— Bueno, capitán —dijo Helena por fin—, no se quede ahí parado. La reunión es mañana y aún hay mucho trabajo. No podemos perder tiempo. Pero eso era exactamente lo que estaban haciendo, pensaba Dante. Perder un tiempo precioso. Estaban jugando a no ver sus sentimientos, cuando lo que deberían hacer era aceptarlos y darle gracias a Dios por haberles abierto los ojos. — Si, señora —dijo, sin embargo, saludándola militarmente. Helena soltó una carcajada y él grabó aquel sonido en su memoria. Al día siguiente, la reunión, y después, los recuerdos sería lo único que tendría. ......................................................... Al principio, había parecido una buena idea. Dieciséis antiguos compañeros yendo al cine la noche anterior a la reunión. Dieciséis adultos actuando como

