Capítulo 15

808 Words
—¿Has descansado? Pregunté. —Un poco, pero estoy disgustada, no te has corrido, ¿Acaso no te gusto? —Martina no seas boba, eres una preciosidad y estoy deseando correrme, pero lo estábamos haciendo a pelo y yo quería correrme dentro de ti, aunque no sabía si te cuidabas. Martina se subió encima de mi dejando su coñito en contacto con mi polla. Notaba la humedad que desprendía y lo caliente que seguía estando. Me besó con ternura y se tumbó sobre mi pecho. —Samuel, ¿te puedo preguntar algo? —Claro que sí, lo que quieras. —¿Qué pretendías cuando me hacías tantos regalos? Y por favor no me mientas. —Hacía unos meses que me había fijado en ti, eras como un ser que brillaba con luz propia. Estaba loco por ti y cuando te vi aquel día en el departamento de telefonía y las tarjetas de memoria al lado, fue el momento idóneo para acercarme a ti. Pretendía agradarte, que me aceptases, que incluso te apeteciese tomar algo conmigo. La diferencia de edad me aconsejaba ser cauto y esto que está ocurriendo entre nosotros ni se dibujaba en mi cabeza, aunque lo deseaba con todas mis fuerzas. —Vaya dos, empezó diciendo Martina. Yo también me fijé en ti, siempre me han gustado mucho los hombres más mayores que yo, y el día que te vi me acuerdo venias o de correr o del gimnasio. Pantalones cortos, deportivas y una musculosa que dejaba tus brazos y tus hombros al aire. No sabía si estabas casado, divorciado, con pareja o qué, pero lo que si sabía es que de una manera u otra terminaríamos así, y hoy me he preparado muy bien para ti, yo sabía de antemano que esto iba a ocurrir. Nos quedamos callados durante interminables minutos. Mis manos acariciaban el cuerpecito de Martina y ese culito que cada vez se volvía más adictivo, suave durito, respingón. Metía mi mano entre sus nalgas acariciando su anito haciendo algo de presión sobre él. Mi niña ronroneaba como una gatita mimosa, sus tetas pegadas a mi pecho, necesitaba follarla de nuevo, necesitaba correrme. —Samuel¿Sabes lo que es un Sugar Daddy? Por supuesto que lo sabía, y alguna vez se me había pasado por la cabeza ser el mecenas planchabragas de esas niñas universitarias que, por unos cuantos polvos, te pedían de todo y vivían a lo grande a costa de su cuerpo. Eso era una forma de prostitución y no me imaginaba a mi niña haciendo eso. —Si, sí que lo sé. ¿Por qué lo preguntas? —Tú me has regalado cosas y hace un rato hemos follado, ¿No crees que tiene algo de semejanza? —Martina, dije serio, ¿Tu querías esto? Pregunté asustado. —Mas que a mi vida, lo deseaba hace mucho tiempo y sé que lo que te pida me lo vas a dar, pero yo quiero darte todo también. Así que te pediré cosas, y aunque no me las des yo te seguiré queriendo y dándote todo lo que me pidas. Tu para mi eres mi Sugar Daddy. —No es que seas muy buena negociante. ¿Qué me vas a pedir? —Un teléfono móvil, el mío esta viejito y ya falla. —Ya, entiendo, ¿Y qué me das a cambio? Martina se incorporó, me besó y me miro con picardía. Se puso en cuatro mostrándome su coñito enrojecido de la follada y su anito, rosadito limpio, brillante. —¿Te gustaría follarme el culito? Me senté en la cama, agarré las caderas a esa belleza y la atraje hacia mí para darme un festín. Durante un buen rato estuve lamiendo, chupando y follando con mi lengua esa delicia, mis dedos entraban con facilidad en su culo y a la vez estimulaba su clítoris hasta hacerla explotar en otro orgasmo. Cuando la noté preparada de un cajón tome un bote de gel lubricante y embadurné bien su culo y mi polla, cuando puse mi glande en ese orificio y vi las dimensiones de cada uno me asusté, era un culo como dije, infantil. —Cariño, ¿Te han follado el culo alguna vez? —Solo una vez, decía excitada, tú solo hazlo…vamoooos. Me apremiaba. Hice algo de presión y vi cómo se abría y dejaba pasar mi glande sin problema. Me fijé que agarró la sábana de la cama con fuerza hasta que los nudillos se le pusieron blancos. Mi polla daba espasmos de placer. Ver ese culito ofrecido, esas nalguitas y mi v***a empezando a entrar era lo más excitante y morboso que había. Hice un poco más de fuerza y vi cómo iba entrando poco a poco. —Ahhhhhhhhh…despacio…poco a poco mi amor. Gemía Martina. HOLI CHICOS UNA DISCULPA POR NO ESTAR ACTUALIZANDO AYUDENME PORFAVOR A COMPARTIR...
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD