capítulo 17

689 Words
Al día siguiente Martina me esperaba directamente en la tercera planta del aparcamiento que es donde estacionaba siempre. Según me vio llegar se subió en el coche y cuando aparqué ella se sentó a horcajadas sobre mí y me comió a besos. —Estaba deseando verte otra vez, decía sin dejar de besarme, ¿Es necesario que hagamos la compra ahora? ¿No puede esperar? —Cielo tengo tantas ganas como tú, pero estoy bajo mínimos. Si nos damos prisa en una hora estamos en casa. Hicimos la compra deprisa y corriendo pero no nos dejamos nada sin comprar. Tardamos algo más de la hora, pero poco más, me ayudó a colocar la compra, ella solo llevaba su tanguita puesto, me excitaba continuamente y mi polla iba a reventar. Según terminamos nos fuimos a mi cama y dimos rienda suelta a nuestra pasión. Hubo mamadas, comidas de coño que fueron una delicia y folladas increíbles. Sin contar con ello me corrí en su boca con mi v***a largando semen como si no costase. La pobre mía se atragantó y no pudo retener tanto semen, pero me miraba con esos ojitos llenos de lágrimas, y con una carita feliz y risueña. Me corrí abundantemente en su útero, la rellené como a un mechero y sé que ella alcanzó más de diez orgasmos. Sin que ella lo supiese era multiorgásmica y era una delicia ver como se corría una y otra vez. Por ultimo y antes de irnos a la ducha para llevarla a su casa la regalé un squirt que la dejó rota por el placer recibido. Era un hombre maduro de 50 años, con las ideas muy claras, o eso creía. La juventud, la vitalidad, la pasión descontrolada de Martina me arrastraron con ella, empecé a sentir algo prohibido con esa niña, algo que nos destruiría, pero me estaba enamorando sin remisión. No era consciente que nos separaban 32 años, todo un salto generacional, que ella podía ser mi hija y que aunque me daba cuenta muy de cuando en cuando como nos miraba la gente, me daba igual lo que pensasen, ella me daba la fuerza y las ganas de seguir adelante. Martina era muy impresionable, como me dijo en ocasiones no estaba acostumbrada a que la tratasen con ese cariño y ese amor. La deslumbraba con viajes de fin de semana increíbles ya que me dijo que no podía aparecer por su casa con regalos carísimos sin dar explicaciones. Martina 1se abrió mucho a mí, y me empezó a ver como algo más que a su Sugar Daddy. Me contó que perdió su virginidad a los trece años con el padre de una amiga suya que palabras textuales "estaba buenísimo" fue tierno y delicado y tuvo sexo con él hasta que su amiga los pilló en pleno polvo y la echó de su casa. En ese momento supo que le gustaban los hombres mucho más mayores que ella. Luego me contó como conoció a un chaval de 17 años, engreído, superficial y pagado de sí mismo. El típico chulito de gimnasio que se creía irresistible, el que se tiraba a medio instituto por que las tías somos gilipollas, según Martina, y no vemos más allá de nuestras narices cuando vemos a un tío bueno. —Fue decepcionante, me contaba Martina. La primera vez que nos vimos desnudos, presumió delante de mí como un pavo real. Le miré escéptica y pensé "Mucho conejo para tan poca zanahoria" y no me equivoqué. Fue meterla y se corrió como un principiante con una pollita que daba pena. Apenas estuve un mes con él y creo que fui muy generosa ante esa piltrafa, no me regaló ningún orgasmo. Cuando le pregunté por su pérdida de virginidad anal, noté como se ponía incómoda, como si algo la disgustase de manera inoportuna. —Eso, eso fue una equivocación, aparte de algo muy, muy doloroso e inaguantable. Fue con un primo hermano diez años mayor que yo…no voy a entrar en detalles, verano, vacaciones con mis tíos, piscina, bikini muy sugerente…nos quedamos solos dentro del agua y me folló el culo, eso es todo.
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