Capitulo 93

3383 Words
CAP 46.- —Disculpe, ¿podría repetirlo? —______ estaba mirando a su ginecóloga con los ojos muy abiertos. Era la tercera semana de octubre y acababa de someterse a sus exámenes ginecológicos. Se suponía que era un trámite para descartar posibles problemas de infertilidad. Pero los comentarios de la doctora indicaban que el examen no había tenido nada de rutinario. —Quiero que te hagas una ecografía. Mi secretaria se pondrá en contacto con el centro radiológico del hospital Mount Auburn para concertar la cita. Que te la hagan inmediatamente. Lo apuntaré en la petición —añadió, escribiendo rápidamente en el historial médico de _______. Ella sintió que se le encogía el estómago. —Entonces, ¿es serio? —Potencialmente serio. —La ginecóloga dejó de escribir y la miró a los ojos—. Ha sido una suerte que vinieras a visitarte ahora. He encontrado algo en uno de tus ovarios. Quiero saber de qué se trata. Ve a hacerte la ecografía. El radiólogo te hará un informe y a partir de ahí veremos lo que hay que hacer. —¿Cáncer? —_______ casi no se atrevía a pronunciar la palabra. —Es una posibilidad. O también podría ser un quiste benigno. Pronto lo sabremos. —La doctora Rubio siguió escribiendo—. No te saltes la ecografía. Es importante que sepamos de qué se trata cuanto antes. ______ permaneció inmóvil. Sólo podía pensar en Grace. —Cariño, estoy en pleno seminario. ¿Puedo llamarte cuando acabe? —preguntó Tom en voz baja cuando cogió la llamada. —Oh, lo siento. Me había olvidado. Nos vemos en casa. ______ estaba aturdida, tratando de no llorar. Al otro lado de la línea oyó pasos y una puerta que se cerraba. —He salido al pasillo. ¿Qué pasa? —Voy de camino hacia casa. Nos veremos allí. Por favor, pide disculpas a tus alumnos de mi parte. Colgó antes de echarse a llorar. La voz de Tom, tan paciente y cariñosa, le hizo perder el control de sus emociones. Acababa de esconder la cara entre las manos cuando el teléfono volvió a sonar. No tuvo que mirar la pantalla para saber quién llamaba. —Ho... ¿Hola? —¿Qué ha pasado? —Te lo contaré a la hora de la cena —respondió ella entre sollozos. —No, vas a contármelo ahora o cancelaré el seminario e iré a buscarte. Me estás preocupando. —La doctora ha encontrado algo durante el examen. Tom permaneció en silencio unos momentos. Luego inspiró hondo. —¿Qué es lo que ha encontrado? —Todavía no lo sabe. Tengo que hacerme una ecografía en el hospital Mount Auburn lo antes posible. —¿Estás bien? —Sí. —______ mintió lo mejor que pudo. —¿Dónde estás? —Volviendo a casa dando un paseo. —Quédate donde estás. Voy a buscarte. —Pero tendrás que anular el seminario. —No podría concentrarme sabiendo que estás sola y llorando. Quédate donde estás. Te llamo en un minuto. —Estoy bien. Sólo es la impresión. —No estás bien. Dame un minuto. —Ya casi estoy en casa. Nos vemos allí. Cortó la llamada. Maldiciendo entre dientes, Tom abrió la puerta del aula y canceló la clase. Mientras esperaban a que llegara el día de la ecografía, Tom recibió una llamada de su urólogo. Al parecer, su producción de esperma era normal. El profesor Kaulitz era gloriosamente fértil.(Entre paréntesis, debe destacarse que él nunca dudó de su fertilidad.) Sin embargo, el alivio quedó apagado por la intranquilidad que sentía por ______. Aunque exteriormente trataba de poner buena cara para no preocuparla, por dentro estaba muy asustado. ______ era joven y estaba sana. Claro que Grace también era joven y sana antes de ponerse enferma. Tenía cáncer de mama y habían tardado un tiempo en diagnosticárselo. Tom era un hombre fuerte y tan viril que no solía sentirse nunca impotente. Pero contemplar a su amada esposa dar vueltas por las noches en la cama lo hacía sentir indefenso. Ella era luz, vida, amor y bondad. Y era posible que estuviera muy enferma. Cerró los ojos y rezó. —¿Cariño? —La voz de _______ le llegó en la oscuridad. —¿Sí? —Quiero que me prometas una cosa. Él se volvió de lado para verla mejor. —Lo que quieras. —Prométeme que, si me pasa algo, te cuidarás. —No digas esas cosas —contestó de forma más brusca de lo que habría querido. —Lo digo en serio, cariño. Ya sea pronto o cuando sea una ancianita arrugada de pelo gris, quiero que me prometas que seguirás en la senda que has iniciado. Que serás un buen hombre, que vivirás una buena vida y que tratarás de encontrar la felicidad. Tom sintió que las emociones se le agolpaban en la garganta, impidiéndole respirar. —No encontraré la felicidad si no estás conmigo. —Encontraste la paz sin mí —susurró ella—. Encontraste la paz en Asís. Podrías vivir sin mí. Ambos sabemos que podrías. Él le apoyó una mano en el vientre y le acarició la piel desnuda. —¿Cómo puede nadie vivir sin corazón? Ella le cubrió la mano con la suya. —Richard lo hace. —Richard no es más que un caparazón hueco; una sombra de lo que fue. —Quiero que me lo prometas. Creo que has exagerado tanto al ponerme en un pedestal, que si me pasara algo temo lo que pudieras hacer... —Siempre tendré que luchar contra las adicciones, _______, pero no creo que vuelva jamás a mi vida anterior. —Con un hilo de voz, añadió—: Si lo hiciera, estaría realmente solo. —Te prometo que, desde donde esté, haré todo lo que pueda por ayudarte. —Su voz era un susurro desesperado. —Estoy convencido de que lo harías. Si tú fueras san Francisco y yo Guido da Montefeltro, vendrías en busca de mi alma, ¿verdad? —Te lo juro, aunque no creo que tu alma esté en peligro. Tom le acarició la mejilla con el pulgar. —Ya basta de esta conversación tan dramática. Si necesitas que te lo prometa para quedarte tranquila, te lo prometo. Pero no te atrevas a dejarme solo. _______ asintió, relajándose. CAP 47.- El día de la ecografía, Tom canceló sus clases para acompañarla. —Lo siento, señor, pero no está permitido que entre. Tom se irguió cuan alto era. Una mueca distorsionaba sus hermosos rasgos. —¿Disculpe? —le preguntó a la técnica, mucho más bajita que él. La mujer señaló un cartel colgado en la pared. —Sólo puede pasar el paciente. La familia debe esperar fuera. Tom puso los brazos en jarras, con lo que la chaqueta se le abrió amenazadoramente. —Es mi esposa. No pienso dejarla sola. —La ecografía media no suele durar más de treinta minutos. En seguida estará con ella. —La técnica le hizo un gesto a ______ con la cabeza—. Señora Kaulitz, ¿me acompaña? Tom la agarró del brazo, deteniéndola. —Iremos a otro hospital. Ella cambió el peso de pie varias veces. Prácticamente estaba bailando. —Me han hecho beber cinco vasos de agua. Me muero de ganas de hacer pipí. No me hagas volver a pasar por esto. —No pienso dejarte sola —insistió él, con los ojos ambar llameando. —No podemos alargarlo más, Tom. El tono de voz de su mujer pareció sacarlo de un trance. Parpadeó varias veces. —¿Y si hay algún problema? La técnica se aclaró la garganta y volvió a señalar el cartel. —No estoy autorizada a comunicar el resultado de la prueba. Sólo el radiólogo puede escribir el informe. Y él se lo envía directamente a su médico. Tom soltó unas cuantas maldiciones variadas y lanzó una mirada tan agresiva hacia la mujer que ésta sintió como si la empujaran contra la pared. —Todo irá bien, cariño, pero si no quieres que me explote la vejiga aquí mismo, tienes que dejarme entrar —dijo ______ cruzando las piernas. Tom la miró mientras desaparecía tras la puerta, sintiéndose furioso e impotente al mismo tiempo. Dos días más tarde, ______ fue a la consulta de la doctora Rubio para conocer el resultado de la ecografía. Su marido la acompañó. —Fibromas —anunció la doctora triunfalmente—. He leído el informe y he visto la ecografía. Estoy de acuerdo con el diagnóstico. —¿Qué son fibromas? —preguntó ella, dándole la mano a Tom. —Son tumores benignos que crecen dentro o fuera del útero. Son muy comunes. Según el informe, tienes dos. —¿Dos? —preguntó ______, asustada—. Pensaba que sólo era uno. —Yo encontré uno durante el examen ginecológico. Al estar en la parte externa del útero, pensé que estaba en el ovario. Pero hay otro más pequeño más abajo, en la parte frontal del útero —explicó la doctora Rubio, haciendo un dibujo de las partes íntimas de ______ mientras Tom trataba de no desmayarse. (Debe tenerse en cuenta que su amplio conocimiento en temas uterinos venía dado por experiencia práctica, no visual.) (jajajja q pinche Tom con su desmayo, que poco aguante xD) —El grande tiene unos cinco centímetros. El pequeño unos tres —aclaró, señalando el dibujo con el bolígrafo. _______ se mareó un poco y apartó la vista. —¿Hará falta operar? —preguntó Tom, ignorando el dibujo y clavando la mirada en los ojos de la doctora. —No necesariamente. —La mujer se volvió hacia la paciente—. Si no molestan, solemos dejarlos. Te recetaré píldoras anticonceptivas. Las hormonas de la píldora frenan el crecimiento de los fibromas. —¿Y los fibromas afectarán a la fertilidad? La doctora Rubio releyó la historia clínica. —Ah, sí, veo que queréis tener familia más adelante. »Los iremos controlando. Al estar situados en la parte externa del útero, no creo que afecten. Sin embargo, si te quedaras embarazada habría que vigilarlos de cerca. Los fibromas suelen crecen durante el embarazo porque los niveles hormonales se disparan. Pueden ocupar parte del útero y forzar un parto prematuro. Pero ya nos ocuparíamos de eso llegado el momento. »De momento, esto son buenas noticias. Me gustaría que volvieras dentro de seis meses para hacer una nueva ecografía de control. Ahora te doy una receta para la píldora y dentro de seis meses hablamos. ______ y Tom intercambiaron una mirada antes de darle las gracias. Esa noche, Tom estaba despierto en la cama, mirando el techo. Una inexplicable sensación de terror se había apoderado de él. Con cuidado de no despertar a ______, se levantó y fue al estudio. Encendió la luz, cerró la puerta y se dirigió al escritorio. Minutos después estaba buscando «fibromas» en Google. Eligió una página que parecía seria y empezó a ver imágenes de fibromas extraídos mediante cirugía. En ese momento se desmayó. (JAJAJAJAJJAJA!!! QUE CAGADA!!! YA LO IMAGNO, SIGUIENTE CAPS :D) CAP 48.- Tom no tuvo que esperar mucho. La ultima semana semana de octubre se sometió a la reversión de la vasectomía. Esta vez fue ______ la que se saltó las clases para acompañarlo al hospital. La mañana de la operación se despertó oyendo las notas de Fever, cantada por Peggy Lee. No era el tipo de música que Tom solía escuchar por las mañanas, pero la elección sonaba prometedora. Se puso la bata y se acercó al baño. Él estaba delante del espejo, afeitándose. Tenía el pelo húmedo de la ducha y las puntas se le empezaban a rizar. Estaba desnudo de cintura para arriba. Una toalla de color azul oscuro le colgaba de las caderas. Un gran deseo de recorrer el músculo en forma de uve que le empezaba bajo el ombligo se apoderó de ______. Como de costumbre, Tom había usado una brocha clásica para extenderse la espuma de afeitar sobre la cara. Sus ojos, del color de los wiskies, se clavaban en el espejo tras el cristal de las gafas. Se