.Me quedé quieto, notaba las contracciones de su esfínter sobre mi polla y noté como ella misma se acariciaba su coñito para relajarse. Al poco fue ella misma quien hizo fuerza y se metió algo más de la mitad de mi balano dentro de su culito.
—Dioooos que ricoooo, gimió herida, ¿Esta toda dentro?
—No cielo, queda algo menos de la mitad.
—Joder…estoy llenísima, pero la quiero toda dentro.
Empecé a entrar y salir de ella con calma, aunque quería empotrarla. La visión de mi polla entrando y saliendo de ese culito era mucho y mi orgasmo se acercaba. Su culo aceptaba cada vez mejor mi v***a bombeando dentro de ella y con un fuerte golpe de caderas la empotré conta los pies de la cama y mis huevos chocaron con su coñito.
—AHHHHHHHH…JODEEER SIIIIIIIII…FOLLAME CABRÓN…REVIENTAMEEEEEE…PARTEME EN DOS.
Y por dios que la reventé. Esa niña era puro vicio, pedía cada vez más y más y yo no dudaba en dárselo. Estaba enloquecido y mi polla la taladraba sin piedad, en la habitación solo se escuchaba el choque de mi pelvis con su perfecto culo y los gemidos de ambos enloquecidos con nuestro placer. Gritos, suspiros, insultos, frases incoherentes solo éramos dos personas dándonos un placer máximo. Mis manos abandonaron su cinturita y buscaron sus tetas para amasarlas y retorcerle los pezones, eso la terminó de encender y explotó en un brutal orgasmo arrastrándome a mí con ella.
—DIOOOOS, ME CORROOOOO…ME CORROOOOOOH…JODEEER…JODEEEEEEEEER…SIIIIIIIIIIIIII.
El cuerpo de Martina empezó a temblar de manera incontrolada y su anito estrangulaba mi polla. Estaba corriéndose de tal manera que note como de su coñito salía un chorro de líquido despedido a mis piernas, había tenido un squirt. Las contracciones de su anito sobre mi balano aceleraron mí ya incontrolable orgasmo y exploté dentro de sus intestinos lanzando chorros y chorros de semen. Martina gimió, lloró y cayó en la cama agotada, yo me quede encima de ella con mi polla aun clavada en su culito con los últimos estertores del orgasmo. Los dos cansados, fatigados, recuperando nuestras respiraciones, besé el fino cuello de esa ninfa y sus hombros y noté como se erizaba su piel.
Mi polla empezaba a perder la erección y con delicadeza la saqué del interior del culito de Martina que gimió como una gatita. Con un sonoro "PLOP" terminó de salir y vi con asombro como había dejado el culo de esa niña, totalmente abierto, dado de sí, preparado para recibir de nuevo mi polla si hacía falta.
—Ha sido bestial mi amor, nunca he sentido algo así. Decía Martina aun fatigada.
—Eres fantástica, dije extasiado, tumbándome a su lado.
Vi como con sus dedos examinaba su anito y me miró asustada.
—Joder, me has dejado el culo abierto como un túnel, cuando abra la boca se va a ver el suelo. Dijo riéndose.
—Jajajajajajajaja, reí su ocurrencia, no seas exagerada verás como en unos minutos ha recuperado su aspecto y mañana estará cerradito de nuevo pero con algo de dolor.
—Pero no por mucho tiempo verdad, dijo poniéndose sobre mí y besándome, porque esto lo quiero repetir muy a menudo, por mi diariamente.
—Y por mí las veces que quieras dije abrazando su frágil cuerpecito.
—Por…por cierto, siento…siento haberme echo pis cuando me corría, no he podido evitarlo. Dijo Martina poniéndose colorada.
—No mi vida, no te has hecho pis, lo que has sentido es un squirt, ¿No me digas que no sabes lo que es?
—Bueno, siempre pensé que eso era un mito urbano, ¿Qué una mujer eyacule? Venga ya. Dijo Martina escéptica.
—Pues tú lo has experimentado, y te aseguro que cuando quieras puedo hacer que te vuelvas a correr así.
—Mi amor eres increíble, dijo besándome, pero creo que me tengo que ir, es tarde. Dijo con tristeza.
—¿Quieres que nos duchemos antes de irte? Pregunté con maldad.
—Uh…Uh, dijo negando con la cabeza Martina. Si lo hacemos llegaré muy tarde a casa y me castigarán, y acuérdate que te prometí que mañana te ayudaba a hacer la compra.
Con pena vi como Martina se levantaba y se iba al baño. Al poco salió y me dejó ver de nuevo su cuerpo desnudo, en serio, todo lo que pueda describir de ella se quedaría en nada porque a cada paso descubría algo nuevo en ella. Era muy femenina y eso me volvía loco, se vistió delante de mí sin apartar su mirada de la mía y cuando terminó vino hacia mí, se colgó de mi cuello y me besó con mucho cariño.
—Me gusta cómo me miras y por cierto, si, te puedes correr dentro de mí, me cuido. ¿Me acercas a casa?
Me hubiese gustado pasar la noche con ella, que tontería, pero no era posible. Esperaría al fin de semana a ver que podíamos hacer porque necesitaba estar con ella, me volvía loco esa niña. La dejé una calle antes de su portal, Martina no quería que nadie la viese bajando de un coche y fuesen con el cotilleo a sus padres. Vivía muy cerca del centro comercial donde hacia la compra, por eso la veía tan a menudo allí. Antes de bajarse del coche me volvió a besar con cariño y arrugando su naricilla se despidió hasta el día siguiente en el mismo sitio.