Capitulo 52

3516 Words
A pesar de que John había dado su bendición al enlace (a regañadientes, por supuesto), el conflicto surgió cuando la feliz pareja anunció dónde habían decidido casarse. Los Clark estaban encantados de pasar una semana de vacaciones en Italia, pero John, que nunca había salido de Norteamérica, no estaba tan entusiasmado. Como padre de la novia, había pensado pagar el enlace de su única hija, aunque tuviera que hipotecar su nueva casa para hacerlo, pero _____ no quería ni oír hablar del tema. Aunque la ceremonia sería íntima, los costes eran demasiado elevados para la economía de John. Y, para mayor humillación de éste, Tom estaba encantado de pagarlo todo. Para él era más importante que _____ tuviera la boda de sus sueños que tener al suegro contento. Ella trató de mediar entre ambos hombres, señalando que había cosas que su padre podía pagar, como el vestido de novia o las flores. A finales de noviembre, ____ vio el vestido perfecto en el escaparate de una elegante boutique de la calle Newbury de Boston. Era un vestido de seda de organza color marfil, con escote de pico y unas mangas minúsculas, que apenas cubrían los hombros. El talle estaba rodeado de encaje, y la falda, con mucho vuelo, formaba capas recordando a una nube. Sin pensarlo, entró y pidió probárselo. La dependienta le alabó el gusto, diciéndole que los diseños de Monique Lhuillier eran muy populares. _____ no había oído hablar nunca de la diseñadora. No miró el precio, porque el vestido no tenía etiqueta, pero al verse en el espejo, lo supo. Aquél era su vestido. Era precioso, clásico, y haría destacar su color de piel y su silueta. Sabía que a Tom le encantaría que dejara tanto trozo de espalda al descubierto. Sin caer en el mal gusto, por supuesto. Se hizo una foto con el iPhone con él puesto y se la envió a su padre preguntándole qué le parecía. Éste respondió inmediatamente diciéndole que nunca había visto a una novia más hermosa. John le pidió que le pasara el teléfono a la dependienta y, sin que _____ llegara a enterarse en ningún momento del precio del vestido, se puso de acuerdo con la mujer para el modo de pago. Saber que le estaba comprando a su hija el vestido de boda de sus sueños lo ayudó a superar el hecho de no poder pagar el resto. Tras despedirse de su padre, _____ pasó varias horas más en la tienda, comprando hasta completar el traje. Entre otras cosas, eligió un velo que le llegaba casi hasta los tobillos, unos zapatos de raso, de tacón pero con los que pudiera caminar sin caerse, y una capa de terciopelo blanco para protegerse del frío de Asís en enero. Con todo bien empaquetado, se fue a casa. Dos semanas antes de la boda, John llamó a _____ para hacerle una pregunta importante. —Sé que enviasteis las invitaciones hace tiempo, pero ¿habría sitio para una persona más? —Por supuesto —respondió ella, sorprendida—. ¿Me he olvidado de invitar a algún primo lejano? —No exactamente. —Entonces, ¿de quién se trata? Él respiró hondo y contuvo el aliento. —Papá, suéltalo de una vez. ¿A quién quieres que invite? —_____ cerró los ojos y rezó a los dioses de las hijas de padres sin pareja para que intercedieran por ella y no permitieran que Deb Lundy asistiera a su boda. O, peor aún, que volviera a salir con su padre. —A Diane. Ella abrió mucho los ojos. —¿Qué Diane? —Diane Stewart. —¿La del restaurante Kinfolks? —Exacto. La concisa respuesta de su padre le dio a ______ toda la información que necesitaba. Permaneció unos momentos en silencio, mientras se recuperaba de la impresión. —_____, ¿sigues ahí? —Sí, estoy aquí. Claro... sí... por supuesto. La añado a la lista de invitados. ¿Podría decirse que es... esto... tu amiga especial? John respondió al cabo de unos segundos... —Sí, podría decirse. —Ajá. Su padre cortó la conversación en seguida y ______ se quedó mirando el teléfono, preguntándose qué plato combinado especial sería el responsable de aquel nuevo romance. «El de pastel de carne seguro que no», pensó. CAP 55.- El 21 de enero, John paseaba nervioso justo a la entrada de la basílica de Asís. Que su hija y sus damas de honor llegaran tarde no lo ayudaba a tranquilizarse. Se tiró una vez más de la pajarita para arreglársela y siguió esperando. En ese momento, una visión vestida de organza y cubierta de terciopelo blanco hizo su aparición como una nube radiante. John se quedó sin habla. —Papá —musitó _____, acercándose a él con una sonrisa nerviosa. Tammy y Rachel la ayudaron a quitarse la capa y a recolocarse la falda, desplegando la cola a su espalda. Luego, Christina, la organizadora de bodas que nunca se alejaba demasiado, les entregó a Rachel y a Tammy sus ramos, que eran una mezcla de lirios y rosas blancas, a conjunto con el color de los vestidos, de un lila intenso. —Estás muy guapa —le dijo John finalmente, dándole un tímido beso a través del velo. —Gracias. —Ruborizándose, _____ bajó la vista hasta su ramo, que consistía en dos docenas de rosas blancas y unas ramitas de acebo. —¿Podéis darnos un minuto? —les preguntó John a las damas de honor. —Por supuesto. Christina se llevó a Rachel y a Tammy y las situó a la entrada de la basílica. Luego le indicó al organista que estaban a punto de hacer su entrada. —Me gusta tu collar —dijo John, nervioso. _____ se llevó la mano a las perlas que le adornaban el cuello. —Era de Grace. Tras tocarse los pendientes de diamantes, decidió que no hacía falta explicarle su origen. —Me pregunto qué opinaría de que te casaras con su hijo. —Quiero pensar que la haría feliz. Me gusta imaginarme que nos está mirando desde arriba, sonriendo. Su padre asintió y se metió las manos en los bolsillos del esmoquin. —Me alegro de que me pidieras que te llevara al altar. ______ lo miró sorprendida. —No iba a casarme sin ti, papá. Él carraspeó, arrastrando los zapatos alquilados a un lado y a otro. —No debí haberte hecho volver con Sharon. Tendrías que haberte quedado conmigo —dijo, con la voz rota. —Papá —susurró _____, empezando a llorar. Él la abrazó con fuerza, tratando de decirle con su abrazo lo que no sabía decir con palabras. —Te perdoné hace mucho tiempo. No hace falta que volvamos a hablar del tema. —Ella se separó para mirarlo a los ojos—. Me alegro de que estés aquí. Y me alegro de que seas mi padre. —_____. —John carraspeó otra vez para aclararse la voz—. Eres una buena chica. Al volverse hacia el largo pasillo que llevaba al altar, John vio que Tom esperaba junto a su hermano y su cuñado. Los tres hombres iban vestidos con esmoquin de Armani n***o y camisa blanca inmaculada. Aunque Tom quería que llevaran pajarita, Scott y Aaron habían preferido ir con corbata, ya que, según ellos, las pajaritas eran cosa de viejos, miembros de las juventudes del Partido Republicano o profesores universitarios. —¿Estás segura? Si tienes dudas, paro un taxi y nos volvemos a casa —preguntó. _____ le apretó la mano. —Estoy segura. Tom no es perfecto, pero es perfecto para mí. Somos el uno para el otro. —Le dije que esperaba que cuidara de mi niña. Que si no estaba dispuesto a hacerlo, tendríamos un problema. Me contestó que si algún día dejaba de tratarte como a una reina, fuera a buscarlo y le pegara un tiro. —John sonrió—. Le dije que me parecía buena idea. ¿Estás lista? Ella respiró hondo. —Sí. —Pues vamos allá. —Ofreciéndole el brazo, asintió con la cabeza para indicarles a las damas de honor que podían abrir la comitiva al sonido de la música de Johann Sebastian Bach. Cuando _____ y John echaron a andar, la música cambió y empezó a sonar otra pieza del mismo compositor. Tom captó la mirada de _____ desde la distancia y el rostro se le iluminó con una amplia sonrisa. El sol de enero se colaba por las puertas de la basílica, iluminando a la novia desde atrás. Parecía como si un halo de luz la rodeara. Tom no podía parar de sonreír. Sonrió durante toda la ceremonia, incluso mientras juraba respetar a su esposa y durante la actuación de la soprano que interpretó Despertad, la voz nos llama, de Bach y Exultate, jubilate, de Mozart. Tras la ceremonia, sujetó el velo de ______ con dedos temblorosos y se lo levantó despacio. Con los pulgares, le secó las lágrimas de felicidad que le rodaban por las mejillas, y la besó. Fue un beso suave y casto, pero lleno de promesas. Luego fueron a la parte inferior de la basílica para visitar la cripta. No lo habían previsto, pero sin ponerse de acuerdo, se dieron la mano y se encontraron dirigiéndose a la tumba de san Francisco. En aquel lugar tranquilo y oscuro donde Tom había tenido su inefable experiencia meses atrás, se arrodillaron y rezaron. Ambos dieron gracias, cada uno por tener al otro en su vida y por las numerosas bendiciones que habían recibido. Tom dio también las gracias por Maia y por Grace, por su padre y sus hermanos. Cuando se levantó para encender una vela, ambos pidieron una última bendición. Un último pequeño milagro. Al acabar sus oraciones, una extraña paz se había adueñado de sus almas, envolviéndolas como una manta. —No llores, dulce niña. —Tom le ofreció la mano a ______ para ayudarla a levantarse. Le secó las lágrimas antes de besarla—. Por favor, no llores. —No puedo evitarlo. Soy tan feliz... —dijo ella, con los ojos brillantes y una sonrisa temblorosa—. Te quiero tanto... —Yo siento lo mismo. No dejo de preguntarme cómo ha podido pasar. Cómo es posible que te reencontrara y te convenciera de que fueras mi esposa. —El cielo nos sonrió. Se puso de puntillas para besar a su esposo junto a la tumba de san Francisco sin ninguna vergüenza, porque sabía que las palabras que acababa de pronunciar eran verdad. A pesar de que John había dado su bendición al enlace (a regañadientes, por supuesto), el conflicto surgió cuando la feliz pareja anunció dónde habían decidido casarse. Los Clark estaban encantados de pasar una semana de vacaciones en Italia, pero John, que nunca había salido de Norteamérica, no estaba tan entusiasmado. Como padre de la novia, había pensado pagar el enlace de su única hija, aunque tuviera que hipotecar su nueva casa para hacerlo, pero _____ no quería ni oír hablar del tema. Aunque la ceremonia sería íntima, los costes eran demasiado elevados para la economía de John. Y, para mayor humillación de éste, Tom estaba encantado de pagarlo todo. Para él era más importante que _____ tuviera la boda de sus sueños que tener al suegro contento. Ella trató de mediar entre ambos hombres, señalando que había cosas que su padre podía pagar, como el vestido de novia o las flores. A finales de noviembre, ____ vio el vestido perfecto en el escaparate de una elegante boutique de la calle Newbury de Boston. Era un vestido de seda de organza color marfil, con escote de pico y unas mangas minúsculas, que apenas cubrían los hombros. El talle estaba rodeado de encaje, y la falda, con mucho vuelo, formaba capas recordando a una nube. Sin pensarlo, entró y pidió probárselo. La dependienta le alabó el gusto, diciéndole que los diseños de Monique Lhuillier eran muy populares. _____ no había oído hablar nunca de la diseñadora. No miró el precio, porque el vestido no tenía etiqueta, pero al verse en el espejo, lo supo. Aquél era su vestido. Era precioso, clásico, y haría destacar su color de piel y su silueta. Sabía que a Tom le encantaría que dejara tanto trozo de espalda al descubierto. Sin caer en el mal gusto, por supuesto. Se hizo una foto con el iPhone con él puesto y se la envió a su padre preguntándole qué le parecía. Éste respondió inmediatamente diciéndole que nunca había visto a una novia más hermosa. John