clávamela entera—dijo divertido—. Pero mañana quiero mi leche en mi boca....la de arriba.
Me reí divertido.
—Cariño, parece que tu boca de abajo se está escurriendo—me burlé mientras toda el agua salía.
—¡¿Y qué coño esperabas si me metes un....?! ¡AHHHHHHHHH!—no le dejé terminar ya que lo penetré de una estocada—M-malo.
—Si claro....como si no te encantara que te haga....esto—dije divertido disfrutando de las paredes de su interior—. Vamos arriba.
Me senté dejando que quedara sobre mi y de inmediato comenzó a cabalgar con maestría luego de la práctica que consiguió en nuestra luna de miel, mordí sus pezones devorando los restos de crema de su pecho y finalmente lo besé antes de liberar sus manos, las cuales volaron hasta mi espalda clavando sus uñas con fuerza.
—¡A-Aras....ya no puedo...!
—Si Marcos, corramonos juntos.
Un par de cabalgadas y finalmente nos corrimos, Marcos gritó aferrándose a mi espalda mientras yo mordía su oreja entre gemidos.
—S..Está saliendo mucho— sollozó mientras yo seguía llenando su interior.
—Te dije....que est-taba cargado— gemí mientras nuestros pechos se manchaban con su corrida.
Cuando por fin nos vaciamos caímos a la cama agotados, creo que me pasé un poco.
—Eso.....fue...increíble— susurró Marcos—. Tal vez....debamos dejar....una semana...entre juegos....me....corrí mucho.
—....Tal vez....—le dije antes de acomodarlo en mis brazos—. ¿Te gustó el látigo?
—Si...se sintió bien—respondió con una sonrisa—. Creo que podemos subir el nivel.
Besé su frente con una gran sonrisa, Marcos era maravilloso y pese a que se asustaba fácilmente nunca se negaba a probar cosas nuevas conmigo, adoraba a este pequeño nerd con todo mi corazón.
—Volvamos al cuarto— le dije antes de cargarlo.
—Tenemos un baño aquí— se quejó mientras íbamos a la salida desnudos.
—Ya pero estoy tan cansado que si nos bañamos aquí no voy a querer subir— aclaré.
—....Pues apúrate que tengo que ir— se quejó haciendo un puchero.
—¿Te llevo al jardín para que uses un arbolito, cachorro?
—¡No bromees con eso!
Me reí a carcajadas mientras salíamos del cuarto, Marcos molesto se acomodó en mi hombro y me mordió fuerte haciendo que gritara un poco.
—Ahí tienes para que dejes tus chistes— gruñó cruzándose de brazos.
—Vaya, mi cachorro está en su fase rebelde— me burlé de él recorriendo el pasillo—. Debo ir a vacunarte, no vaya a ser que tengas rabia.
Me sacó la lengua de una forma tan infantil que me pareció todavía más adorable, es curioso cómo un hombre de 29 años podía verse tan tierno haciendo gestos así.
Cuando llegamos al cuarto se soltó y corrió hasta el baño haciendo que me riera todavía más, busqué unas pijamas y las dejé sobre la cama antes de ir con Marcos para llenar la bañera con agua caliente además de burbujas aromáticas para aliviar el dolor.
—Huele bien—dijo Marcos entrando a la bañera.
—Lo mejor para mi pequeño—sonreí entrando a su lado.
Ambos suspiramos aliviados ante el agua calentita y el aroma a coco que inundó nuestras fosas nasales, nos lavamos uno al otro entre risas y salpicaduras, Marcos era adorable a su manera y eso me gustaba por que no fingía nada, era sincero, amable y gentil.
Aunque la verdad me pregunto cómo se las arregló para sobrevivir en el mundo siendo tan inocente antes de conocerme.
Mi pequeño tenía un defecto que hacía que me preocupara cuando estaba solo, era un desastre para mentir; no digo que sea bueno mentir pero su cara revelaba cuando estaba mintiendo u ocultando cosas y en muchas ocasiones no tenía ni que decir nada él solo iba y me decía cosas personales.
__Flashback__
—Marcos, te compré una caja fuerte para que guardes tus cosas.
El día que nos mudamos, les di a Marcos y a Anelis un tour por toda la casa, excepto el cuarto de juegos obviamente, al llegar a nuestra habitación les mostré que detrás del closet tenía una caja fuerte para guardar cosas muy importantes, pero además de eso le dije a Marcos que detrás del cuadro de nuestra boda sobre la cómoda había una caja fuerte solo para él.
—Esta es la contraseña provisional— le dije dándole un papel con los datos—. Eres libre de guardar todo lo que quieras en ella y no necesitas decírmelo.
—¿Estás seguro, Aras?— me preguntó revisando el papel.
—Confío en ti, no necesitas decirme todo, puedes tener tu vida privada sin problema— le aseguré—. Ya ves que ni te he preguntado la clave de tu celular porque sé que eso es privado, así que adelante guarda lo que quieras y cambia la contraseña, no tienes que decirme.
—Papi no tiene cave en el celular, papá Aras—dijo Anelis sosteniendo su peluche de tortuga—. Yo lo tomo para jugar por eso lo sé.
.....¿Qué?
—¡E-Es que a veces se me olvidan las claves y y....bueno pues...!— comenzó a decir nervioso—. Además serían solo ustedes los que tengan acceso a él y....
—......¡¿Cómo se te ocurre no tener una clave en el celular?!
Le eché una buena regañada antes de ir al cuarto de Anelis, que estaba justo al frente de nosotros, lo habían pintado de rosa claro y una alfombra violeta oscuro bastante linda, además ya estaba decorada con sus estantes de peluches y libros, su mesita de juego y además un escritorio para sus estudios, un baúl como los de Harry Potter estaba colocado frente a su cama que era tamaño matrimonial en caso de que vinieran sus primos de visita.
—Anelis, también te compré una caja fuerte para ti— le dije acercándome al escritorio donde había una pequeña cajita de la Bella y la Bestia con combinación—. Así puedes guardar todo lo que sea valioso para ti.
—¡Gracias Papá Aras!— exclamó emocionada antes de abrazarme.
—¿No crees que es un poco exagerado?—me preguntó Marcos.
—Anelis este año cumplirá los 7 años, entrará a la escuela y conociendo a sus tíos van a obligarme a que le compre cosas muy caras—le expliqué—. Así que para que se sienta más cómoda puede guardarlas aquí.
—¡Listo papá Aras!—dijo dejando su cajita de música y el broche que le regalé este año, además de la foto de su madre—. Guadé todos mis tesoros.
Al ver lo que tenía en la caja solo pude sonreír, era una niña tan maravillosa que merecía ser feliz toda la vida, la cargué y comencé a dar vueltas para hacerla reír mientras Marcos miraba divertido.
—Vamos a hacerle un marco a la foto de mamá— dijo mirándola emocionado—. Seguro que le encantará.
—Me parece bien, nada más deja que le de la contraseña a Anelis— dije mientras me sentaba en la cama—. Puedes poner la que tú quieras, pero debe ser alguna que recuerdes fácilmente.
—¡Si, señor!
Cuando le expliqué cómo se cambiaba fui a ver si Marcos ya estaba usando la caja fuerte y para mi alivio ya tenía la nueva clave, pero esa tranquilidad no duró nada.
—¡Listo! guardé mi pasaporte y mis documentos en la caja, además de mis collares de esclavo.
—.....Te dije que no tenías que decírmelo—gruñí molesto.
—¿Eh?.....ups—se disculpó avergonzado— ¡Pero ya le cambié la clave! Es mi fecha de cumpleaños así que no la olvidaré.
Me golpeé la cabeza con la mano, no podía entender como este Americano podía ser tan torpe.
La cuestión fue que tres días después el muy tarado se olvidó de la clave ¿Cómo coño puedes olvidar la fecha en que naciste? Lo peor no fue eso sino que desafortunadamente descubrí que la torpeza se hereda.
—¡Papá! ¡Papá Aras! ¡Olvidé la cave de mi caja!
—¿No la anotaste?— le preguntó Marcos.
—No, creo que era mi cumpleaños perooooooo.....Olvidé cuando es.
........Estos dos son un desastre ambulante.
__Fin del Flashback__
Salimos de la bañera y nos secamos tranquilamente, antes de salir vi la mordida que me hizo en el hombro y reí al ver que estaba muy marcada, mañana iba a presumirla cuando tuviera un pequeño descanso de la junta.
Antes de salir del baño noté que Marcos miraba algo bajo la cama, desde la semana pasada guardaba algo en una caja de zapatos, el muy torpe no se le ocurrió usar la caja para lo que sea que guarde ahí, no tengo idea de lo que es y una parte de mi tenía un poco de curiosidad pero si Marcos no quería que lo supiera entonces respetaría su decisión.
Aron me dijo que debía darle su espacio para que la confianza se mantuviera entre nosotros, incluso él siendo tan chiflado les había dado cajas fuertes a Kira y a Nico para que tuvieran su propio espacio para ellos por lo que yo haría lo mismo con Marcos aunque me matara la curiosidad.
Salí del baño cuando volvió a esconder la caja y se vistió rápidamente, tomé mi pijama y me acomodé en mi lado de la cama.
—Aras....mañana ten mucho cuidado— me pidió acostándose a mi lado.
—Descuida cariño, nadie va a hacerme daño— le contesté antes de abrazarlo—. Te aseguro que todo va a salir bien....pero te pido que tengas mucho cuidado con esos Tradicionalistas, como eres extranjero podrían tomarla contigo.
Asintió antes de cerrar los ojos.
—Te amo Aras.
—También te amo Marcos.