llevó la navaja a la cara y empezó. —¿Espiando desde la puerta, señora Kaulitz? —le preguntó sin mirarla. —He oído la música y he venido a ver qué era lo que te estaba causando fiebre. Él se detuvo y le dirigió una mirada abrasadora. —Creo que ya sabes la respuesta. —Sé lo que me eleva la temperatura a mí. No hay nada más sexy que ver al hombre que amas afeitándose. Él aclaró el jabón de la navaja. —Me alegra oír eso, ya que tengo que hacerlo cada día —replicó, con los ojos brillantes—. A menos que te hayas aficionado a mi barba. Me parece recordar que la disfrutaste bastante anoche. Bajó la vista hacia los muslos de ______. Ella se ruborizó al recordar la noche anterior... tumbada de espaldas, con la incipiente barba de Tom entre las piernas... Él agitó una mano delante de sus ojos. —Un penique por tus pensamientos. —Perdona, ¿decías? Tom se echó a reír. —Te he preguntado que cómo estás esta mañana. —Ah, bien, muy bien. ¿Y tú? ¿Estás nervioso? —No mucho, pero me alegro de que me acompañes. Tengo que estar en el hospital a las diez, lo que nos deja un montón de tiempo para actividades extracurriculares. En seguida acabo de afeitarme. Ve pensando en algo que me ayude a superar las próximas tres semanas. Siguió con el ritual del afeitado, moviendo la navaja hábilmente. —Se me está ocurriendo algo. —______ se acercó y empezó a besarlo en la espalda. —Creo que deberíamos esperar a que acabara de afeitarme. Me estás distrayendo. —¿Ah, sí? Ella insistió. Esta vez, mientras lo besaba le acarició los hombros, sintiendo cómo se tensaban. —No puedo contenerme, Profesor. Me gusta tocarte. Le resiguió la línea de los bíceps y bajó hasta los antebrazos, admirando los músculos y tendones que encontraba por el camino. Con los labios recorrió los montículos y valles de su columna vertebral hasta llegar a los hoyuelos que parecían guiñarle el ojo desde el borde de la toalla. Él apoyó la mano con fuerza en el mármol del lavabo. —No puedo afeitarme si me tocas. —En ese caso... podría afeitarte yo. —¿Ah, sí? Cruzaron una ardiente mirada. —A ti te gusta darme de comer. Tal vez descubra que a mí me gusta afeitarte. —Estás muy provocadora esta mañana. —Tal vez yo también necesite un recuerdo atrevido que me ayude a superar estas tres semanas de celibato matrimonial. Dejando la navaja sobre el mármol, Tom la llamó con el dedo. ______ se colocó delante de él, en el lugar que él le señaló. Con un ágil movimiento, la levantó y la sentó sobre el mármol. Le separó las rodillas, apartando la bata, y se colocó entre sus piernas. —¿Tan temprano y ya sin bragas? —preguntó, bajando la vista. —No me ha dado tiempo de ponérmelas. —Soy un tipo con suerte. —Tom sonrió mientras jugueteaba con el cinturón de la bata—. Y por suerte para los dos, todavía no te ha venido la regla. ______ lo detuvo, apoyando las manos sobre la de él. —¿Me enseñas a afeitarte? —Afeitarse está sobrevalorado. —Me gustaría hacerlo. Él suspiró teatralmente, como si estuviera poniendo a prueba su paciencia, antes de volver a coger la navaja. —Afeita en el sentido en que crece el pelo, pero sin apretar. La navaja está muy afilada. Dando un paso atrás, le mostró la técnica mirándose en el espejo. Satisfecho con la demostración, aclaró la navaja antes de colocarla en la mano de _______. Ella lo miró y luego miró el filo de la navaja que brillaba bajo la luz halógena. —¿Pánico escénico, señora Kaulitz? —Tengo miedo de hacerte sangrar. Él la miró. —Pues ya sabes cómo me sentí yo la primera vez. ______ notó que se le aceleraba el corazón. Él había estado muy ansioso ese día, pero al mismo tiempo había sido muy delicado con ella. Tom le dio un beso en la muñeca y le mordisqueó suavemente la piel. —Irás con cuidado. Separando la bata de seda, hizo que se deslizara por los hombros de ______. Luego le apoyó una mano entre los pechos, sintiendo el latido de su corazón. Ella alzó una ceja. —¿Quieres que te afeite medio desnuda? —No. —Tom se le acercó—. Quiero que me afeites como Dios te trajo al mundo, completamente desnuda —le aclaró con un susurro ronco. Se tomó su tiempo para deshacer el nudo del cinturón de la bata. Parecía que estuviera desenvolviendo un regalo. Cuando acabó, volvió a colocarse entre sus rodillas. —No hay nada más sexy que ver a la mujer que amas afeitándote... mientras disfrutas de su cuerpo. _______ se estremeció al notar el aire corriendo sobre su piel acalorada. Le apoyó la mano en el hombro para estabilizarse.Cuando él asintió, empezó. El filo de la navaja se deslizó con facilidad, sin necesidad de hacer presión. Durante el proceso, los ojos de Tom permanecieron clavados en los de ella. Bajó las manos hasta la cintura de ______ y empezó a acariciarle los huesos de las caderas con los pulgares. —No creo que sea buena idea. Podría cortarte. —Puede ser un buen ejercicio de autocontrol para los dos. Trazó un camino con los dedos, subiendo hasta llegar a sus pechos. Una vez allí, se los rodeó suavemente. Cuando ella gimió, volvió a deslizar las manos hasta su cintura. —Me gusta sentir tu piel bajo mis dedos. ______ le devolvió la mirada. —A mí también. Tras tragar saliva con dificultad, ______ volvió a su tarea, tratando de ignorar las sensaciones que le despertaban los dedos de su marido sobre las costillas y entre los pechos. Cuando él empezó a juguetear con sus sensibles pezones, se detuvo. —Supongo que esto quiere decir que confías en mí —dijo ella, con las manos temblorosas. Tom le pasó los pulgares sobre los prominentes pezones. —Confío en ti, _________. Más que en nadie en el mundo. Con su mirada, intensa pero cargada de ternura, comunicaba mucho más que con sus palabras. —Cuando te veo, tengo que tocarte. No puedo reprimirme. Le apoyó las manos en los pechos, pero no se los apretó con fuerza, porque sabía que iba a tener la regla pronto y los tenía sensibles.Cuidadosamente, ______ lo afeitó por donde él no lo había hecho, mientras Tom la acariciaba, excitándola. La respiración se le aceleró. Él bajó las manos y las apoyó en los muslos de ella por encima de las rodillas, donde su piel seguía más sensible de la cuenta por las atenciones que le había dedicado la noche anterior. Muy lentamente, fue ascendiendo. Poco después, _______ dio el afeitado por concluido y se echó hacia atrás para contemplar el resultado. —Creo que ya hemos acabado. Él le dio un rápido beso. —Gracias. —No hay de qué. —_______ dejó la navaja y se echó hacia atrás, apoyándose en las manos. —Pero no creo que hayamos acabado. —Con los ojos brillantes, Tom se acercó al vértice entre sus piernas y le acarició los rizos con los pulgares. Ella se pasó la lengua por el labio inferior. —Pues quítate la toalla, Profesor. La operación de Tom fue totalmente rutinaria, sin nada que destacar. Lo que fue remarcable fue la cara de preocupación del cirujano cuando salió a hablar con ______ a la sala de espera. —Señora Kaulitz —la saludó, sentándose a su lado en una silla vacía. Ella cerró el portátil. —¿Cómo está? —La operación ha ido bien. No ha sido fácil, pero todo estaba dentro de lo esperable. Hemos recogido parte del esperma y lo hemos congelado siguiendo las instrucciones de su marido. —Tom dijo que tenía usted un porcentaje de éxito muy alto —comentó ______ esperanzada. —Así es. Algunos de mis pacientes han engendrado un hijo sólo tres meses
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