le pidió que le pasara el teléfono a la dependienta y, sin que _____ llegara a enterarse en ningún momento del precio del vestido, se puso de acuerdo con la mujer para el modo de pago. Saber que le estaba comprando a su hija el vestido de boda de sus sueños lo ayudó a superar el hecho de no poder pagar el resto. Tras despedirse de su padre, _____ pasó varias horas más en la tienda, comprando hasta completar el traje. Entre otras cosas, eligió un velo que le llegaba casi hasta los tobillos, unos zapatos de raso, de tacón pero con los que pudiera caminar sin caerse, y una capa de terciopelo blanco para protegerse del frío de Asís en enero. Con todo bien empaquetado, se fue a casa. Dos semanas antes de la boda, John llamó a _____ para hacerle una pregunta importante. —Sé que enviasteis las invitaciones hace tiempo, pero ¿habría sitio para una persona más? —Por supuesto —respondió ella, sorprendida—. ¿Me he olvidado de invitar a algún primo lejano? —No exactamente. —Entonces, ¿de quién se trata? Él respiró hondo y contuvo el aliento. —Papá, suéltalo de una vez. ¿A quién quieres que invite? —_____ cerró los ojos y rezó a los dioses de las hijas de padres sin pareja para que intercedieran por ella y no permitieran que Deb Lundy asistiera a su boda. O, peor aún, que volviera a salir con su padre. —A Diane. Ella abrió mucho los ojos. —¿Qué Diane? —Diane Stewart. —¿La del restaurante Kinfolks? —Exacto. La concisa respuesta de su padre le dio a ______ toda la información que necesitaba. Permaneció unos momentos en silencio, mientras se recuperaba de la impresión. —_____, ¿sigues ahí? —Sí, estoy aquí. Claro... sí... por supuesto. La añado a la lista de invitados. ¿Podría decirse que es... esto... tu amiga especial? John respondió al cabo de unos segundos... —Sí, podría decirse. —Ajá. Su padre cortó la conversación en seguida y ______ se quedó mirando el teléfono, preguntándose qué plato combinado especial sería el responsable de aquel nuevo romance. «El de pastel de carne seguro que no», pensó. CAP 55.- El 21 de enero, John paseaba nervioso justo a la entrada de la basílica de Asís. Que su hija y sus damas de honor llegaran tarde no lo ayudaba a tranquilizarse. Se tiró una vez más de la pajarita para arreglársela y siguió esperando. En ese momento, una visión vestida de organza y cubierta de terciopelo blanco hizo su aparición como una nube radiante. John se quedó sin habla. —Papá —musitó _____, acercándose a él con una sonrisa nerviosa. Tammy y Rachel la ayudaron a quitarse la capa y a recolocarse la falda, desplegando la cola a su espalda. Luego, Christina, la organizadora de bodas que nunca se alejaba demasiado, les entregó a Rachel y a Tammy sus ramos, que eran una mezcla de lirios y rosas blancas, a conjunto con el color de los vestidos, de un lila intenso. —Estás muy guapa —le dijo John finalmente, dándole un tímido beso a través del velo. —Gracias. —Ruborizándose, _____ bajó la vista hasta su ramo, que consistía en dos docenas de rosas blancas y unas ramitas de acebo. —¿Podéis darnos un minuto? —les preguntó John a las damas de honor. —Por supuesto. Christina se llevó a Rachel y a Tammy y las situó a la entrada de la basílica. Luego le indicó al organista que estaban a punto de hacer su entrada. —Me gusta tu collar —dijo John, nervioso. _____ se llevó la mano a las perlas que le adornaban el cuello. —Era de Grace. Tras tocarse los pendientes de diamantes, decidió que no hacía falta explicarle su origen. —Me pregunto qué opinaría de que te casaras con su hijo. —Quiero pensar que la haría feliz. Me gusta imaginarme que nos está mirando desde arriba, sonriendo. Su padre asintió y se metió las manos en los bolsillos del esmoquin. —Me alegro de que me pidieras que te llevara al altar. ______ lo miró sorprendida. —No iba a casarme sin ti, papá. Él carraspeó, arrastrando los zapatos alquilados a un lado y a otro. —No debí haberte hecho volver con Sharon. Tendrías que haberte quedado conmigo —dijo, con la voz rota. —Papá —susurró _____, empezando a llorar. Él la abrazó con fuerza, tratando de decirle con su abrazo lo que no sabía decir con palabras. —Te perdoné hace mucho tiempo. No hace falta que volvamos a hablar del tema. —Ella se separó para mirarlo a los ojos—. Me alegro de que estés aquí. Y me alegro de que seas mi padre. —_____. —John carraspeó otra vez para aclararse la voz—. Eres una buena chica. Al volverse hacia el largo pasillo que llevaba al altar, John vio que Tom esperaba junto a su hermano y su cuñado. Los tres hombres iban vestidos con esmoquin de Armani n***o y camisa blanca inmaculada. Aunque Tom quería que llevaran pajarita, Scott y Aaron habían preferido ir con corbata, ya que, según ellos, las pajaritas eran cosa de viejos, miembros de las juventudes del Partido Republicano o profesores universitarios. —¿Estás segura? Si tienes dudas, paro un taxi y nos volvemos a casa —preguntó. _____ le apretó la mano. —Estoy segura. Tom no es perfecto, pero es perfecto para mí. Somos el uno para el otro. —Le dije que esperaba que cuidara de mi niña. Que si no estaba dispuesto a hacerlo, tendríamos un problema. Me contestó que si algún día dejaba de tratarte como a una reina, fuera a buscarlo y le pegara un tiro. —John sonrió—. Le dije que me parecía buena idea. ¿Estás lista? Ella respiró hondo. —Sí. —Pues vamos allá. —Ofreciéndole el brazo, asintió con la cabeza para indicarles a las damas de honor que podían abrir la comitiva al sonido de la música de Johann Sebastian Bach. Cuando _____ y John echaron a andar, la música cambió y empezó a sonar otra pieza del mismo compositor. Tom captó la mirada de _____ desde la distancia y el rostro se le iluminó con una amplia sonrisa. El sol de enero se colaba por las puertas de la basílica, iluminando a la novia desde atrás. Parecía como si un halo de luz la rodeara. Tom no podía parar de sonreír. Sonrió durante toda la ceremonia, incluso mientras juraba respetar a su esposa y durante la actuación de la soprano que interpretó Despertad, la voz nos llama, de Bach y Exultate, jubilate, de Mozart. Tras la ceremonia, sujetó el velo de ______ con dedos temblorosos y se lo levantó despacio. Con los pulgares, le secó las lágrimas de felicidad que le rodaban por las mejillas, y la besó. Fue un beso suave y casto, pero lleno de promesas. Luego fueron a la parte inferior de la basílica para visitar la cripta. No lo habían previsto, pero sin ponerse de acuerdo, se dieron la mano y se encontraron dirigiéndose a la tumba de san Francisco. En aquel lugar tranquilo y oscuro donde Tom había tenido su inefable experiencia meses atrás, se arrodillaron y rezaron. Ambos dieron gracias, cada uno por tener al otro en su vida y por las numerosas bendiciones que habían recibido. Tom dio también las gracias por Maia y por Grace, por su padre y sus hermanos. Cuando se levantó para encender una vela, ambos pidieron una última bendición. Un último pequeño milagro. Al acabar sus oraciones, una extraña paz se había adueñado de sus almas, envolviéndolas como una manta. —No llores, dulce niña. —Tom le ofreció la mano a ______ para ayudarla a levantarse. Le secó las lágrimas antes de besarla—. Por favor, no llores. —No puedo evitarlo. Soy tan feliz... —dijo ella, con los ojos brillantes y una sonrisa temblorosa—. Te quiero tanto... —Yo siento lo mismo. No dejo de preguntarme cómo ha podido pasar. Cómo es posible que te reencontrara y te convenciera de que fueras mi esposa. —El cielo nos sonrió. Se puso de puntillas para besar a su esposo junto a la tumba de san Francisco sin ninguna vergüenza, porque sabía que las palabras que acababa de pronunciar eran verdad.
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